POLITICA

Historia pública y privada de Daniel Scioli y Sergio Massa

Dos biografías analizan los posibles futuros presidentes de la Argentina. Parecidos y diferencias con Néstor y Cristina Kirchner.

En tiempos de sobreinformación política, el mercado editorial viene a bajar un cambio y ofrecer dos interesantes libros de investigación a la hora de elegir a que candidato votar en octubre.

"Scioli Secreto", de Pablo Ibañez y Walter Schmidt y "Massa, biografía no autorizada", de Diego Genoud. Ambos, editados por Sudamericana, ponen la lupa en los peronistas que buscan llegar a Casa Rosada en 2015.

Perfil.com entrevistó a Ibañez y Genoud para entender de que manera observar a cada uno de ellos:

Perfil.com: - ¿Qué les llamó la atención de Scioli y Massa para hacer una investigación sobre su carrera?

Ibañez: – El factor esencial que nos llevó con Walter Schmidt a pensar a Scioli como sujeto a explorar e investigar políticamente fue que, a pesar de ser un personaje público hace 30 años, está cruzado por un halo de incógnita e enigma respecto a qué piensa, cómo toma las decisiones, cuales son los empresarios y políticos que escucha. Además de una serie de episodios históricos cruzados por bruma como el reconocimiento tardío de su hija Lorena, el incendio de su departamento, la quiebra de la empresa familiar, su relación estrecha con Menem, su vínculo permanente con Duhalde, la relación con los medios, entre otros. Ante la posibilidad de que Scioli sea presidente, su pasado y su vida se volvieron objeto de curiosidad. Con Walter coincidimos que había un fenómeno Scioli por develar y sobre eso nos pusimos a trabajar.

Genoud: - Massa es un político que a pesar de tener 42 años “ya vivió varias vidas”, como dice Graciela Camaño, una figura fundamental en su carrera política. Tiene una ambición muy grande, ascendió rápido como pocos y fue parte y protagonista de las distintas etapas de la política en los últimos 25 años. Fue el nombre que una parte de la sociedad y gran parte del poder económico eligió para ponerle freno al kirchnerismo en 2013. Ahora que el poder económico parece haberlo relegado entre sus preferencias tiene que apelar al contacto con los votantes como principal recurso. Me interesó repasar su carrera, su ruptura con el kirchnerismo y su conflictiva relación con el Papa Francisco pero también su gestión en Tigre donde se destaca su campaña con eje en la seguridad y la proliferación de barrios cerrados que dejan nuevos inundados como nunca antes.

- ¿Cómo lo definirían al candidato, en su rol político?

Ibañez: - Scioli se asume a sí mismo como un no-político, que no respeta ninguno de los protocolos convencionales de la política, desde reunirse a hablar y rosquear horas con otros dirigentes, o, quizá el factor más clásico, armar políticamente: Scioli fue 4 años vicepresidente y lleva 8 años como gobernador bonaerense, y aun hoy la entidad política “sciolismo” es reducida, casi periférica, integrada por el funcionariato bonaerense y casi sin presencia en el territorio. Scioli renunció a eso porque entendió que dentro del planeta Kirchner solo hay lugar para el kirchnerismo. A la vez, a partir de su experiencia con los medios y la comunicación desde que se inventó como motonauta en los ’80, un deporte tan exótico como peligroso –esto lo prueba su accidente-, Scioli entendió que su valor político era ser un sujeto electoral, un actor del escenario político que mide bien y logra descifrar o expresar el ánimo de las mayorías. Scioli fue el dirigente del kirchnerismo que fue más veces candidatos durante el kirchnerismo: fue cuatro veces, más que Néstor que fue dos y más que Cristina que alcanzo cuatro. Es, en cierto modo, la marca electoral más repetida del proyecto K.

Genoud: - Massa es un candidato que se formó en el liberalismo de Álvaro Alsogaray durante seis años pero que tuvo desde el inicio de su carrera una preocupación por tener una base territorial: desde la primera unidad básica que tuvo en San Martín hasta su decisión de dejar la Anses para hacer pie en el municipio de Tigre y construir desde ahí su proyecto político. Aprovecha al máximo los espacios que tiene y sabe vender sus logros. Busca ser siempre el más rápido, aunque a veces ese tacticismo extremo de ganar protagonismo con una foto le juega en contra. Creo que el oficialismo y el progresismo lo subestiman pero tiene ascendencia en el conurbano y en distintos sectores sociales. Su suegro Fernando Galmarini dice que tiene un carisma similar al que tenía Menem.

- ¿Y el aspecto privado de cada uno?

- El Scioli privado fue el personaje que nos preocupamos por mostrar. Su mundo privado, su quinta de La Ñata, ese clan que mezcla farándula con empresarios y ex modelos y celebrities de alto y mediano rating, lo que nosotros llamamos el sciolismo weekend, el Scioli del fútbol y los almuerzos, las partidas de ajedrez con Duhalde o con Samid o con Balza, las visitas públicas y secretas a La Ñata de un abanico muy diverso: de Julio Iglesias al multimillorario Carlos Slim. Las obsesiones del Scioli privado, su detallismo con cuestiones como la comida, el sistema de conducción entre sus funcionarios, el trato áspero a su entorno, y lo que le aporta Karina Rabolini al candidato Scioli.

- En su rol privado, es un obsesivo del trabajo, de las redes sociales y de los medios de comunicación. No descansa nunca y está en todos los detalles: en eso se parece a Kirchner.

(*) De la redacción de Perfil.com.



Ramón Indart