POLITICA OPINIÓN


Desafío Macri: qué hacer con Carrió

La relación está congelada desde hace un mes. Los últimos problemas. El dilema de Vidal sobre la denuncia errada de Lilita a Scioli.


Foto:Cedoc

Ser o no ser. Decir la verdad aunque cueste o callar la verdad para no beneficiar a un adversario y, sobre todo, para no ir en contra de lo que afirma una aliada impredecible.

El dilema lo tiene María Eugenia Vidal. El adversario a quien se podría beneficiar es Daniel Scioli. Y la aliada sensible es Elisa Carrió. Sucede que 24 horas después de conocida la denuncia de Carrió sobre retiros irregulares y en efectivos de Scioli por 20.000 millones en dos años, la administración macrista ya tenía en claro que no era cierto. Hace dos semanas de eso.

El debate que se generó en el Gobierno desde entonces es si salir o no a aclarar públicamente la situación. La discusión tiene ribetes éticos y políticos: “Si somos un gobierno que se autoimpuso no mentir, debemos decir la verdad, beneficie a quien beneficie o se enoje quien se enoje”.

Otros en el oficialismo entienden esta postura principista, pero privilegian el pragmatismo de la conciliación política: “Salir a decir que Carrió se equivocó echaría por tierra el trabajo que viene haciendo Vidal con ella para suavizar la relación”, en referencia al viaje en helicóptero de la gobernadora después de que la aliada denunciara al jefe de la Bonaerense. Desde la provincia añaden que la forma de pago a proveedores a través de cheques que se hacía en la gestión Scioli (y al principio de la actual) no era la ideal existiendo la posibilidad de transparencia que brindan las transferencias bancarias. En todo caso, este debate encierra otro debate más profundo y urgente dentro del macrismo: ¿qué hacer con Elisa Carrió?

Cerca de Macri se lleva la cuenta: los ataques a Angelici (hombre de confianza en el armado judicial), a Lorenzetti (el juez de la Corte que más dialoga con el Gobierno) y, lo último y que generó más ruido, su repudio al tarifazo y el pedido de volver todo a fojas cero.

¿Si una aliada fundacional pide eso, por qué la Corte o los diputados opositores van a opinar distinto?

Se va a cumplir un mes desde que la relación entre el Presidente y Carrió está congelada. Si bien nadie desmiente el problema, según con quién se hable dentro del círculo presidencial se le da cierta inminencia a la resolución del conflicto o se estima que el hilo no se cortará aún. “Está teniendo cada vez más costo tener a Lilita adentro –sostienen los rupturistas- porque si fuera formalmente opositora todos sabrían que sus críticas provienen de alguien que enfrenta al Gobierno, pero al ser aliada sus golpes duelen más: ‘si ella que está adentro dice esto por algo será...’. Mauricio ya está harto”. Sin embargo, desde otro lugar de la misma mesa chica, se descree de esa inminencia: “Ni Mauricio ni Marcos (Peña) tienen por naturaleza ánimo rupturista, salvo que la ruptura venga del otro lado”.

La única duda de los primeros es en qué momento convendría romper, ahora o dentro de unos meses. Saben que si de verdad piensan terminar con esa alianza, cuanto más lejos esté de las próximas elecciones, mejor.

Los otros apuestan a algo que por estos días parece más difícil: patear para adelante y esquivar la ruptura por lo menos hasta después de los comicios. Dicen que el amor no termina con la ruptura, sino cuando al menos uno de los amantes piensa que es posible una ruptura.

Si es por eso, esta pareja parece tener más pasado que futuro.




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