POLITICA ALBERTO PEREZ, EL 'SUPERPEREGRINO'

Caminó desde Resistencia a Río para ver al Papa

Chaqueño, de 27 años, lo hizo como sacrificio para pedir por la salud de Renzo, el nene que lucha por su vida en el hospital Garrahan, de cuya familia es amigo. Tardó dos meses en llegar. Sin dinero, come con gente de la calle.

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Cuando se le pregunta cuál es su ocupación, Alberto Pérez responde: “Peregrino”.

Y, a decir verdad, entre los más de 40 mil argentinos que llegaron a Río de Janeiro esta semana para la Jornada Mundial de la Juventud, a ningún otro le cabe tan bien el calificativo: el chaqueño caminó 2.147 kilómetros para ir al encuentro del papa Francisco.

“Tardé sesenta días para llegar desde Resistencia. De noche dormía donde podía, algunas veces en baños, otras en estaciones de servicio o debajo de árboles”, relató acerca de la travesía que inició el 9 de mayo, pero que decidió hacer el día mismo en que Jorge Bergoglio fue elegido sucesor de Benedicto XVI.

“Enseguida después de que Francisco salió al balcón del Vaticano empecé a mirar Google Maps y a calcular la distancia hasta Río”, explicó a PERFIL el joven de 27 años, que renunció a su trabajo en el Instituto Chaqueño de Cultura para echarse a andar por la ruta al encuentro de Francisco.

La aventura tuvo una motivación adicional: pedir por Renzo Antonelli, el niño de dos años que fue trasplantado del corazón en el Hospital Garrahan a principios de junio y de cuya familia Pérez es amigo.

“Fue mi manera de hacer un sacrificio por alguien que está sufriendo, como nos pidió el Papa”, argumentó Pérez.

En un momento del camino, cuando estaba en Curitiba, escribió en su cuenta de Facebook: “Esta noche seamos miles los que le recemos al Sagrado Corazón de Jesús, pidiendo por la pronta mejoría de Renzo, por los demás niños de la pandilla y por sus familias”.

El chaqueño cuenta que salió de su ciudad con “una mochila y 250 pesos en el bolsillo” y llegó a Río, dos meses después, con tres reales. ¿Cuál fue el mayor riesgo que enfrentó? “El tránsito vehicular”, responde. También sufrió tres intentos de robo, pero los ladrones nunca pudieron concretarlos. En esos casos, se quedaba quieto y rezaba. Algunos de los ladrones se fueron e incluso en otra ocasión le dieron comida al enterarse de lo que estaba haciendo.

Comer con la gente de la calle fue una de las mejores experiencias de la travesía; según sus palabras, le sirvió para “desafiar la tentación del poder y de la comodidad”. Pérez afirma sentirse sorprendido por la repercusión que ha tenido su aventura de caminante: “Me cuesta aceptar que le esté sirviendo a tanta gente”.

Ahora, confiesa, espera la misa de este domingo para “tomar una decisión fuerte” sobre cómo continuar con su vida, dando a entender que podría optar por la vocación religiosa. “Confío en Dios”.

Los peregrinos argentinos se contaron por miles en Río. Los números impresionan: 22 mil inscriptos oficiales, y aproximadamente otros tantos que se sumaron por fuera del registro.

Además, hubo 470 voluntarios y 246 periodistas. Fue la delegación más numerosa después de la local, y todos quisieron decir presente ante “su” Papa.

Y entre todas las historias, sobresalió la de Alberto Pérez, el “superperegrino” que afirma que, pese a todos los peligros, “en la vida hay que jugarse por amor”.



Marcelo Androetto desde Río de Janeiro