POLITICA DE CARA A LA CAMPAñA ELECTORAL

El control de la calle y la psicosis por un ‘ajustazo’, los temores de la Rosada

En el Gobierno están atentos a nuevos piquetes violentos. Y buscan evitar que se instale la idea de un feroz recorte post elecciones. Macri bajó línea para “sostener la esperanza”.

Protestas. El miércoles, en un cambio de paradigma, el Gobierno mandó a la policía a reprimir a piqueteros que quemaron llantas y tiraron piedras en la 9 de Julio. El balance oficial del operativo fue positivo. Pero el riesgo que ven es que ese método de protesta sea replicado por los grupos kirchneristas y así se desnaturalice la campaña electoral.
Protestas. El miércoles, en un cambio de paradigma, el Gobierno mandó a la policía a reprimir a piqueteros que quemaron llantas y tiraron piedras en la 9 de Julio. El balance oficial del operativo fue positivo. Pero el riesgo que ven es que ese método de protesta sea replicado por los grupos kirchneristas y así se desnaturalice la campaña electoral. Foto:Pablo Cuarterolo

Un año y siete meses después de haber asumido, con la campaña electoral iniciada de facto, Mauricio Macri ensayó un ligero cambio de discurso. O mejor dicho, lo ajustó: a la promesa de cambio le sumó el pedido de mantener la esperanza. El viernes, durante una cena con foto grupal en la quinta de Olivos, fue una de las palabritas que más repitió ante el pelotón de candidatos de Cambiemos. En su intento de meter mística en la tropa, y a la vez bajar algo parecido a una línea conceptual, pivoteó sobre la esperanza: recomendó promoverla, fortalecerla y hacerla crecer entre “la gente”.

En Casa Rosada ven por lo menos cuatro amenazas que podrían poner en aprietos la estrategia electoral: que se desnaturalice la campaña por las protestas de grupos kirchneristas, que se instale la idea de que se viene un ajustazo, que por la polarización Cristina Kirchner crezca demasiado, y que esté sobreestimada la capacidad de trasladar la imagen de María Eugenia Vidal a sus candidatos.

Ese viaje en el speech presidencial, desde la propuesta de cambio a la invitación a sostener la esperanza (o directamente a no perderla), explica el actual momento del gobierno. Sin grandes logros económicos a la vista, el macrismo busca renovar su contrato con electorado. En especial con esa porción, o al menos una parte, que le prestó el voto en el ballottage. Hasta el año pasado, a los voceros oficialistas les resultaba más efectivo el pedido de paciencia. Ahora, el principal riesgo del Gobierno es que ese recurso ya no resulte creíble.

Por debajo de ese desafío, los estrategas de Cambiemos juegan partidas simultáneas. La más ambigua de todas es la referida al posible ajuste post-electoral. Porque si bien lo minimizan en público, al punto de pretender sacarlo de la agenda, en privado reconocen que intentarán reducir el déficit.

No hay que agitar ni temer fantasmas de grandes ajustes”, afirmó Marcos Peña en el Senado, durante su segundo informe sobre el rumbo del gobierno. La frase apuntó a desactivar uno de los argumentos más usados por la oposición, tanto la kirchnerista, como la massista, la randazzista y la de la izquierda.

“Van a tratar de corrernos por ahí, pero la gente está entendiendo que es la única forma de salir seriamente. Es doloroso, pero es la única salida que hay, con el desastre que nos dejaron los K”, reconoce un asesor de Macri. Y a la pasada contradice parcialmente la promesa de Peña.

Sobre las protestas callejeras y escraches crecientes, el oficialismo ve una oportunidad, antes que un peligro: diferenciarse del kirchnerismo, al que perciben como “sacado y dispuesto a todo”.

El reciente desalojo policial sobre la 9 de Julio sirvió para reafirmar la postura del Gobierno en favor de reprimir los cortes y los piquetes. La repercusión mediática y el clima en las redes sociales, seguido sin falta desde Casa Rosada, terminaron por despejar algunas dudas internas. Sobre todo las que tenía Horacio Rodríguez Larreta, quien a diferencia de Macri no estaba tan convencido de ordenar el desalojo. Al menos por ahora, en la decisión de reprimir coinciden la conveniencia política y la opinión presidencial.

Otro riesgo electoral que identifican en la Rosada es exagerar con la estrategia de la polarización. Si bien el macrismo aprovechó al máximo el juego de los contrastes con el kirchnerismo, esta vez prefiere despersonalizar la rivalidad con Cristina. El lenguaje de la grieta podría ser ineficaz para seducir a los votantes que no encajan en ninguno de los dos sectores. El otro peligro para Cambiemos es levantar a la ex presidenta por sobre los demás candidatos y espacios peronistas: el Frente Renovador de Sergio Massa y el espacio Cumplir de Florencio Randazzo.

Ni Macri, ni Vidal ni sus candidatos confrontarán directamente con CFK. En la cena de Olivos, los postulantes a diputados y senadores, como Graciela Ocaña y Esteban Bullrich, ya recibieron esa sugerencia. Y a su vez escucharon otro tip: en Capital y provincia de Buenos Aires, donde ya empezaron las recorridas de campaña, el plan oficialista es transmitir la idea de equipo. El objetivo es que la imagen positiva de Vidal se vuelque efectivamente sobre los candidatos.

Así, en lugar de medirse de forma excluyente con Cristina Kirchner y su frente Unidad Ciudadana, el oficialismo ofertará un corte genérico entre pasado y futuro, englobando a las tres variantes del peronismo opositor.

Los tres vienen de la misma matriz sistémica de lo peor del PJ bonaerense que ha gobernado la Provincia en los últimos treinta años. Con matices, al final del día, todos se igualan al kirchnerismo”, blanqueó Marcos Peña en una entrevista con Perfil. En adelante, los cuestionamientos a CFK vendrán con críticas atadas para Massa y Randazzo.