POLITICA ASISTIDOS POR UN DEFENSOR OFICIAL


El matrimonio que crió al nieto de Carlotto pidió el sobreseimiento

En reserva, los Hurban se presentaron ante un juez de Azul y solicitaron ser sobreseídos del delito de sustitución de identidad. Enfrentan penas de hasta ocho años de prisión.

Recuperado. Carlotto es la única querellante en la causa, pero exculpó a los padres de crianza.
Recuperado. Carlotto es la única querellante en la causa, pero exculpó a los padres de crianza. Foto:Cedoc Perfil
No quiero que sufran”, dijo Ignacio Guido Carlotto Montoya apenas supo que era el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y le preguntaron por el destino que les tocaría a los que, durante 36 años, consideró sus padres. Ahora, dos años después de recuperar su identidad, el matrimonio que lo anotó como propio finalmente fue indagado y podría ser condenado a penas de hasta ocho años de prisión.

La declaración de Clemente Hurban (69) y Juana Rodríguez (56) estuvo lejos de los flashes de Comodoro Py. Con absoluta reserva, el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi pidió días atrás por exhorto a su par de la localidad de Azul que interrogara al matrimonio oriundo de Olavarría. También al médico policial Julio Sacher (80), acusado de falsear la partida de nacimiento.

Fuentes judiciales revelaron a PERFIL que, asistidos por un defensor oficial, los Hurban presentaron el pasado 8 de septiembre escritos para declararse inocentes del delito de sustitución de identidad y pedir sus sobreseimientos. Contaron, en condición de acusados, la historia que difundió hace dos años el propio Ignacio-Guido: que ellos vivían en el medio del campo, donde no tenían ni radio, que nunca supieron de la represión ilegal y que un día de 1978 se apareció el patrón de la estancia, Francisco “Pancho” Aguilar, diciéndoles que había una mujer a punto de dar a luz que quería dar a su bebé en adopción. La pareja, sin hijos, viajó hasta La Plata junto a Aguilar y allí les dieron a la criatura, firmaron unos papeles e hicieron los trámites en el Registro Civil. Le pusieron Ignacio y lo anotaron como su hijo.

Vínculos. Aguilar se murió y sus vínculos con la dictadura siguen en tinieblas: se sabe que podría haber tenido contacto con los militares en el mundo de la equitación, pero se desconoce cómo fue el contacto para que a sus manos llegara el bebé que Laura Carlotto, secuestrada desde fines de noviembre del ’77, había dado a luz en el Hospital Militar el 28 de junio de 1978. Ese día Laura pudo estar cinco horas con su hijo, a quien llamó Guido, y nunca más lo vio. Dos meses después fue asesinada. El crimen, junto a otros secuestros y torturas, se está ventilando en un juicio oral en La Plata por los delitos ocurridos en La Cacha.

En su indagatoria, el médico acusado reconoció que trabajaba para la Policía Bonaerense, en su consultorio privado, y afirmó que, según el reglamento, no tenía que estar presente en el parto para llenar un formulario de nacimiento. A Aguilar sólo lo conocía de nombre y nunca lo trató, declaró.

En la causa, la única querellante es Carlotto. Fue ella la que se peleó con la jueza María Servini, elogiada por las Abuelas hasta que intervino en el caso de  Ignacio-Guido. “Con mi nieto se equivocó”, dijo la dirigente. La jueza llamó a indagatoria a los Hurban, lo que generó la rápida reacción de Carlotto. Servini terminó recusada cuando aludió al matrimonio como “apropiadores”.


Patricia Blanco