POLITICA FACTOR BERGOGLIO

El Gobierno busca que Francisco sea un aliado en las elecciones

Espera que haya más “gestos” hacia la Argentina del Sumo Pontífice y pocos guiños hacia candidatos de la oposición. En dos semanas, el Senado deberá tratar la designación del nuevo embajador.

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Foto:Télam

“La sotana no se mancha”, sorprende un hombre cercano al papa Francisco, que lo visitó hace poco y estará con él en Roma en las próximas semanas. Se refiere a las aspiraciones de la cúpula del Gobierno de aprovechar la oportuna buena relación con el Pontífice con fines electorales e institucionales durante 2015.

Dentro de dos semanas, el Senado debería tratar la designación de Eduardo Valdés, un dirigente del peronismo porteño, para ocupar el cargo de embajador en el Vaticano, en reemplazo de Juan Pablo Cafiero, hijo del referente histórico del peronismo que falleció el domingo pasado.

Valdés llegará a Italia con el objetivo de fortalecer la relación entre Cristina Fernández y Francisco, “mantener alta la vara”, resumen. Sobre todo, de cara al último año de la gestión cristinista y con la perspectiva del comienzo de la campaña 2015. Ocupará la casa que abandonará Cafiero y ya teje un plan para crear una especie de búnker con analistas que lo ayuden a comandar su gestión por lo menos hasta diciembre de 2015.

El Gobierno designó al nuevo interlocutor con el objetivo de obtener la mayor cantidad de “gestos” del Sumo Pontífice hacia la Argentina. Saben que el Papa no tomará –explícitamente– partido por ningún candidato, pero buscan también que ningún aspirante a ocupar el lugar de Cristina logre su bendición el año que viene.

Francisco tiene una larga amistad personal con Daniel Scioli, posible candidato del oficialismo, posee buen vínculo con Mauricio Macri, aunque no afectivo ni profundo como con el gobernador bonaerense. No lo respeta con el mismo vigor que a Scioli.

A Sergio Massa todavía no lo recibió en el Vaticano, clara metáfora de una relación tensa, que posiblemente cambie después del verano. En Santa Marta creen que todos “serán atendidos” el año que viene.

“No es que a los funcionarios K ni o La Cámpora les agarró fe de golpe y por eso hablan bien del Papa, están buscando que la imagen del Gobierno se asocie a la de Francisco, que es peronista, argentino, y está haciendo una revolución en la Iglesia”, describe uno de los interlocutores, que estuvo hace poco en la residencia de Santa Marta. Un dato: no es católico.

De hecho, el diálogo con la Santa Sede es cada vez más fluido. Cristina habla asiduamente con Francisco y algunos funcionarios aseguran que se intercambian mails con frecuencia semanal. Lo mismo sucede con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Se convidan cartas y también llamados telefónicos.

Un funcionario con despacho en la Casa Rosada explica que dentro del oficialismo nadie cree que Francisco vaya a apostar explícitamente por el kirchnerismo. Todo lo contrario. Como hasta ahora, va a jugar con todos por igual, recibiendo a todo el arco opositor, tal como lo hizo con Ariel Lijo, el verdugo judicial que procesó a Amado Boudou por la causa Ciccone. “Francisco va a apoyar al ganador (de las elecciones), juega al mismo tiempo todos los partidos”, resume uno de sus interlocutores en referencia a que les dará un lugar a todos los candidatos.

Aquellos que en los últimos días recibieron llamados de Bergoglio desde Roma recuerdan que él no puede permitir que se profundice la crisis política en su propio país, por eso envía gestos de apoyo.

Aceptó almorzar durante tres horas con Cristina Kirchner dos días antes de su exposición ante la asamblea de las Naciones Unidas. Al salir del encuentro, la Presidenta reconoció que tenía el apoyo papal para luchar contra los holdouts y que el Papa había condenado al “capitalismo financiero”.

Francisco es muy hábil: antes de que llegue la comitiva oficial, el pasado 20 de septiembre, pidió la lista de invitados. Estaba más entusiasmado en recibir a La Cámpora que a la propia Presidenta. Lo divertía una tertulia en la que participaran aquellos que hace poco más un año lo silbaban en los actos oficiales.

Cuando saludó al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, lo “primereó”: “Carlitos, quién lo hubiera pensado, de Villa Nueva al Vaticano”, le disparó al recordar que el principal asesor de CFK había nacido en esa ciudad cordobesa. Lo mismo hizo con Andrés “el Cuervo” Larroque, capo de La Cámpora: llamó por teléfono a su abuela, que le leía la Biblia de chico, y la saludó por su cumpleaños 96. A Eduardo “Wado” de Pedro le reclamó los salames que le mandaba un presunto amigo en común de ambos de Mercedes. El Papa sabe cómo conmover incluso a los que profesan su fe por conveniencia.

La posible llegada de Valdés al Vaticano fue leída por un hombre cercano a Francisco en términos geocomerciales. Creen detectar en su designación el peso de algunos sectores empresarios que necesitan mejorar ciertos vínculo comerciales con el oriente. Saben que el valor geopolítico del Vaticano es vital por el sistema de relaciones internacionales.

De hecho, Valdés fue vicecanciller de Rafael Bielsa, hoy titular de Aeropuertos Argentina 2000, cargo que ocupa gracias a Eduardo Eurnekian.

Por lo pronto, Francisco formalmente no vendrá a la Argentina hasta 2016, cuando viaje para bendecir la celebración del bicentenario de la independencia.

Ya se anunció formalmente que en todo 2015 no pisará el país. ¿Tratará el Gobierno de convencerlo de lo contrario?



Lucas Morando