POLITICA "ACOMPAÑAR AL PROYECTO NACIONAL"

Con Milani, Cristina vuelve a los 70

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La presidenta Cristina Kirchner está tan inspirada en la "juventud maravillosa" de los setenta que aquellos años de sueños, pasiones, maniqueísmos, lealtades, traiciones, plomo y sangre son una de las mejores referencias para interpretar sus jugadas políticas.

Las claves de los setenta son descriptas en mi libro ¡Viva la sangre!, que está ambientado en Córdoba, del cual pueden descargar la Introducción en el archivo adjunto a esta nota. Los setenta nos permiten entender, por ejemplo, la designación del cordobés, de Cosquín, y peronista desde siempre, César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani como teniente general y jefe del Ejército a pesar de las denuncias en su contra por su presunto involucramiento en violaciones a los derechos humanos.

En aquel momento, Milani recién comenzaba su carrera militar, como tantos camaradas suyos que por acusaciones similares permanecen presos desde hace varios años. Esa versión tan particular del kirchnerismo sobre los derechos humanos, que deberían ser universales, para todos, ha sido debatida en los últimos días, cuando el Senado aprobó el ascenso de Milani, en medio de cuestionamientos de la oposición y de algunos defensores de los DD.HH.

Pero, hay otro aspecto del cual se ha hablado menos pero que es también relevante: la subordinación de Milani y, por extensión, del Ejército al proyecto político de la Presidenta, algo que no ocurrió nunca durante los treinta años desde el retorno a la democracia, en 1983.

Lo expresó el propio Milani el 3 de julio al asumir como jefe del Ejército: “Pretendo un Ejército maduro, mirando hacia el futuro, con clara esperanza y renovadas ansias, para acompañar el Proyecto Nacional que hoy se encuentra vivo e instalado en el corazón y la mente de los argentinos”. “Hoy se abre un nuevo ciclo de la vida del Ejército, del que estamos convencidos, va a constituir un hito importante en el desarrollo humano y profesional de sus integrantes”, dijo Milani ante la mirada aprobatoria de la Presidenta.

En ese punto, Milani tiene razón: desde 1983, los sucesivos presidentes de la Nación siguieron una línea bien distinta, que implicó la pérdida de cualquier rol político para el Ejército. A partir del radical Raúl Alfonsín, los presidentes se ocuparon de subordinar a los militares al poder político y de impedir que volvieran a adquirir cualquier rol de poder.

Los setenta nos permiten entender el papel que Milani quiere representar, como reaseguro del poder político, encarnado en Cristina Kirchner. Es una suerte de Jorge Carcagno, aquel general que encabezó el Ejército en 1973 hasta que el presidente Juan Perón lo pasó a retiro descontento por el llamado “Operativo Dorrego”.

Se trató de una acción cumplida en forma conjunta por militares y militantes de la Juventud Peronista, hegemonizada por Montoneros, para ayudar a los damnificados de inundaciones en la provincia de Buenos Aires. A Perón, que había asumido por tercera vez el 12 de octubre de 1973, le molestó esa alianza entre la cúpula del Ejército y la plana mayor de Montoneros

Carcagno integraba la “línea peronista” del Ejército, partidaria de fuertes reformas económicas y sociales, como las encaradas por el gobierno militar del Perú, y tenía línea directa con los jefes de Montoneros, Mario Firmenich y Roberto Perdía. Y si Milani “operó” contra las guerrillas durante la dictadura, Carcagno había sido el jefe de la IV Brigada, que reprimió al “Cordobazo”, la revuelta sindical, apoyada por los universitarios, que derrotó a la policía y tomó el control de la ciudad de Córdoba durante un día medio en 1969. Pecados de juventud diría Cristina.

El problema es que aquella aventura terminó mal: el Ejército se engolosinó con su rol político y protagonizó luego una dictadura de siete años en la que los militares también pretendieron cambiar el país de arriba hacia abajo, pero en un sentido contrario al que pensaban los montoneros y los “peruanistas”.

¿Cómo le irá ahora a Cristina?

(*) Editor ejecutivo de la revista Fortuna y autor de ¡Viva la sangre!



Ceferino Reato