POLICIA

"Necesito justicia", dice la viuda del vigilador atropellado por Pablo García

El 17 de febrero de 2013 Reinaldo Rodas fue embestido por el hijo de Eduardo Aliverti, quien manejó 17 kilómetros con el muerto en el auto. “Quiso pagarme para que me calle”, denuncia.

Foto:Marcelo Silvestro

“No puede quedar impune como tantos otros casos. Ya basta. Necesito que se haga justicia, pasó mucho tiempo”. En su casa de Pilar, Catalina Ramírez suplica por la muerte de su marido, Reinaldo Rodas, el mismo hombre que conoció 20 años atrás en una cantina de Salta, casi por casualidad. “Yo era la cocinera, pero como había faltado la moza, me tocó atender las mesas”.

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Ese mismo día, Reinaldo ocupó una de las mesas. Pidió tres empanadas de carne y un vaso de vino. Con un poco de descaro, piropeó a Catalina: ‘Qué flaca que sos, morocha’. La joven se ruborizó. “Cuando salí a las 14.30, me estaba esperando. Me pidió permiso para acompañarme a casa. Yo estaba recién separándome, pero me convenció”.

Al mes siguiente, Reinaldo volvió y le propuso abrir un local de comidas. La cocinera aprobó el proyecto y la propuesta de noviazgo. Pero la tranquilidad duró poco. El marido despechado de Catalina llegó a meterles miedo cuando “fue armado” al negocio y los amenazó. Entonces, escaparon a Buenos Aires. Dejaron todo y volvieron a empezar. Se asentaron en la zona norte del conurbano y tuvieron un hijo. Cuando Reinaldo murió, todavía se trataban de “usted”. “A veces, me decía Doña Catalina y todavía me pedía que le prepare empanadas salteñas”.

Ocurrió hace un año atrás, en la mañana del 17 de febrero. Ese día, cerca del amanecer, Pablo García Aliverti arrolló al vigilador que circulaba en bicicleta por Panamericana, en dirección al country Los Mapuches, donde trabajaba. El hijo de Eduardo Aliverti no frenó y manejó casi 17 kilómetros con el cuerpo de Reinaldo como acompañante. El marido de Catalina falleció al instante. Se desnucó al golpear con el parabrisas.

Ayer, Reinaldo debería haber cumplido 54 años. “Es un día horrendo. Me dolía ver la heladera llena con el asado y el vino que había comprado para festejar su cumpleaños”, recuerda la mujer que volvió a ejercer el oficio de cocinera en el country el Jaguel. Ella y su hijo de 14 años lograron adquirir a su propia casa en septiembre pasado. “Tuve la suerte que la ART del trabajo respondió y que el juez de menores y mi abogado se preocuparan por qué estuviera todo en regla”. Ahora esperan la escritura. Ambos, lo extrañan en los pequeños detalles de la rutina como tomar mate o asistir a los actos del colegio. “El momento más doloroso del día llega a las siete de la tarde, cuando volvía de trabajar”.

La salteña admite que le pidió disculpas al locutor “por maldecirlo y desearle lo peor”, que “hablaron mucho” y que lo vio en tres oportunidades. La última, fue el 21 de diciembre. “Vino a mi trabajo y le regaló una netbook a mi hijo. Cuando la abrió, estaba repleta de sus fotos personales. ¿Qué mensaje nos quiso dar?”, dice enojada. “Pablo me ofreció un resarcimiento económico. Yo pensé que era por la causa civil, pero empecé a averiguar y era a cambio de que no hable más con los medios. No lo acepté”, asegura. “Lo veo como persona, que cometió una equivocación, pero no lo puedo dejar pasar, tiene que pagar en la justicia. No quiero plata y que esto quede en la nada”. La causa está caratulada como homicidio culposo, pero el abogado de Catalina, Roberto Damboriana, pedirá cambiar la calificación a homicidio simple con dolo eventual, que prevé una pena de 8 a 25 años de prisión.

Sin embargo, la viuda no está segura de querer a García en prisión. “Pretendo llegar hasta el último escalón: el juicio oral y que decidan los jueces. Así mi conciencia va a quedar tranquila y Reinaldo va a descansar en paz. Soy muy religiosa y no quiero vivir con rencor ni odio, ni enseñarle eso a mi hijo. Pablo evade el tema y todavía no le pregunté por qué hizo lo que hizo. Ahora me está agarrando un poco de rabia”.

La repercusión mediática preocupa al periodista. Dos días atrás envió un mensaje a Catalina por el aniversario del fatal episodio: “Queda esperar que los medios no quieran agrandar el dolor”, escribió el hijo de Aliverti. “Si él lo hubiera abandonado en la banquina, lo hubiera perdonado, pero llevarlo así… como un animal. Para mí ver las fotos de cómo me lo llevó fue lo más doloroso, lo más cruel”.

Antes de despedirse de PERFIL, Catalina suspira: “Ay, mi negro”, mientras abraza con fuerza una remera que lleva estampado el rostro de Reinaldo.



Redacción de Perfil.com