POLITICA ORLANDO SALVESTRINI


Habla el eterno mediador entre Mauricio y Franco Macri

Protagonista clave del desembarco del grupo en Brasil, dice que nunca oyó de la offshore Fleg Trading y debió declarar ante la Justicia. Los secretos del vínculo padre-hijo.

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Foto:Cedoc

En 1978 Orlando Salvestrini apostó por el macrismo. En una decisión audaz, aceptó la oferta de una empresa casi desconocida. “Me tiré a la pileta”, recuerda este contador de 67 años. Para 1983, el Grupo manejado por Franco Macri tenía 46 empresas, 39 más que cuando se incorporó Salvestrini, y ya integraba la patria contratista. A lo largo de su carrera como gerente polirrubro, tesorero de Boca y amigo de Franco, Salvestrini hizo equilibrio entre el padre fundador y el heredero Mauricio, dentro de una relación novelesca. Citado en una causa contra el Presidente (por no haber declarado que figuraba como director de la offshore Fleg Trading), Salvestrini volvió a terciar. Según la versión de Macri, la offshore había sido creada por Franco para que la compañía Pago Fácil desembarcara en Brasil, inversión que al final no se concretó. Sin embargo, Salvestrini, representante de Pago Fácil en Brasil, le agregó un matiz a la explicación presidencial.

—En su declaración ante el juez Casanello, ¿avaló o contradijo lo dicho por Macri?
—Yo conté la historia. Si avalé o no, no lo sé. Lo concreto es que Mauricio en Pago Fácil no tuvo nada que ver. En 2001 y 2002 él estaba metido en Boca, con Carlos Bianchi.

—¿Pago Fácil operó en Brasil?
—Operó a prueba. No fue una operación con marketing. En 2002 decidimos que no podíamos más.

—¿Qué significa que operó a prueba?
—En junio de 2001 decidimos hacer el testeo de Pago Fácil en San Pablo.

—¿Por qué un testeo?
—Porque si algo fallaba, los responsables éramos nosotros. Había que instalar un software en las cajas de supermercados y farmacias; se cobraban los servicios y, a la noche, una computadora sacaba esa información y la clasificaba. Eso duraba meses. Firmamos un contrato con 25 súper y farmacias, y empezamos las pruebas.

—¿Cómo resultó?
—Bastante bien. Empezamos a tomar gente de a poco para salir con todo el marketing. Hasta que se armó el quilombo de macroeconomía en Argentina y tuvimos que desactivar.

—Pero los negocios del Grupo Macri en Brasil empezaron muchos años antes.
—Desde Itrón, la empresa de informática que yo dirigía. Desembarcamos en Brasil en 1993.

—En 2000 usted publicó el libro “El caso Itrón. Una historia exitosa”. ¿Qué hacía esa empresa?
—Itrón tenía una red electrónica en Córdoba, que era como la tarjeta Sube de hoy. Teníamos tercerización de cómputos y procesamiento de impuestos de Capital, Misiones, Salta y San Luis. Cuando le presentamos el sistema a Adolfo Rodríguez Saá, le dijo a su ministro: “En un mes quiero eso”.

—¿Cómo llegó a dirigir Itrón?
—Yo era gerente del Grupo en Nueva York. Cuando volví, en 1991, Franco me dijo que había una empresa de informática para vender. La vi y le dije que tenía una mina de oro.

—¿Por qué tanta distancia entre la llegada a Brasil en 1993 y el intento de instalar Pago Fácil en 2001?
—Compramos una empresa brasileña, armamos otra para procesamiento de las tarjetas de crédito y tuvimos que arreglar con Bunge y Born, que tenía una parte. Cuando todo se tranquilizó y vimos que Pago Fácil caminaba, pusimos las bases informáticas.

—¿Mauricio influía?
—Con Itrón no tenía nada que ver. El único que me escuchaba era Franco. Mauricio estaba en Socma, peleándose con el padre. En el 95 asume en Boca y empieza a dejar el Grupo.

—Pago Fácil tenía vinculación con la offshore que salió a la luz en los Panamá Papers: Fleg Trading. ¿Lo sabía?
—Me enteré de la relación por los diarios. Yo tenía la responsabilidad del negocio. Sobre cómo se armaba para arriba, nunca me preocupé.

—¿Recuerda Fleg Trading?
—No. Y nunca vi un ejecutivo. Yo hablaba con Francisco y hacíamos negocios. Qué se yo cómo era para arriba, abajo, el costado. De eso se encargaban los contadores de Socma.

