POLITICA

Incontinencia para todos y todas

Un mes de gobierno, casi quince días de una fuga de película y dos errores que hacen de un caso policial un grotesco político.

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Foto:CEDOC.

Hace sólo un mes, la dinámica binaria del argentino medio estaba entre Cristina y el tándem Pinedo/Macri, el Congreso y la Casa Rosada, el bastón de mando y la banda presidencial, el fin de ciclo K y el dorado esplendor de Cambiemos.

Cambiamos todos. La oposición se volvió oficialismo; 678, un movimiento de perseguidos políticos, y tres delincuentes olvidados en uno de los pocos penales de máxima seguridad del país en hombres libres a la fuerza.

Si la fuga de Víctor Schillaci, Martín y Cristian Lanatta no tuviera por detrás un triple crimen que expuso no sólo el negocio del tráfico de efedrina en Argentina sino también el contacto entre el narco local y el poder político, estaríamos ante una historia digna del mejor absurdo cinematográfico. Álex de la Iglesia podría hacer de ella otro de sus films de culto.

Los personajes no necesitarían mayor ficción que la que ya ostentan los protagonistas reales de este caso policial. La cena de Nochevieja encontró al país discutiendo si los tres prófugos estaban muertos o fuera del país: estaban escondidos en una quinta del Conurbano bonaerense, acaso con una sidra a medio enfriar y un pan dulce de segunda marca. Días después, saldrían a la calle sin modificar sus apariencias y hasta visitarían a exfamiliares. Uno de ellos, supuestamente gordo y con cara de hacer buenos asados, habría visitado a su exsuegra y hecho compras en verdulerías de la zona.

En los últimos minutos del 2015, el ministro de Seguridad de la provincia, Cristian Ritondo, anunciaba: “Los tenemos rodeados. Están en un vehículo”. Ninguno de los delincuentes es mago pero se escaparon del supuesto cerco policial.

Fui transmitiendo lo que me iban pasando los policías”, se excusó Ritondo, el mismo que los tenía rodeados y les advertía que no negociaba con prófugos. “Quizás fue un error mío transmitir que los estábamos a punto de agarrar”, admitió días después, para burlas de todos, incluso de parte del exjefe de Gabinete Aníbal Fernández. El exfuncionario desestimó las acusaciones que lo identifican con el narcotráfico quilmeño y se empecinó en pedirle una rinoscopía al ministro. En su favor, resulta justo reconocer que Ritondo fue el único que hoy se mantuvo en silencio.

En los días siguientes, los prófugos aparecieron en La Rioja, San Juan, Misiones, Quilmes. Pasaron retenes policiales en cambios sucesivos de vehículos y no dudaron en balear gendarmes cuando lo consideraron necesario. Así, salieron de la provincia en la que estaban atrapados. Hoy uno de ellos apareció en una ruta en Santa Fe, pidiéndole agua a vecinos de Cayastá, con un ojo morado y algunos golpes luego de volcar con una camioneta robada. Su apariencia está lejos de la fotografía adjunta a su pedido de captura internacional librado por Interpol y fue apresado por un error propio, no por acierto de las fuerzas de seguridad. A los otros se los tragó la tierra o las arroceras cercanas al Río Paraná. Tal vez, la madrugada los encuentre escondidos en un maizal, buscándole formas curiosas a las nubes.

Durante algunas horas, los todavía prófugos estuvieron detenidos. Los habían encontrado también en Cayastá, Cayastacito y hasta en Las Cuatro Bocas, un paraje ubicado en la otra punta de la provincia. La euforia oficialista pudo saborear, por un momento, el gusto del deber bien cumplido y, más que eso, la satisfacción de acallar las críticas de la oposición que no encuentra su lugar. Elevado a la máxima expresión, el “sí, se puede” copó el discurso de la vicepresidenta Gabriela Michetti, la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra Patricia Bullrich, que anunciaron la triple detención que nunca existió. Desde su reposo médico, el presidente Mauricio Macri se sumó al festejo que duró unas pocas horas.

Ya sin sonrisas, molesta por la “información falsa”, esta noche Bullrich debió hacer frente al segundo papelón del gobierno en el caso, con la argumentación chata que caracteriza al movimiento que integra y que tanto fascina a los Illuminati del marketing político. Sin autocrítica a la vista (de ella o de todos los organismos públicos que replicaron el anuncio), la ministra apuntó a las “conexiones y ramificaciones que tiene el delito en las estructuras políticas y judiciales”.

Para quienes todavía no encuentran maneras de sobrevivir a la grieta ni logran saltarla, no está permitido cuestionar al oficialismo si antes no se criticó con la misma energía a la extinta gestión K. Argumento por demás insuficiente si nos centramos en la motivación superadora de todo reclamo: la identificación del error y su necesidad de enmendarlo, más allá de toda pertenencia ideológica.

Si resulta que el kirchnerismo con exceso de apego militante tiene razón y estos reveses son desprolijidades propias de algún tipo de operación política y mediática, es alarmante la falta de reflexión comunicacional del Gobierno, que ya ha dejado de ser flamante. Si, por el contrario, lo único que hay detrás de estos gaffes es una tonta precipitación, el panorama es acaso más serio y desnuda las falencias del equipo de gobierno de Macri en lo que durante años se creyó eran expertos: la comunicación política.

En cualquier caso, no hay más que “bad information” y una sucesión de ridículos innecesarios. Cambiemos.

 

(*) Editora ejecutiva de Perfil.com | En Twitter: @ursulaup



Ursula Ures Poreda (*)