POLITICA


El hermetismo de Máximo, amenaza para La Cámpora

Un nuevo libro analiza lo mejor y lo peor de la juventud del FPV. 

La agrupación que dirige Máximo Kirchner, bajo la lupa.
La agrupación que dirige Máximo Kirchner, bajo la lupa.
Foto:gerardofernandez.net

Ya pasaron más de 10 años desde que la agrupación juvenil La Cámpora irrumpió en la escena nacional de la mano de Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina. Con el paso del tiempo esa juventud se abrió paso y comenzó a ocupar algunos de los principales espacios de poder en la política argentina.

Con esa excusa, el historiador y exmilitante político Mario Della Rocca, publicó "La Cámpora sin obsecuencias. Una mirada kirchnerista" (Editorial Dunken) donde analiza la genésis de la Cámpora, la generación del '70, la militancia kirchnerista, la "estigmatización del establisment corporativo" y a su líder Máximo K.

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Perfil.com: - Ya pasó una década. ¿Que resumen hace de La Cámpora?

Della Rocca: - Por un lado, positiva su creación y existencia para el sistema y la cultura política argentina, fundamentalmente por el trasvasamiento generacional de una parte anquilosada de la dirigencia política argentina –que mostró sus límites con la crisis del 2001- y por su injerencia en la promoción de la participación social y política juvenil, que conlleva a la promoción de la ciudadanización de los jóvenes. Por otro lado, dificultades organizativas y teóricas, que señalo con detalle en el libro, que avanzado el tiempo permiten afirmar que pueden hipotecar lo logrado si no se corrigen a tiempo. Estas negatividades se verifican fundamentalmente en la cúpula de conducción de La Cámpora. En su militancia me parece que hay mucha juventud –especialmente la que va de los 18 a los 25 años aproximadamente- que comprende lo negativo de algunas conductas orgánicas y personales y está generando una reflexión crítica al respecto.

- ¿Cuál es el mejor aporte de La Cámpora a la política?

Sin dudar el que la organización mantiene un trabajo territorial de su militancia con la gente que es digno de destacar. Ello tiende a refundar una relación entre la política y la sociedad, entre el Estado y la sociedad, los lazos solidarios en el tejido social, relaciones que se habían resquebrajado casi terminalmente durante el pasado neoliberal. La tragedia de las inundaciones en la Ciudad de La Plata el año pasado mostró a más de 5.000 militantes colaborando para subsanar al menos parcialmente las consecuencias de la tragedia, en tareas logísticas y recorriendo casa por casa para ayudar en las necesidades de los damnificados. En el pasado, organizaciones juveniles como la Junta Coordinadora radical, apenas llegaron a ocupar cargos en el Estado abandonaron todo trabajo social con la ciudadanía. Y hoy no se ven juventudes políticas, sólo el caso de La Cámpora, que trabajen junto a la población más carenciada. Sí organizaciones sociales que desarrollan una eficaz tarea, como Cáritas, Red Solidaria y otras.

- ¿El peor?

El hermetismo de la conducción de la agrupación, comenzando por Máximo Kirchner. Es muy negativo en momentos en que se debate tanto en la sociedad sobre política. Y además es funcional para que algunos medios de comunicación generen fantasmas y miedos sobre la existencia y el trabajo de La Cámpora que deberían ser respondidos con argumentos. Uno entiende a veces los bajos perfiles de algunas personas, se da en muchos ámbitos de la sociedad, pero el hermetismo absoluto que practica La Cámpora conspira contra la visión que la sociedad, politizada o no politizada, tiene de ella. Sin responder a las críticas que se le hacen a la agrupación –por ejemplo en mi libro les realizo algunas-, no se construye una fuerza política sólida en su relación con la sociedad. Y por supuesto la autocrítica también forma parte de este necesario proceso.

- ¿Porque se diferencia de los libros de Di Marco y Russo sobre La Cámpora?

Porque la diferencia con ambos es sustancial. En principio porque los libros de Di Marco y Russo se tratan casi en su globalidad de crónicas periodísticas. Mi libro contiene, además de investigación periodística, contenido histórico-político y perspectiva teórica-política para analizar el fenómeno político-social que sin duda es La Cámpora, más allá que compartamos o no su ideología, su forma organizativa, formas de su discurso, etc. Y la otra gran diferencia es que son libros “oficiales” del antikirchnerismo y del kirchnerismo, con rasgos de obsecuencia.

