POLITICA A SEIS AÑOS

El día que Néstor volvió de la muerte

El 14 de septiembre de 2010, semanas antes de su muerte, el expresidente tuvo su misa pagana en vida durante un acto de la juventud kirchnerista en el Luna Park.

"Acto del kirchnerismo del 14 de septiembre de 2010, en el Luna Park" Foto:Facundo Falduto
Todos recuerdan el 27 de octubre de 2010, el día que murió Néstor Carlos Kirchner. Muchos evocan qué estaban haciendo cuando se enteraron de la noticia, en medio del feriado por el censo nacional, en qué medio lo leyeron o escucharon, qué pariente o amigo los llamó primero para contarlo. Pero pocos parecen acordarse, seis años después, del día que el expresidente volvió de la muerte. Me acuerdo bien, y disculpen la arrogancia de la primera persona, porque estuve ahí.
   
La salud de Kirchner no era la mejor ese año. Había dejado de fumar, de tomar whisky y de comer cualquier cosa a mediados de los 90, cuando le diagnosticaron colon irritable, como contó Luis Majul en su libro El Dueño, pero su estado era menos que óptimo. El 7 de febrero de 2010 sufrió un accidente cerebrovascular: lo operaron de urgencia en el sanatorio de Los Arcos por una obstrucción en la arteria carótida derecha. La operación fue exitosa y, tras 48 horas de reposo, fue dado de alta. Lo lógico -para una persona de 60 años, con antecedentes complicados, y que ya había ejercido con éxito la presidencia de la Nación- hubiese sido la jubilación. Dedicarse al famoso "café literario" que había prometido poner en 2007, cuando le cedió el bastón presidencial a su esposa. O como mínimo abstenerse de la rosca política del día a día, delegar funciones, "bajar un cambio".
  
Pero Néstor escapaba a lo lógico, claro, y estaba obsesionado con consolidar el kirchnerismo para las elecciones del año siguiente. El Frente Para la Victoria venía remontando la derrota de las legislativas de 2009, cuando el propio Néstor (junto a los testimoniales Scioli y Massa) había perdido ante Francisco De Narváez. Los masivos festejos del bicentenario de la Revolución de Mayo en la Avenida 9 de julio, la ley de matrimonio igualitario (la única que el pingüino votó como diputado), y un relativo rebote de la economía marcaban un clima de efervescencia que el oficialismo esperaba aprovechar en 2011. Había demasiado para hacer como para "bajar un cambio".
  
El cuerpo no le dio tregua: la noche del sábado 11 de septiembre, el expresidente volvió a Los Arcos por una obstrucción en una arteria coronaria. Le practicaron una angioplastia y le colocaron un stent. A los dos días le dieron el alta. "Perfecto, todo perfecto. Gracias por todo", dijo al salir de la clínica. "Mi compañero está muy bien y hay Kirchner para rato", decía Cristina en un acto en Casa Rosada. Ahora sí, iba a tener que descansar.
  
Había un problema: la juventud kirchnerista había convocado a un acto para el 14 de septiembre en el Luna Park. "Bancando a Cristina, vienen todos; Néstor le habla a la juventud, la juventud le habla a Néstor" eran los eslóganes del encuentro. Los afiches estaban ilustrados con el "Néstornauta" (o "Eternestor), el remix oficialista del personaje de Oesterheld y Solano López. Néstor era el acto y el acto era Néstor. ¿Cómo iban a hacerlo sin él?
  
Me costó llegar a Corrientes y Bouchard para cubrir el evento. Afuera había banderas de todos los colores y de decenas de agrupaciones (todavía no se había formado lo que después sería Unidos y Organizados, aunque sí hubo gran presencia de La Cámpora). La duda en la previa era si el expresidente iba a estar, y si iba a hablar. Adentro, el estadio estaba colmado. Se sucedieron un video institucional y los discursos de Juan Cabandié y Andrés “Cuervo” Larroque. El público estalló cuando apareció Néstor de la mano de Cristina. Parecía un milagro: Néstor, cuyo fallecimiento nadie podía ni pensar ni concebir en ese momento, había vuelto de la muerte, hasta a eso le había ganado. Estaba blanco como una hoja de papel, se movía con esfuerzo y al final no dio ningún discurso, pero ahí estaba, entre los paraguas y las banderas.
  
La que habló en su lugar fue Cristina. "Hemos aguantado lo que creo que nadie ha aguantado. Y vamos a seguir trabajando. Este es un proyecto nacional, de los argentinos, de la patria, de la Historia. ¡Vamos que es la oportunidad que se nos ha abierto en la historia de nuestros 200 años! No la desperdiciemos, juntos todos para el mismo lado", proclamó la presidenta, con su esposo a su lado. Ese día volví a la redacción con la desconcentración de militantes por Plaza de Mayo, y escribí que ese acto había marcado una especie de "primavera kirchnerista", análoga a la camporista de los '70.
   
Lo que vino después lo sabemos todos, y muchos seguirán recordando, con el paso de los años, lo que pasó el 27 de octubre de 2010. Pero creo que no se puede entender el lustro que sucedió a la muerte de Néstor Kirchner sin revisar ese día. Parte de la efervescencia, y de los errores, en los que cayó el oficialismo desde ese momento podían verse en ese hecho sobrenatural, asistir a la resurrección de -para ellos- una especie de ídolo, de ver a un mito en vida. Néstor había vuelto de la muerte, aunque no por mucho tiempo. Como un milagro que al final terminó mal.