POLICIA

Legalizar o no legalizar

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El consumo de sustancias en Argentina ocasiona pérdidas por 4.477 millones de dólares; el 38,7% de esos costos son atribuibles al tabaco, el 37,3% al alcohol y el 24% restante a las drogas ilegales.

Pero la pregunta del millón es cuáles son los factores que contribuyen a explicar estas conductas de riesgo y qué políticas públicas pueden atemperar el fenómeno, permitiendo ahorrar vidas y dinero. ¿Sirve penalizar la producción y el consumo? ¿Qué pasaría si se legalizaran las drogas ilegales? Respecto del tabaco y el alcohol, la tendencia es a la legalización de la producción y la regulación del consumo, con énfasis en el “desincentivo” económico (impuestos), el desaliento vía campañas publicitarias y la prohibición directa en grupos particulares (menores) y lugares determinados (espacios públicos cerrados, transporte, etc.). Comenzando por la imposición de tributos, se busca por una parte internalizar los costos sociales asociados a las conductas nocivas y por otra parte penalizar una conducta que se considera incorrecta.

El canal de la prohibición por lugar de consumo parece haber resultado exitoso, pero no puede decirse lo mismo de la regulación etaria. Prácticamente nadie se inicia en el consumo de alcohol y tabaco en su mayoría de edad. Y aquí es donde vemos por qué la estrategia del combate a las drogas está errada, porque ya ha fracasado en cigarrillos y alcohol primero. Es verdad, no obstante, que la liberalización resulta polémica.

Jeffrey Miron, de la Universidad de Harvard, comparó  los precios y los consumos de regiones no liberalizadas con lugares donde las drogas se encuentran parcial o totalmente desreguladas (como en Holanda) y concluyó que la legalización haría bajar 50% el precio de la marihuana y 20% el de la cocaína, mientras que la cantidad consumida crecería un 25% en el caso de la hierba y un 10% en el de la droga blanca. Por eso lo que hay que hacer es legalizar la producción (para romper el negocio narco) y regular el consumo, encareciéndolo vía impuestos  Además habría que desalentar el consumo vía publicidad y educación apuntada a la memoria episódica de los niños, de modo que la idea de consumir les active una catarata de emociones negativas que los haga desistir de la práctica.

* Economista, autor de  Psychonomics.



Martín Tetaz