“La Cámpora sin obsecuencias” denota mi adscripción a las líneas generales del modelo en marcha desde el año 2003, pero utilizo el pensamiento crítico para desentrañar la potencialidad y limitaciones de La Cámpora. De la misma manera que analizo en este libro, y en otro de mi autoría, “Gramsci en la Argentina. Los desafíos del kirchnerismo”, algunos tópicos críticos que podrían extenderse a la gestión pública y formas organizativas y discursivas del oficialismo. Por ejemplo, como señalaba anteriormente, critico el hermetismo comunicacional de La Cámpora y de manera análoga soy crítico de las formas comunicacionales del gobierno nacional para difundir en la sociedad su gestión.

Finalmente, para centrarme en detalle en tu pregunta, estimo que el libro de Laura Di Marco es casi una novela de ficción, con el único objetivo, que recorre todo el volumen, de asociar La Cámpora a Montoneros, lo cual es claramente antihistórico. La intención también es asociar la violencia vivida en los años ’70 a la posibilidad que se reitere en nuestro país en el futuro, también una posibilidad antihistórica. Respecto al libro de Sandra Russo, se trata de una crónica oficial con todas las limitaciones que ello conlleva. La crónica relata centralmente la historia militante de los protagonistas –los miembros de la conducción de La Cámpora-, similares a las que pueden encontrarse por miles en la militancia política, actual y del pasado. El abordaje de Russo analizando políticos jóvenes en altas funciones jerárquicas del Estado, sobre detalles organizacionales de la agrupación, ideas políticas de los protagonistas, dilemas con respecto al desarrollo actual y futuro de la organización, es prácticamente nulo. Y discrepo fundamentalmente con su santificación de La Cámpora como “soldados de Cristina”, creo que es mucho más importante ser militante apasionado y con razones, que los hay y muchos, que soldados.

Por estas diferencias que he marcado me pareció sano proponer un debate público con los tres libros editados sobre La Cámpora. Me comuniqué con Di Marco y Russo para hacerlo en las condiciones que ellas prefieran pero no obtuve aún respuesta. Me parece que muchas veces en la Argentina se habla mucho de debatir ideas y no slogans o descalificaciones pero hay poca predisposición a ello, lo cual me parece muy negativo para la cultura política argentina.

- Habla de las nuevas tecnologías, ¿cómo las utilizan desde la agrupación?

De muchas maneras, seguramente similares a cómo las usó Barack Obama en su campaña para ser presidente de los EE.UU. Principalmente las nuevas tecnologías son una avanzada herramienta en la difusión de contenidos de la agrupación a gran cantidad de adherentes. Y la utilizan mucho para agilizar y mejorar las formas organizativas. Por ejemplo, he visto a miembros de La Cámpora organizar convocatorias a movilizaciones y eventos a través del WhatsApp –que es gratuito- con sus celulares. Un militante que conocí tenía 500 adherentes con los que se relacionaba con esa herramienta para afinar la organización y evacuar las consultas de los convocados. En este aspecto, y recuerdo cómo se realizaban estas tareas hace 30 años, la relación de las nuevas tecnologías con la organización política constituye una revolución.

- ¿Porqué habla de "terrorismo mediático" para mencionar a Clarín?

Porque muchos de sus contenidos –no sólo políticos- generan temor en la población y sabemos que mucha gente transita del miedo al terror frente a ciertas situaciones. Hay algunos comunicadores que escriben en Clarín, como el caso del periodista Jorge Lanata, que transita frecuentemente esta discursividad que alienta el terror. Lo pudimos ver cuando desde el canal TN se alentaba a no concurrir a los festejos del Bicentenario porque el centro de la ciudad era un caos, lo pudimos ver cuando Lanata escribió una columna afirmando que La Cámpora se estaba armando militarmente para una posible guerra civil –con fuentes tan poco creíbles como las declaraciones de Elisa Carrió o Raúl Castells y sin ningún hecho o prueba que lo certifique-, y también lo pudimos ver cuando el periodista mencionado llamó a escrachar en su escuela a los hijos de los jueces de una Cámara Federal que trata la causa Boudou. Podemos pensar tranquilamente que esos chicos podían haber ido aterrorizados a la escuela pensando en la reacción de sus compañeros, padres o autoridades de la escuela. Sabemos perfectamente que hay climas enrarecidos que afectan a algunos sectores de la población, y alentarlos desde una voz en un medio de comunicación masivo me parece de una irresponsabilidad absoluta.

