POLITICA

De engaños y promesas, qué hay detrás del negocio de las tomas en Lugano

Había dicho Bonafini en 2006: “Dentro de un año los niños tendrán un jardín lleno de flores y todas las familias vivirán en su propia vivienda”.

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La Villa 20 y los terrenos ocupados
La Villa 20 y los terrenos ocupados

Los pasillos de la villa 20 están vacíos. Muchos de sus vecinos están ocupando, desde hace diez días, el terreno ubicado frente al barrio, entre Pola y la avenida Escalada. Gran parte de sus ocasionales ocupantes también participaron de la toma del Parque Indoamericano, ubicado a 800 metros de allí, frente a la punta norte de la villa 20. Algunos memoriosos como Diosnel Pérez recuerdan las palabras de la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, cuando visitó el asentamiento a mediados de 2006: “Dentro de un año, los niños tendrán un jardín lleno de flores y todas las familias vivirán en su propia vivienda”. El plan de construcción de viviendas, Sueños Compartidos, pasó por allí pero no levantó ni un ladrillo. A Pérez lo amenazaron de muerte por denunciar los negociados en la Fundación, un 24 de marzo. 
 
Los protagonistas de la historia de la villa 20 son siempre los mismos. Un año después de la promesa de Bonafini, el exjefe de gobierno porteño, Jorge Telerman, Bonafini y Sergio Schoklender recorrieron un barrio cercano: Los Piletones. “Lo que llamó la atención del acto inaugural” en el que se presentaba el plan para construir 420 viviendas en Los Piletones que relato en mi libro, El negocio de los derechos humanos, “fue la guardia pretoriana de diez morrudas mujeres del puntero y exboxeador Marcelo Chancalay, que custodiaba el lugar. Vestidas de color negro con borceguíes del mismo color y el pelo estrictamente recogido, las musculosas mujeres amedrentaban a un grupo que intentaba hacer llegar sus reclamos a la candidata Cristina Fernández de Kirchner”. Chancalay se codeaba con Sergio Schoklender. La Policía Federal seguía apilando autos abandonados en un predio lindante a la villa 20 en la que Chancalay, el creador de “Villa Tours” y exempleado de la UGIS, era amo y señor. Ocho años después, el hijo de Diosnel Pérez, sufre problemas respiratorios por la contaminación ambiental originada por el depósito de material rodante. Cuando parte de ese predio se limpió –aseguran que 30 mil vehículos pasaron por allí- muchos vecinos decidieron ocupar un terreno que a nadie parecía importarle. Desde los tiempos en que Aníbal Ibarra gobernaba la Ciudad, existen leyes que jamás se cumplieron, como la 1770 que decía que las parcelas del exdepósito de autos debían urbanizarse, tal como publicó Perfil.com.

El tiempo pasó, pero Chancalay volvió a darse una vuelta por la toma, como en diciembre del 2010 lo hizo en el Indoamericano. Se mostró de día ofreciendo al personal del Ministerio de Seguridad resolver el tema “a su manera”. Al no obtener respuesta, paseó de noche, dándoles fuerza a los ocupantes para que no se vayan. En esta historia, algunos protagonistas pueden estar de ambos lados del mostrador, sin ponerse colorados.
 
El juego de las coincidencias. En diciembre de 2010, en la toma del Parque Indoamericano, la policía federal actuó llevándose consigo a la naciente Metropolitana de Macri. El saldo fueron tres muertos, decenas de heridos y la sospecha de que las víctimas fatales fueron muchas más. Hubo barras bravas, punteros y personal de seguridad del obrador de Los Piletones de la Fundación Madres de Plaza de Mayo dispuestos a todo para salvar su porción de poder. En un primer momento, el exapoderado, Sergio Schoklender, aseguró que bandas relacionadas con el narcotráfico querían tomar el predio para controlar la zona sur de la ciudad de Buenos Aires en un cordón “de la droga” entre la 1-11-14 y Villa 20.

