POLICIA PLANIFICACION Y EJECUCION DE LOS ASESINATOS

La historia secreta de amor y odio detrás del parricidio

Los hermanastros Leandro Acosta y Karen Klein estaban en pareja desde hacía tres años. Se llevaban mal con una de las víctimas.

Foto:Cedoc

Durante las últimas dos semanas, Karen Klein (22) y Leandro Acosta (25) hicieron una vida normal. Llevaron a sus hermanitos mellizos al colegio, fueron a trabajar, prepararon la comida y saludaron con una sonrisa a los vecinos. Nada los alteró. Ni siquiera las preguntas constantes de los hermanos de Ricardo Klein (54) sobre el paradero de éste y el de su esposa, Miryam Kowalczuk. Ni las sospechas que empezaron a caer sobre sus espaldas. Pero la aparición de huesos humanos semicalcinados en su casa y restos de sangre en la propiedad terminaron por dejar al descubierto un plan macabro.

A Leandro y Karen –actualmente detenidos por matar, descuartizar y calcinar a sus padres en Pilar– no sólo los unía el amor (pese al qué dirán, ellos estaban de novios desde hacía tres años); también coincidían en el odio que sentían hacia una de las víctimas: Ricardo Klein.

Miryam, su nueva esposa, era oriunda de Chaco, aunque hacía unos 17 años que se había mudado a Buenos Aires junto a su hijo Leandro. Según cuentan sus familiares a PERFIL, ella había empezado a trabajar como empleada doméstica en un country de Pilar. Allí conoció a Ricardo.

La pareja empezó a convivir en la casa de Sarratea al 2700, junto a los hijos que cada uno de ellos tenía de una pareja anterior. Después llegaron los mellizos, que hoy tienen 11 años.

Karen no quería a Miryam y tampoco se llevaba muy bien con su padre”, cuenta a este diario un familiar de la chaqueña. “Ella –por Miryam– nos contaba que Leandro había cambiado mucho desde que se había puesto en pareja con Karen. Ella lo dominaba, por eso me parece raro que ahora declare que fue obligada a limpiar la escena”.

Leandro y Karen son hermanastros, pero también pareja. “Hacía unos tres años que estaban juntos, y mi hermano hasta les estaba construyendo una casa arriba de la propiedad en la que vivían”, recordó Raúl Klein, otro de los hermanos de la víctima. “Ricardo tenía mal carácter, pero no era capaz de maltratar a los nenes como dijo Leandro. Le pedía que trabajara, que no fuera un vago”, explicó Roberto.

Tanto los familiares de las víctimas como los investigadores creen que el doble crimen fue planificado, al igual que la coartada que plantearon en los días siguientes. “Dieron diferentes versiones desde que se les empezó a preguntar por Ricardo y Miryam. A uno de mis hermanos le dijeron que se habían ido a un casino en Uruguay, mientras que a un amigo de Ricardo le inventaron otra cosa. Después a los vecinos les dijeron que mi sobrina y Leandro habían denunciado a sus padres por maltratar a los mellizos y que se les había dictado una restricción de hogar”, cuenta Roberto Klein, en diálogo con PERFIL. “Estuvieron como diez días conviviendo con los cuerpos descuartizados de mi hermano y mi cuñada, pero ellos hacían una vida normal. Mi sobrina siguió yendo a trabajar y llevaba a los nenes al colegio”, se indigna.

Los hermanos de Klein denunciaron el 12 de septiembre que desde hacía dos semanas no sabían nada de él ni de su esposa. Un chatarrero, amigo de la víctima, les avisó que Leandro estaba vendiendo todo lo que había en la casa, y un changarín declaró que durante esos días el joven le había encargado sacar unas bolsas pesadas de la casa para tirarlas en un basural.

Para los investigadores, el móvil sería económico. Los jóvenes pretendían quedarse con los bienes de la pareja, y pensaron que si conseguían descartar los cuerpos y limpiar la escena se asegurarían la impunidad.



Nadia Galan