POLITICA SEÑALES DE AISLAMIENTO

Cristina se refugia en sus más cercanos hombres de confianza

Con una mesa chica que incluye a Kicillof, Zannini y su hijo Máximo, radicaliza la toma de decisiones de su gobierno.

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Foto:DYN

En plena crisis económica, son sólo tres las personas a las que la Presidenta escucha a diario para tomar las determinaciones más importantes: uno es Zannini, el otro es el ministro de Economía, Axel Kicillof, y el otro es su hijo, Máximo, líder de la agrupación La Cámpora.

Encerrada en ese dispositivo “radicalizado”, que tiene en una segunda línea al diputado nacional Eduardo “Wado” de Pedro –también de La Cámpora–, la jefa de Estado define el rumbo de su último año de gobierno. El armado territorial lo deriva en el secretario general de la agrupación juvenil, Andrés “Cuervo” Larroque, y en el jefe de la JP bonaerense, José Ottavis, los dos también camporistas. “Es el dispositivo político de la Presidenta hoy”, definió un funcionario de la Casa Rosada.

Otros eran los tiempos en los que la mesa chica de Cristina Kirchner, aquella donde se tomaban las principales decisiones, era ampliada al entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández; al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; al secretario de Inteligencia, Héctor Icazuriaga; y al ex presidente Néstor Kirchner. En los siete años que lleva al frente del poder las cosas cambiaron. Y sobre todo en el último año.

Pero este nuevo círculo íntimo genera una grieta entre la Presidenta, funcionarios de su gabinete vacíos de poder y sus coroneles en el Congreso. El proyecto de ley para hacer un canje local de la deuda es un ejemplo de ello. Fue delineado por Kicillof, pero genera resistencia en el bloque kirchnerista. El ex secretario de Finanzas de Néstor Kirchner, Guillermo Nielsen, le dijo ayer a radio El Mundo que cuando expuso esta semana en el Senado notó el disenso que generó entre los propios senadores peronistas la norma que quieren imponer Kicillof y Zannini. “Me sorprendió la absoluta falta de consenso que uno nota en el mano a mano con los legisladores”, graficó.

Un ejemplo de esa grieta es la pelea que mantienen el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, y Kicillof. Fábrega fue uno de los promotores del acuerdo entre privados para cerrar el conflicto con los buitres, pero predominó la palabra del ministro de Economía: “Quieren hacer el acuerdo con plata de los ahorristas”, le sugirió. El plan fue abortado. Pero la pelea no se limita sólo a la solución del problema de la deuda, sino que incluye las tasas de interés. Fábrega las quiere mantener altas para evitar una corrida cambiaria, Kicillof, bajarlas para calentar la economía, algo que le funcionó durante mucho tiempo al Gobierno. En ocasiones, Cristina escucha a Fábrega y le permite avanzar, pero no es usual. ¿Hasta cuándo durará el poder de Kicillof? “La Presidenta te da todo el poder pero exige resultados. Creo que si la economía no va bien en enero, revisará su situación”, explicó a PERFIL una fuente de la Casa Rosada. En ese diagnóstico coincidieron otros funcionarios. A Cristina parece afectarla la soledad del poder.



Mariano Confalonieri