POLITICA TRAS UNA DECADA EN EL PODER

El kirchnerismo cayó por debajo de su piso histórico

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La derrota en la provincia de Buenos Aires fue una muestra del desmoronamiento del Frente para la Victoria en todo el país. A medida que pasaban las horas y avanzaba el recuento de los votos, en el centro de cómputos montado en la Casa Rosada se sorprendían con los resultados en el resto de las provincias. El oficialismo sufrió derrotas en distritos que hasta ahora eran feudos propios, como como Jujuy, San Juan, La Rioja y Santa Cruz. Además, se achicaba su caudal electoral en Formosa y Chaco. Y padecía los esperados fracasos en Santa Fe, Córdoba y Capital Federal. El mensaje que las urnas le dieron al Gobierno es que la gente quiere cambios. El kirchnerismo está atravesado por un largo desgaste político, producto de denuncias por corrupción, las tragedias ferroviarias, y una economía en desaceleración. El cepo cambiario, la inflación y la inseguridad generan malestar en el electorado, y la presidenta, Cristina Kirchner, durante la campaña, no dio señales de asumir esos temas como problemas. Así pasó del 31% logrado en su peor elección (2009) a poco más del 27% que alcanzaba anoche.

La presidenta y el gobernador Daniel Scioli se habían cargado la campaña bonaerense al hombro, para levantar la imagen del desconocido intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Anoche, en el búnker K, montado en el Hotel Intercontinental, CFK minimizó la derrota a manos de Sergio Massa, felicitó el “esfuerzo” hecho por Insaurralde, y criticó varias veces a Francisco de Narváez sin nombrarlo.

Acompañada por su gabinete y por Scioli, no aludió, en ningún momento, al candidato del Frente Renovador: trató de evitar poner el foco en la performance K en territorio bonaerense. La jefa de Estado se mostró sonriente, recordó que el Frente para la Victoria sigue siendo la primera fuerza nacional, llamó a la militancia a redoblar la apuesta para octubre y recordó cómo el kirchnerismo se repuso en 2009. La tropa evitó las caras largas, pese a que la diferencia que obtuvo Massa y los fracasos en otras provincias le propinaron al Gobierno un cachetazo que no se esperaba.



Mariano Confalonieri