Cuatro años después, en Lugano, Osvaldo Soto fue asesinado por quejarse del fuego que habían encendido un grupo de personas en la génesis de la ocupación. Su atacante habría sido un ciudadano paraguayo conocido por sus vínculos en el negocio de la venta de drogas. A pesar del pedido de ayuda de su familia, la Gendarmería no actuó de oficio. El hombre murió, horas después, mientras que el asesino regresaba al barrio para advertirles lo que les podía pasar si mencionaban su nombre.
 
En diciembre del 2010, la Presidenta de la Nación le quitó el control de la Policía Federal al entonces ministro Aníbal Fernández, mientras que en el Parque se estaban matando. Lo hizo con Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini sentadas a su lado, hablando de los derechos humanos. En medio de la toma en Lugano, en la que el secretario de Seguridad, Sergio Berni, apareció en el lugar para responsabilizar al Gobierno de la Ciudad y al juez de la causa, Gabriel Vega, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner criticó los piquetes, ocupaciones y protestas sociales. Luis D´Elía aplaudía a rabiar. Contradicciones del “modelo” que se mueve de la izquierda a la derecha como si fuese un péndulo. La política actual es la instaurada por Julio Grondona en la Asociación del Fútbol Argentino: Todo pasa. 

En el Indoamericano, el Gobierno se sacó de encima a “los zurdos”, como los llamaban a los dirigentes más combativos y colocaron, estratégicamente, a Alejandro “Pitu” Salvatierra. El reclamo justo de vivienda y dignidad terminó con un censo en el que algunos recibieron subsidios y en el que, muchos otros ocupantes, regresaron por lo suyo, cuatro años después.
 
El negocio de las villas y de la pobreza se mantuvo constante, inalterable. Los oficialismos continuaron una “supuesta” pelea en la que sus jugadores secundarios como la legisladora del Frente Para la Victoria, María Rachid, no se puso colorada cuando dijo en televisión que, como el Gobierno de la Ciudad incumplió con inversiones prometidas, el de la Nación no puso lo propio. En los grandes negocios inmobiliarios de la Ciudad, no existen ni las chicanas políticas ni los pases de factura.
 
En esta ocasión fue Víctor Hugo Núñez, presidente de la villa 20, quien informó a las autoridades pertinentes que la situación social era caótica y que el malestar por la falta de viviendas iba en aumento. Un alquiler para una familia tipo cuesta, dentro de la villa, entre 1500 y 2000 pesos. La inflación ha perforado los bolsillos de los habitantes de las villas que, a pesar de lo que afirman muchos vecinos y políticos, no sólo está habitada por extranjeros. En febrero de 2013, la militancia de La Cámpora –elogiada hasta el hartazgo por el libro firmado por Sandra Russo en el que “entrevista” a Máximo Kirchner- no apareció por Lugano. “No se metan” fue la orden que recibió un dirigente del PJ porteño cuando quiso interiorizarse del tema. “Que se arregle el Gobierno de la Ciudad”, indicaron.
 
Villa 20 cuenta con una parte semiurbanizada en la que Víctor Sahonero –a cargo de varias cooperativas como La Solidaridad y 25 de marzo- es uno de sus “gestores” y otra, la villa en sí, en que el exboxeador, Marcelo Chancalay, se maneja como capo di tutti.
 

La toma se gestó, como en el Indoamericano, “espontáneamente” por un grupo de familias que decidieron lotear el baldío abandonado. Esta vez, no estuvo Berni para censar a los ocupantes que, día a día, son más pues el predio no está siendo controlado. En diciembre de 2010, la Gendarmería había transformado al Indoamericano en un inmenso domo en el que las familias no podían salir del lugar, ni siquiera a tomar agua. Por ahora, los ocupantes están tranquilos. En el predio hay chicos con machetes en sus manos, drogas, cansancio, bronca y algunos oportunistas que utilizan a los pobres. Como hace cuatro años y antes también.
 
Por Luis Gasulla
@luisgasulla
Autor de El negocio de los derechos humanos



Luis Gasulla (*)