POLITICA

El fin de Tsipras: de la promesa de un sueño K al ajuste griego

La renuncia del primer ministro marca el fin de la epopeya que dividió al país. De la imagen de un kirchnerismo heleno a un viaje casi secreto.

Foto:marcelobrignoni.com.ar

El sueño griego, alimentado por la épica de David contra Goliat -Grecia contra la UE- culmina con la dimisión de Alexis Tsipras. Durante los casi siete meses que duró el gobierno del partido Syriza, varios líderes latinoamericanos se alinearon al país heleno en el transcurso de la dura negociación que mantuvo con la Unión Europea, con la intención de no quedarse afuera del atractivo relato épico y, de paso, enfatizar sus propios logros.

Una de las más fervientes defensoras de la posición griega ante la Unión Europea fue la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, que en el momento más álgido de la negociación financiera entre Grecia y el bloque europeo, y el referéndum promovido por Tsipras para evaluar el posible apoyo griego a un ajuste, lanzó varios tweets desde su cuenta oficial. “Los muertos no pagan sus deudas”, “...Aún resuenan las palabras del presidente Kirchner”, dijo la Presidenta en medio de la euforia por la rotunda victoria del “SI” en la consulta popular. La comparación, esperada, no era otra que la de la disputa actual helena y la renegociación de deuda argentina durante la presidencia de su esposo, Néstor Kirchner.

Pero el sueño de Grecia de salir airoso de la disputa con Europa haciendo valer su postura terminó en tragedia. Aún así, la épica que impregnaba el enfrentamiento desigual entre las dos facciones sirvió al oficialismo para tapar la derrota en las elecciones porteñas. La excusa de Grecia ayudó al gobierno a camuflar el tercer puesto obtenido por el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, en los comicios para jefe de Gobierno de la Ciudad, omitiendo la realización de cualquier pronunciamiento al respecto.

Con la salida de Tsipras tras su imposibilidad de sacar adelante un nuevo rescate, el relato épico se diluye hasta volverse casi anecdótico. Probablemente, ya no sea utilizado por el gobierno nacional para promocionar sus propios logros, ni tampoco como ejemplo de “Democracia y Dignidad” como Cristina señalaba en las redes sociales. La gesta de Grecia le sirvió y mucho, al punto tal de que en el mejor momento del gobierno griego, aquel en el que el entonces ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, se paseaba por los países de Europa recogiendo adhesiones con su look informal, se le llegó a equiparar con Axel Kicillof.

En ese momento, todo era épica y gloria y las posibilidades de que el país Heleno llegase a un acuerdo satisfactorio con Europa eran reales, al contar con el apoyo popular que les proporcionaba el descontento generalizado hacia las medidas de austeridad impuestas en el sur de Europa. 

La dimisión de Tsipras no es más que el punto final a una historia a la que se le auguraba un trágico final desde hace tiempo. Si bien el referéndum cosechó un éxito notable en el plano retórico, poco pudo hacer en el terreno de la realidad para ayudar a Grecia a imponer algunas de sus “líneas rojas” ante sus socios europeos. Tsipras tuvo que retroceder en sus pretensiones, y terminó cediendo en todos y cada uno de los límites que su gobierno había prometido no traspasar, incluso el del ajuste. 

El futuro del país heleno es incierto. Tras la la renuncia del primer ministro, se convocarán elecciones anticipadas cuya celebración se prevé para fines de septiembre. El sueño de Tsipras y de la gran mayoría de los votantes de Syriza de hacer prevalecer sus derechos sociales ante la austeridad encabezada por Alemania, se ha desvanecido. El “kirchnerismo a la griega” duró escasos meses.


Redacción de Perfil.com