POLITICA AMIGO Y ASESOR DE MACRI

Caputo quiere vender una de sus empresas para evitar que se lo compare con Lázaro

Busca desprenderse de SES SA, la firma con la que ganó licitaciones en la Ciudad durante los gobiernos del PRO.

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Foto:Juan Ferrari

Nicolás Caputo es el mejor amigo y principal asesor de Mauricio Macri. Es también dueño de constructoras y fue favorecido con contratos millonarios en la Ciudad de Buenos Aires durante los mandatos del PRO, pero ahora que es la sombra del Presidente de la Nación no quiere verse reflejado en uno de los emblemas más criticados, denunciados y sospechados del kirchnerismo: Lázaro Báez.

No es lo mismo un político que se convierte en empresario que un empresario convertido a la política. A medida que Néstor Kirchner sumaba poder político, Báez compraba más empresas. Caputo quiere dar vuelta esa lógica. Desde que su mejor amigo llegó a la Presidencia, está buscando desprenderse de una de las constructoras que lo convierte en el rebote inevitable del empresario santacruceño. Allegados al empresario confirmaron a PERFIL que Caputo ya ofreció en las últimas semanas a varios de sus socios la empresa SES SA, con la que ganó contratos por al menos $ 1.300 millones en la Ciudad desde 2007.

Esa cifra corresponde a los registros presupuestarios de la Ciudad, y es sólo una parte de la facturación total de SES SA al gobierno porteño. Por eso, es la empresa que más expuso la incompatibilidad de la relación entre Macri y Caputo, que ahora continúa Horacio Rodríguez Larreta.

Su constructora emblema es Caputo SA, fundada por su abuelo, y con la que hizo obras millonarias con el gobierno de Cristina Kirchner. También con grandes emprendimientos privados. Pero para operar con el gobierno porteño fue un poco más sofisticado. Utilizó una constructora que no llevara su apellido: SES SA, de la que Caputo SA tiene el 50% de las acciones, según declara en su balance ante la Bolsa de Comercio. El resto de las acciones de SES SA pertenecen a “la vieja”, como se refiere uno de los gerentes de la compañía. Pocos conocen su nombre. Fuentes vinculadas al empresario confirmaron que la firma busca un comprador, aunque intentaron minimizar la influencia que tiene Caputo. Él suele despegarse diciendo que maneja sólo el 10% y que no tiene “mucha decisión”, pero en su entorno reconocen que fue quien “pidió” que se avance con la venta.

No sólo se vende la parte de Caputo. SES puso a la venta todo su paquete accionario. Así se lo manifestó el propio Caputo a algunos de los empresarios con los que suele hacer negocios en la Ciudad. Uno de los que recibió la oferta es Patricio Farcuh, dueño del Grupo Rhuo, quien rechazó la oferta según informaron voceros del empresario ante la consulta de PERFIL. Farcuh es dueño de Planobra SA, una de las asociadas preferidas de Caputo para hacer negocios en la Ciudad.

Macri dijo el año pasado en el programa Plan M: “Es un hermano mío de la vida, pero insisto, Caputo no tuvo ningún privilegio y no participó de una sola licitación” durante su mandato como jefe de Gobierno porteño. Falso. Macri otorgó a su amigo varios contratos de obra pública en la Ciudad de Buenos Aires: mantenimiento de hospitales (sólo en 2015 ganó licitaciones por $ 414 millones y parte del servicio es para la limpieza, que Caputo subcontrata a otras empresas); limpieza y mantenimiento de las estaciones del Metrobus de la 9 de Julio, junto a su socia Planobra SA, por más de $ 15,4 millones (ninguna de las dos empresas presta servicios de limpieza); mantenimiento integral en escuelas (sólo en marzo de este año sumó tres contratos por más de $ 287 millones).

Caputo es un empresario reconocido de la obra pública. No es sólo un amigo y consejero de Macri. Su influencia en la política del PRO es palabra santa. Un funcionario que acompaña a Macri desde hace años, lo resume así: “Te pueden bajar el pulgar (Horacio Rodríguez) Larreta o (Daniel) Angelici –uno de los principales operadores judiciales del Gobierno, además de presidente de Boca Juniors–, pero si Macri cree en lo que le proponés, seguís teniendo chances. Ahora, si el que te baja el pulgar es ‘Niki’, no tenés chances con Macri”. Un ministro de la Ciudad tenía una frase para explicar la incidencia del empresario: “Tengo un jefe grande y un jefe chico”, en alusión a las estaturas del entonces jefe de Gobierno y el empresario.

La idea que molesta a Caputo es también el rebote de la experiencia que dejaron los Kirchner y el estigma de Lázaro Báez. Es ese reflejo en el que no quiere verse el empresario. Al menos es lo que dice frente a sus allegados. Aunque a diferencia de Báez, el crecimiento de su fortuna y de sus constructoras no dependió exclusivamente de su relación con la política y los negocios con el Estado, Caputo no puede negar que también ganó contratos millonarios que le otorgó su amigo Macri como jefe de Gobierno porteño. Y sigue siendo muestra de que en la Argentina, estar de los dos lados del mostrador es una característica inevitable en los distintos gobiernos, sin importar ideologías.



Emilia Delfino