POLITICA

Amado Boudou y Sergio Schoklender, el juego de los espejos

Porqué el caso del vicepresidente puede terminar como el del exfuncionario de Sueños Compartidos.

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Foto:DYN

Fueron los preferidos, los intocables, los elegidos por el poder político y el símbolo de los derechos humanos en la Argentina. Ambos creyeron ser únicos e irreemplazables. Su ascenso fue tan repentino como su abrupta caída. A uno lo eligió Cristina Fernández de Kirchner para que sea su compañero de fórmula y con el otro, Néstor Kirchner, era capaz de descender raudamente de un helicóptero para abrazarlo efusivamente delante de envidiosos funcionarios. Él nunca confió en Amado. Ella, sí. En Sergio, siempre confió Néstor y su debacle comenzó el día en que el ex Presidente dejó este mundo.

Amado y Sergio cometieron el imperdonable pecado que el kirchnerismo no perdona: la ostentación. Viajes, lujos, motos, yates y bellos departamentos, en un country en Pilar o en Puerto Madero. Los dos confundieron lo público con lo privado pero, a su vez, cumplieron órdenes de las más altas esferas del poder político. Sus soberbias generaron recelos, resentimientos y odios de sus supuestos compañeros en el gobierno nacional.

A Sergio Schoklender lo detestaba José López, el hombre de confianza de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación Nacional. A Boudou se la tienen jurada dos altos funcionarios del gobierno. Ambos se rodearon de amigos de confianza para “trabajar” algunos negocios encargados desde el Poder Ejecutivo. Los nombres de sus socios y amigos aparecen vinculados a una decena de extrañas sociedades anónimas. The Old Fun es el Meldorek de la construcción de viviendas de Schoklender. El Estado podría haberse quedado con la ex Ciccone de una manera más prolija como también podría haber continuado tercerizando la construcción de viviendas sin Meldorek. Pero sus creadores se creyeron más vivos que el establishment político y económico.

Tanto en The Old Fun como en Meldorek aparece un Estado ausente, organismos de control desintegrados, una justicia lenta y la AFIP de Ricardo Echegaray. Ambas sociedades anónimas estaban flojas de papeles: Una la dirigía un monotributista sin experiencia comprobable en el manejo de deudas de provincias como Formosa ni en otro negocio y en la otra –Meldorek- un contador que era empleado de su único proveedor: la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Ambos protagonistas negaron vinculación con dichas empresas hasta que las pruebas se los llevaron puestos. Boudou está en camino en convertirse en un nuevo Sergio Schoklender.

Su accionar fue similar aunque con una diferencia insoslayable: al ex apoderado de la Fundación, le soltaron la mano porque Hebe de Bonafini pedía venganza. A Boudou, Cristina aún lo banca. Sergio Schoklender no tuvo la posibilidad de pasearse por 678 para defenderse. Tampoco lo llamó Víctor Hugo Morales. En cambio, el vicepresidente siguió sonriendo hasta último hasta anoche cuando se encontró frente a dos periodistas con todas las letras. Boudou en TN quiso dar un metamensaje al poder: hablo con el grupo Clarín. Terminó más nervioso y empantanado que Richard Nixon entrevistado por el inolvidable David Frost. El vicepresidente minimizó la escandalosa reestructuración de la deuda de Formosa, gobernada por Gildo Insfrán que pertenece al Partido Justicialista, pues habría que “revisar las deudas de otras provincias” pero “ustedes no tienen ganas de sospechar”.

En junio del 2011 las mentiras de Sergio Schoklender comenzaron a caer cuando pasó por “Palabras más, palabras menos”. El tiempo dirá si Boudou también cambiará su estrategia. Schoklender pasó dos veces por la cárcel, hoy no habla y siente que su causa se mantendrá eternamente dormida. Boudou amaga con cargarse a alguno de los “machos del off” que, merced a la repregunta que los periodistas de TN y que Morales nunca quiso hacer, ahora sabemos que también están dentro de su gobierno. Boudou se defendió atacando a los Ciccone que cometieron el pecado de “imprimir las entradas del Mundial´78” y “tratar con gobiernos africanos”.

En la misma sintonía, Néstor Kirchner sería un deshonesto pues, durante la dictadura, se benefició con la circular 1050 de la última dictadura militar y Cristina, una oportunista, que visitó Angola –otro país ubicado en África y gobernado de una manera no muy democrática- vaya a saber para qué. En esta historia también aparece la Unidad de Información Financiera, intendentes y gobernadores. A Sergio Schoklender, algunos funcionarios siguen creyendo que era “un genio” mientras que, hasta hace poco tiempo, Boudou era el candidato elegido por el kirchnerismo para heredad al proyecto. A los dos los amó Hebe de Bonafini.

Entre ellos, no fueron pocas las veces que conversaron. Incluso, coquetearon con ser socios. Amado quería Meldorek y gestionó un crédito del Bicentenario que quedó trunco por “la burocracia estatal” y el escándalo mediático en la Fundación. Amado, en una ronda de mates con Hebe, le sugirió algunas personas de su confianza para que manejasen las cuentas del fideicomiso “Ni un paso atrás”, organismo creado por el gobierno para salvar a Sueños Compartidos. Así cayó, cuando no, otro amigo marplatense: Roberto Aybar “el gordo” Domínguez. La casualidad permanente no terminó allí. También Schoklender supo de Ciccone cuando nadie parecía interesado por esa firma. Fue en el velatorio de Héctor, el padre de la familia que mantenía una relación cercana con una ex socia del hermano de Sergio en un restaurante de San Telmo. La mujer en cuestión llamada Andrea M. se lo comentó al ex hijo putativo de Bonafini. El dato llegó a oídos del vicepresidente.

Por último, el gobierno nacional nunca admitió sus errores. A Ciccone la estatizó. A la Fundación, la rescató de la debacle financiera. En ambas, introdujo gente de extrema confianza para garantizar impunidad. Pero no siempre el plan se termina cumpliendo tal como se ideó. Amado y Sergio lo saben mejor que nadie. 

(*) Especial para Perfil.com.



Luis Gasulla