POLITICA MONITOREO EN EL RIO

Comprometerían a los dos países los informes ambientales completos

A pesar de la guerra verbal por la ex Botnia, Cristina Kirchner y José Mujica tienen algo en común: los gobiernos de ambos se negaron a divulgar 27 monitoreos ambientales conjuntos que se hicieron sobre la producción de la pastera en el margen del río Uruguay. La explicación oficial de la no publicación es que no hay acuerdo en los criterios de medición, pero hay quienes señalan que, en realidad, los informes no le convienen a nadie ya que los dos países contaminan el río.
En 2010, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminó que la ex Botnia podía seguir funcionando pero con los controles bilaterales pertinentes. Argentina y Uruguay acataron el fallo y crearon un Comité Científico integrado por expertos de ambos países, que funciona en el marco de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). Su misión es monitorear regularmente la planta y examinar los fluidos vertidos en el río para prevenir niveles de contaminación intolerables y –llegado el caso– alertar sobre ellos.
Los controles se hicieron 27 veces desde que se firmó el acuerdo. El problema es que la Argentina y Uruguay jamás dieron a conocer los resultados finales de los monitoreos y sus conclusiones ambientales. Esta semana, el canciller Héctor Timerman mostró un PowerPoint en diapositivas donde pudieron verse algunos datos numéricos de la supuesta contaminación por responsabilidad de Uruguay. Sin embargo, la versión completa de los monitoreos aún sigue sin conocerse. “Lo que mostró Timerman no es un balance de impacto ambiental sino algunos índices parciales”, dijo a PERFIL Raúl Estrada Oyuela, ex encargado de Asuntos Ambientales de la Cancillería. “Es factible que, en los monitoreos, los uruguayos también hayan encontrado contaminación del lado argentino. Brasil, Uruguay y la Argentina son igualmente responsables de la contaminación del río Uruguay”, agregó.
En lo que respecta a la responsabilidad argentina, el ex funcionario –hoy en la vereda opuesta al Gobierno– subrayó que en la provincia de Entre Ríos prácticamente no hay tratamiento de efluentes industriales y casi todas las industrias sobre el margen del río descargan sus aguas cloacales en él. A eso se suma el crecimiento exponencial del uso de pesticidas y agroquímicos en la última década, de cuyo total una buena parte va a parar a los cursos de agua.
La senadora y primera dama uruguaya, Lucía Topolansky, fue más explícita que su marido al defender la posición de su país. Dijo que Uruguay no se puede “dejar correr con el poncho con cuatro numeritos” –en alusión a los datos que exhibió Timerman– y advirtió que del lado argentino también “hay papeleras que son viejas y contaminantes”. Tal vez ese “tú también contaminas” sea una de las cartas que Montevideo se guarda para la batalla



Facundo F. Barrio