POLITICA LAS FALLAS DE LA “GESTION”

En la villa de Massa le piden ayuda a Cristina; en la de Insaurralde, la critican

En ninguno de los barrios de los dos principales candidatos hay presencia del Estado. Viven en el barro y sin cloacas.

Foto:Cedoc - Diario PERFIL

Kevin tiene 19 años, pero apenas terminó cuarto grado. Acaba de salir de la cárcel después de pasar un mes encerrado por robar una moto, pero lo volvería a hacer. Tiene la mirada perdida, como si estuviera desconectado de todo, pero tiene claro algo: “Votaría cincuenta veces a Cristina porque ella es la única que nos ayuda, nos da planes”, proclama, con una voz ronca, con un plato sucio y un cuchillo tramontina en la mano, en el corazón de El Garrote, la villa más grande de Tigre.

Vive allí desde que nació, donde a una semana de las elecciones, muchas paredes de chapa están empapeladas con afiches de campaña de Sergio Massa, el intendente que convirtió la gestión en un modelo de construcción política. Pero en los pasillos del barrio, donde viven 500 familias (casi 3 mil personas), no hay cámaras de seguridad, cloacas, agua potable ni calles de asfalto. Este barro que pisan sus habitantes tampoco tiene las palmeras que a pocas cuadras le dan la bienvenida a los turistas a la “Miami del Conurbano”. Allí, la esperanza está puesta en Cristina.

Kevin vive a diez minutos (en auto) del Puerto de Frutos, el corazón del distrito de Massa, el candidato con más chances de vencer a Martín Insaurralde en las elecciones de octubre, el joven intendente que representa al kirchnerismo.

En su tierra, Lomas de Zamora, donde los sondeos destacan la gestión del dirigente K, también se erige una villa importante, La Cava. Viven 300 familias, que tampoco tienen cloacas o agua potable. El contraste con “el afuera” sorprende: la mayoría de los vecinos viaja todos los días a Capital Federal para trabajar de cartoneros y subsisten sólo gracias a planes sociales.

Pero la inflación golpea más duro: el kilo de pan se vende entre $ 18 y $ 20, el doble de lo que cuesta el “controlado” en un barrio como Caballito, en la Ciudad. Es más caro que en El Garrote, en donde se vende a $ 12.

Candela tiene siete años, come una mandarina atrás de la otra, mientras camina entre las cloacas de La Cava, entretenida con el fotógrafo de PERFIL. Va al colegio todos los días, pero dice que no tiene sueños, que ella sólo quiere ser mamá. Allí la mayoría son cartoneros y en este barrio humilde, dentro de un distrito K (Insaurralde superó en 2011 el 66% de los votos), los más pobres se enojan con la administración nacional: “A Cristina no le importamos porque ella tiene caja fuerte y nosotros no”, se burla Sebastián Daluz, un cartonero que apenas suma lo justo para comer.

Manuel Márquez, que también nació allí, se juntó con un par de vecinos para construir un comedor en el que ayer alimentaron a 75 chicos. Aunque muchas veces pisaron el edificio municipal en busca de ayuda, nunca la consiguieron. En La Cava no ingresan ambulancias y menos la policía. Algo pareció cambiar la semana pasada cuando gente de Insaurralde llegó hasta el ingreso de la Villa para asegurarle a Manuel que la próxima le enviarían fideos. “Si los traen, acá la gente los vota”, describe, resignado a PERFIL.

En la otra punta del Conurbano, en El Garrote de Tigre, Kevin desayuna con mate amargo y Clonazepam –el ansiolítico más conocido– todos los días, jura es la única forma de sentirse controlado. Pero confiesa que no tiene problemas de volver a salir a robar: lo necesita para comer y para ayudar a su familia. Su tía, de 31 años y sus siete sobrinos viven con $ 100 pesos por día. Se sostienen con los $ 2.100 que juntan de los planes sociales que da el Gobierno Nacional –Asignación Universal y otras pensiones– y todos los días salen a cartonear en el barrio porteño de Núñez. Lo que ganan, es sólo para comer.

En las dos villas, las madres luchan contra el ingreso del paco por el daño inmediato que le provoca a sus hijos. Pero les resulta imposible controlar el resto de las drogas. En El Garrote “la bolsita” de cocaína se consigue por $ 50.

Sorprende dentro del barrio un “local” con el nombre de Sergio Massa. Allí vive y trabaja una delegada de la Secretaría de Política Sanitaria de Tigre. Sabe todo lo que pasa, pero
al parecer todavía no logró garantizar ni siquiera las necesidades básicas.


Lucas Morando / Rosario Ayerdi