POLITICA

Caso Nisman: la fiscalía se movía entre renuncias y temor

Sufrió un recambio casi constante de asesores desde 2007. Quién tomó el timón ahora. El rol de Stiuso y La Cámpora.

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Foto:Néstor Grassi

“Hay que preservar el equipo de Nisman”. Entre conmoción y temor, los investigadores de la Unidad Fiscal AMIA (UFI AMIA) quedaron en el centro de la escena luego de la muerte del fiscal. Sin embargo, poco quedó de la primera estructura que se armó allá por 2004, luego de que se alejara la mayoría de los secretarios letrados y gran parte del personal.

En el séptimo piso de las oficinas de Hipólito Yrigoyen al 400, frente a Plaza de Mayo, había 23 personas trabajando de forma directa con Alberto Nisman, bajo el mando de cinco secretarios. Quien tomó el timón en las primeras horas de conocido el fallecimiento fue la secretaria letrada Soledad Castro, una de las más fieles al fiscal, y quien actuó de nexo con el juez Ariel Lijo y con la procuradora, Alejandra Gils Carbó. Otras 23 personas colaboraban de forma externa, bajo el régimen de contratados. Es el caso de Diego Lagomarsino, el analista informático que le acercó a Nisman el arma calibre 22.

El presupuesto para este año de la UFI AMIA es de $ 31.636.473 pesos y su estructura casi duplica a la de otras similares: la Procuraduría de Narcocriminalidad tiene veinte integrantes y un secretario. El Gobierno se encargó de amplificar este dato: difundió que “desde 2006 aumentó casi un 800% el presupuesto”.

Cuando fue creada, el 13 de septiembre de 2004, la pista iraní ya estaba activa. Habían pasado apenas días desde que se había dictado la absolución a 22 implicados en la causa por encubrimiento.
Según fuentes que trabajaron en la fiscalía, Néstor Kirchner solicitó seguir la investigación a partir de un documento que había elaborado la SIDE con la hipótesis iraní.

El espía Jaime Stiuso concurría asiduamente e incluso recomendaba gente. Alejandra Goyenechea, por caso, trabajó allí y era la mujer, en ese entonces, del director de Legales de la SIDE. También el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, tenía un estrecho vínculo y llevó personas de su confianza. El primer equipo de trabajo tenía unas cuarenta personas con diez secretarios letrados. “Había más caciques que indios, nombraban secretario a gente muy joven, y traían de todos lados”, recuerda una fuente. Para 2007 más de la mitad había renunciado.

Internas. La relación entre pares era difícil. Al carácter que se le atribuía a Nisman se le sumaban las innumerables internas, y una gran exigencia de trabajo: “Te quedabas laburando hasta cualquier hora y había que ponerle el cuerpo a todo”, cuenta un ex empleado. Todo estaba dividido en áreas y, en algunos casos, por imputado. Nisman era muy receloso de los papeles: nada podía salir de ahí y había una custodia especial para que no se hicieran copias de los expedientes. En 2007 fue el primer cimbronazo: el fiscal adjunto, Marcelo Martínez Burgos, quien tenía a su cargo gran parte del trabajo operativo, renunció luego de presuntas reuniones secretas con abogados cercanos a Irán en el Hotel Hilton de Puerto Madero, en las cuales habría estado negociando hacer caer las acusaciones.

Entre los que pasaron por la UFI AMIA estuvo Ernesto Kreplak, hoy subsecretario del Ministerio de Justicia, quien estuvo hasta 2006. Kreplak es parte de La Cámpora, y participó del jury al fiscal José María Campagnoli. Otra de las secretarias fue Eleonora Weingast, reconocida abogada de carrera judicial. Hoy es relatora letrada en la Procuración bonaerense. También en 2006, producto de las internas, Nisman sufrió con la partida de Vanesa Alfaro, su secretaria preferida. Hernán Longo lo acompañó en noviembre de 2007 a Marruecos para exponer ante Interpol los motivos de las alertas rojas a cinco iraníes. Luego se fue a la Justicia Federal de Mar del Plata.



Ezequiel Spillman