- ¿Porque cree que se habla tanto de Máximo Kirchner? ¿Está mal? ¿cuando Menem era presidente no se hablaba de Carlitos Jr?

No está mal que se hable de Máximo Kirchner, siendo que tiene un lugar central en La Cámpora, participa por lo tanto de manera influyente en la vida política y es nada menos que el hijo de la Jefa de Estado. En mi libro hablo de él, criticándolo por su hermetismo, siendo que es tan importante el lugar que ocupa. Sí estimo que llenar páginas de noticias e informes sobre su persona cuando el protagonista no tiene una vida pública tan activa ni ventila sus asuntos privados, a veces lleva a inventar historias fantasiosas, que lo tienen supuestamente como principal protagonista, sin datos ni pruebas verificables. Por ejemplo, cuando se le achacó, con una repercusión mediática intensa, haber comprado una chacra en Zárate al costo de casi dos millones de dólares. Luego eso fue desmentido y nunca más se volvió a hablar del tema, sin presentarse fuerte de documentación que certificara la transacción.

- Sectarismo, autocrítica? y otros adjetivos que utiliza para hablar de las debilidades. ¿Cómo le juegan en contra?

Hablo en el libro de cuatro grandes debilidades de La Cámpora que conspiran en su desarrollo y especialmente hacia su futuro. Ellas son el hermetismo, el sectarismo, la carencia de agenda propia y el menosprecio a la teoría política. El resultado visible de estas debilidades es que La Cámpora ha consumido durante su existencia mucho poder, pero ha generado poco poder constructivo respecto a ese excesivo consumo.

El hermetismo lo desarrollé anteriormente, como la más sustancial de las debilidades, y además incomprensible cuando la sociedad en general se ha ido politizando al ritmo del desarrollo del proyecto de gobierno en marcha. En segundo lugar, el sectarismo limita a la agrupación en el aspecto de la conducción política de amplios sectores, si esa es su intención. Y es más grave el sectarismo cuando se practica incluso con organizaciones juveniles kirchneristas afines, como por ejemplo el Movimiento Evita o la JP Descamisados. Luego, la carencia de agenda propia, la asimilación directa y exclusiva a lo que dicta la cúspide del Ejecutivo limita profundamente a la agrupación y le hace caer en el no acompañamiento de políticas absolutamente necesarias, por ejemplo la promoción de la despenalización del aborto. Porque la Presidenta esté en contra de la iniciativa –que es entendible en el marco de su libertad de conciencia- no puede comprenderse cómo jóvenes militantes del proyecto en marcha no apoyen un tema tan importante, en tanto afecta la vida de tantas mujeres, y en especial las de bajos recursos.

Por último, en la conducción de la agrupación principalmente se denota un menosprecio por la teoría política. Parecen aferrados a lecturas de teóricos que influyeron mucho en los años ’70, como Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, que, si bien valiosos, hoy no aportan casi nada para entender la compleja realidad por la que atraviesa la Argentina, Latinoamérica y el mundo. En los aspectos de la formación de la agrupación –me remito a documentos oficiales que reproduzco en el libro- hay una carencia absoluta del estudio de los clásicos de la teoría política y de referentes políticos-intelectuales del presente muy significativos como Horacio González, Atilio Borón, Eduardo Jozami, Rubén Dri, Ricardo Forster, Eduardo Rinesi, etc.

La teoría política es necesario unirla a la práctica –incluso muchos militantes de La Cámpora así lo comprenden y demandan formación- para consolidar una agrupación que hoy forma parte importante del aparato del Estado y se desarrolla en el seno de la sociedad civil.



Redacción de Perfil.com


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