—¿En el Grupo era habitual armar sociedades offshore?
—Yo era director de Itrón, pero más allá de eso no sé. En Brasil el grupo tenía fábrica de alimentos, construcción, recolección y carreteras. Si me preguntás el nombre de las empresas, no me acuerdo. Quizás ponían otra empresa por razones impositivas o legales.

—¿El objetivo era pagar menos impuestos?
—Hay varios motivos para armar un esquema de cascadas de empresas: si vos querés socios, te sirve para vender la sociedad en una y no en otra. No es por razones impositivas necesariamente.

—Imagino que Franco quería tributar lo menos posible.
—En la facultad me enseñaron que hay evasión y elusión. Evasión es delito. Elusión es inteligencia. Miles de profesionales estudian cómo eludir impuestos. El tipo que hace negocios no está pensando en eso, pero viene un asesor y le dice hacelo así y así.

—¿Mauricio tendría que haber declarado que era director de Fleg?
—Franco sí lo declaró.

—¿Mauricio le está tirando el problema de los Panamá Papers a Franco?
—Las decisiones las tomaba Franco. Y ésa fue una de las causas por las que Mauricio se fue a Boca. No es que le quiera tirar el fardo, es que era así.

—¿Mauricio optó por Boca y la política para rebelarse?
—El se va del Grupo porque Franco le prometía y no cumplía. Si eso es rebelarse, sí. Franco tenía como idea y deseo que fuera su heredero, pero al mismo tiempo tomaba todas las decisiones. Era una situación incómoda para Mauricio.

 

Del Cosmos a Boca

Unos diez años antes de asumir como presidente de Boca, Mauricio Macri estuvo a punto de comprar el New York Cosmos, equipo en el que jugaban nada menos que dos estrellas como el brasileño Pelé y el alemán Franz Beckenbauer. Papá Franco se opuso y la operación finalmente se cayó.

Cuando el actual Presidente de la Nación decidió ir por Boca, su papá se volvió a resistir: “¡Ustedes son hombres de negocios!”, les gritó a él y a Orlando Salvestrini.

Macri lo desoyó. Y en 1998, una vez al mando de Boca, el actual presidente fue el que desoyó a su comisión directiva ante la elección del nuevo DT: mientras todos preferían a Daniel Passarella, él se inclinó por Carlos Bianchi.

“Passarella ya había aceptado: nos pidió a Orteguita y al Piojo López de refuerzos, y nos hablaba de cómo la 12 iba a delirar”, recuerda Salvestrini. A Macri, el exitoso ciclo de Bianchi le funcionó como trampolín ideal para saltar a la política.

 

Disputa por el Correo

En un principio, Franco Macri no mostró ningún interés en quedarse con el Correo Argentino, ante la ola de privatizaciones menemistas. Fue Orlando Salvestrini quien lo convenció: le advirtió que el correo era casi la única institución que llegaba a la casa de todos los argentinos.

Si los carteros pudieran vender algo de un dólar –especuló el contador Salvestrini–, el Grupo Macri se quedaría con más de 30 millones de dólares casi sin esfuerzo. Mauricio Macri lo apoyó cerradamente.

El 1 de septiembre de 1997, Carlos Menem le dió la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos (Encotesa) a la Sociedad Macri en concesión por 30 años. Salvestrini fue su primer presidente, aunque renunció a los pocos meses en desacuerdo con algunas decisiones.

Finalmente, el Grupo dejó de pagar el canon al que obligaba la privatización –con el argumento de incumplimientos estatales del contrato–, se endeudó y echó a unos diez mil trabajadores estatales. El kirchnerismo reestatizó el Correo y Macri, Franco, demandó al Estado. Sería curioso que ahora fuera a ser su hijo el que deba pagarle.

 

Aquel partido de golf con Trump

Era de noche y Mauricio Macri no volvía a Nueva York, donde lo esperaba ansiosamente Orlando Salvestrini. Donald Trump se lo había llevado en un vuelo privado a su campo de la Florida para jugar al golf.

A lo largo de todo ese año de 1983, Salvestrini, Franco y Mauricio (por entonces un joven de 24 años) amasaron un ambicioso negocio inmobiliario: construir unas diez mil viviendas en una vieja playa de trenes, en el West Side de Manhattan, en posible sociedad con Trump.

Para aceitar la relación con el magnate, hoy el seguro candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, los Macri compartían cenas, charlas, tragos, shows y golf.

En ese primer partido, el actual Presidente argentino hizo un esfuerzo enorme para dejarse perder. “Ya no sabía qué más hacer. Era malísmo”, le confesó esa noche a Salvestrini. El acting, sin embargo, no le redituó demasiado: Trump se quedó con el negocio, para disgusto pleno de Franco, quien sufrió un infarto cuando se enteró. Literalmente.



Andrés Fidanza