POLITICA BAEZ Y LA RUTA DEL DINERO K

“Desapareció” documentación clave de una usina de facturas truchas de Austral

Grupo Penta fue denunciado por emitir comprobantes por millones de pesos por servicios que no prestó para beneficiar a una firma de Lázaro Báez. Dice que le robaron las pruebas.

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Foto:Cedoc Perfil

Una empresa proveedora de Austral Construcciones, investigada por emisión de facturas truchas, denunció un sospechoso robo de documentos contables. Se trata de Grupo Penta, la firma de Bahía Blanca que llegó a facturarle casi $ 7 millones a la empresa del santacruceño Lázaro Báez.

La historia comenzó el 4 de mayo de 2011 cuando la delegación regional de la AFIP intimó por nota Nº 03100020130996904 a Grupo Penta para que entregue libros de IVA, ventas y compras desde enero 2009 hasta marzo de 2011, copia de los balances y un listado de clientes y proveedores. Los inspectores sospechan que la empresa facturó millones de pesos por servicios que jamás prestó y terminó por beneficiar a Austral Construcciones en la reducción de impuestos.

Las irregularidades de la proveedora de Lázaro Báez se explican a través de la contabilidad guardada bajo siete llaves. Grupo Penta, a cargo del empresario Silvio Ficcadenti, no tenía empleados ni tampoco maquinarias, pero declaró en su balance de 2010 ventas por $ 853 mil cuando tuvo una facturación cercana a los $ 4 millones ese mismo período. Los números no cerraban.

Ante el requerimiento de la AFIP, los apoderados de Grupo Penta, que todavía seguían facturándole a Austral Construcciones, se excusaron de entregar la documentación y adujeron que “no tenían la documentación contable porque había sido sustraída el 11 de marzo”.

Fue, casualmente, un mes y dos semanas antes de la investigación que se inició en la AFIP. Muy sospechoso.

El robo. El 11 de marzo de 2011 Mauro Ficcadenti, hijo menor de Ficcadenti, denunció en la Comisaría 2ª de Bahía Blanca el robo de documentación que estaba en el baúl de su automóvil Volkswagen Golf patente ULB 880. El joven había estacionado el vehículo a la una de la madrugada en el playón de la Universidad del Sur. Iba a bailar a una disco llamada Club Universitario.

El playón de estacionamiento está vigilado las 24 horas por un sistema de cámaras de seguridad y por un cuidador al que los jóvenes suelen pagarle $ 20 para que custodie los autos. Nadie detectó nada inusual esa noche sobre el auto de los Ficcadenti.

Lo insólito de la denuncia fue el botín con el que se alzaron los delincuentes esa madrugada: tres cajas con toda la documentación contable de la empresa Grupo Penta y Cía SA que estaba siendo investigado. Además se llevaron “libros de actas, libros de sueldos, facturas y libros de IVA compra, constancia de pago proveedores, inventarios, balances, carpetas con recibos de sueldos empleados, planilla de haberes, facturas de venta A del número 00010000001 hasta el número 000100000436, facturas de venta B desde el número 00020000001 al 000200000030.

Entre lo que “desapareció” del auto también estaban las copias de los balances, de bienes de uso, pagos a la AFIP, capetas con formularios F731 y f.931, carpeta de ingresos brutos, carpetas con datos societarios y carpetas bancos de DP Personas Jurídicas, constitución de la Sociedad Anónima, haberes de los años 2008, 2009 y 2010. Es decir, toda la documentación vital que ayudaría a probar los oscuros vínculos de Grupo Penta con Austral Construcciones, del empresario Lázaro Báez, investigado por presunto lavado de activos en la Justicia Federal.

Resulta insólito, pero casualmente, y según la denuncia, el menor de los Ficcadenti trasladaba en el baúl de su Volkswagen toda la empresa de su padre –todos los registros que hacen funcionar a una SA–, investigada, hoy, como usina de facturas truchas de Austral.



Rodrigo Alegre