POLITICA


La autopista Illia, testigo de la nueva relación entre CFK y Mauricio Macri

El Subte, la estatua de Colón, Cristóbal López y la Ley de Medios. Cronología de una relación bipolar.

La relación entre los funcionarios tuvo varios idas y vueltas. En el medio: se interponían múltiples artimañas para perjudicarse.
La relación entre los funcionarios tuvo varios idas y vueltas. En el medio: se interponían múltiples artimañas para perjudicarse.
Foto:presidencia.gob.ar

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri se volvieron a mostrar juntos hoy al inaugurar la ampliación de la Autopista Illia, obra que fue anunciada diez años atrás, pero que fue rehén de la disfuncional relación entre las administraciones de la Nación y la Ciudad: arrancaron y se frenaron tantas veces como ambos dirigentes se enfrentaron o hicieron las pases.

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El primer acercamiento entre ambos, ya como mandatarios de la Nación y la Ciudad, sucedió en 2011, después de las PASO: Cristina felicitaba a Macri por su clara victoria sobre Daniel Filmus mientras que el jefe de Gobierno hablaba de la "contundencia" con la que la Presidenta apabulló a la oposición en las urnas. 

Allí, tanto uno como el otro mantuvieron una "relación por conveniencia": mientras el sindicalismo se alejaba del Gobierno, a Cristina le convenía tener de enemigo a "la derecha macrista". El Pro, por su parte, quería entrar en esa polarización del arco político porque los dejaba como la única alternativa de Gobierno al kirchnerismo.

En ese entonces, comenzaron las obras de ampliación a la Autopista Arturo Illia -inaugurada recién hoy-. El Gobierno porteño necesitaba que la Nación corriera hacia el Oeste las vías del ferrocarril Belgrano Norte y hacia el Este el cerco del Aeroparque Jorge Newbery. Partes de estos desplazamientos se hicieron, pero no todos.

Los tiempos cambiaron rápidamente y a los aires de calma sobrevino la tormenta: en enero de 2012, luego de firmar el acta de traspaso del Subte -como habían acordado- Macri subió la tarifa del transporte alegando que la Ciudad no podía mantener el bajo costo, medida que fue judicializada. En ese momento, el jefe de Gobierno dio marcha atrás y canceló el traspaso, lo que desató la ira del kirchnerismo.

El conflicto, que había empezado a finales de 2011, se extendió durante todo el 2012 con distintos matices: primero giraba sobre el financiamiento, después por la seguridad (el Gobierno quería retirar a la policía federal y la Ciudad decía no tener suficiente personal en la Metropolitana) y más tarde por la tarifa del transporte

El traspaso se terminó concretando en diciembre de ese año, cuando la legislatura aprobó el acuerdo en una sesión maratónica. Allí resolvieron que el financiamiento del Subte saldría no sólo del aumento de la tarifa, sino también del aumento del 10% de peajes en autopistas y un 5% de la suba de las patentes de autos alta gama. Sin embargo, ese no fue el punto final en el problema: aún hay idas y vueltas sobre la seguridad y las subas en la tarifa.

El conflicto significó el final de la luna de miel entre ambas fuerzas, que abandonaron las clásicas chicanas para tirarse con munición gruesa: mientras Macri debía dejar paradas las obras de ampliación de la Autopista Illia porque la Nación dejó de colaborar, el jefe de Gobierno porteño trataba de pegarle al kirchnerismo donde más le dolía.

Lanzado a ganarle una guerra simbólica al Grupo Clarín, el Gobierno había denominado a la Ley de Medios como "la madre de todas las batallas". Pero su principal arma, se había quedado tan paralizada como las obras de Macri pero ya no por una decisión del Poder Ejecutivo, sino del Judicial: la famosa cautelar que amparaba a Clarín mientras los jueces dirimían su constitucionalidad.

Cual tablero de ajedrez, ya sin chances de perjudicar a Clarín con la Ley de Medios, el Gobierno puso en marcha un "plan B": junto con la reforma del mercado de capitales, el kirchnerismo aprobó una clausula que le permitiría a la Comisión Nacional de Valores designar un veedor para cualquier empresa que contice en bolsa, entre otras, para el Grupo Clarín. Fue entonces cuando Macri vio la posibilidad de frustrar esta posibilidad y volver a irritar al Gobierno.

Mientras crecían los rumores de intervención de la Casa Rosada sobre Clarín -ya frustrado su tan ansiado 7D- sorprevisamente el alcalde convocó a una conferencia de prensa para informar sobre un nuevo decreto de necesidad y urgencia mediante el cual establecía que "la actividad profesional de los periodistas, productores, editores y medios que habiten la Ciudad, cualquiera sea el soporte o modalidad que utilicen para la difusión de la información (...) no podrá ser suspendida, interrumpida, demorada, dificultada ni trabada".

La jugada, a Macri, le costó más y más embates por parte de funcionarios kirchneristas. "Lo que hizo es de un alcahueterismo clarinesco llamativo", lanzó el senador Aníbal Fernández, uno de los tantos referentes K que salieron a cruzarlo. La legisladora de Nuevo Encuentro Gabriela Cerruti fue la encargada de presentar una demanda contra el DNU de Macri, pero no prosperó.

Colón en el medio. La incomunicación y el desprecio entre ambas administraciones quedó plasmado en otro conflicto insólito: la remoción de la estatua de Cristóbal Colón que está detrás de la Casa Rosada. Según trascendió, Cristina ordenó sacar el monumento y, sin la autorización de la Ciudad, lo bajó de un día al otro.

La polémica quedó judicializada una vez más, ya que el Gobierno de la Ciudad argumentó que para mover la estatua era necesaria la autorización de la Dirección de Monumentos y Obras de Arte (MOA). Una vez más, el conflicto se quedaba trabado y la Ciudad recurrió a una curiosa solución: por miedo a que se lleven la estatua en horas de la noche, instruyó a cuatro inspectores para que vigilen el monumento las 24 horas del día.

"Ellos quieren sacar la estatua de Cristóbal Colón para poner una de Cristóbal López", chicaneaba un funcionario del Pro en diálogo con Perfil.com. Finalmente, con la llegada de Jorge Capitanich a la jefatura de Gabinete -quien convocó a Macri a una reunión- el conflicto se desenvolvió en otros términos y Macri optó por sacar la vigilancia.

La segunda luna de miel. Después de las elecciones legislativas del 2013, que le ofrecieron un panorama negro al kirchnerismo, la relación entre ambas administraciones comenzó a aflorar. El Gobierno, que no quería hacerse cargo de mover el cerco de Aeroparque para ampliar la Illia, llegó a un acuerdo con el Pro y las obras se pusieron nuevamente en marcha.

Ambos confirmaron que durante el mes de abril mantuvieron una reunión secreta en Olivos por pedido de la jefa de Estado. "Nunca creo que el gobierno haga cosas en forma ingenua, habrán decidido que le convenía decirlo, vaya a saber por qué", explicó Macri en diálogo con Radio Mitre al ser consultado sobre el encuentro.

En el medio, quedaron rumores de pactos subterráneos entre ambos espacios: según publicó el diario Clarín, entre otras monedas de cambio, Macri le concedió el polémico convenio por el juego en la Ciudad que beneficia al empresario Cristóbal López o la de cesión del predio de la exEsma a la Nación. La empresa estatal Autopistas Urbanas S.A. (AUSA), que depende de la Ciudad, terminó de construir los 1.100 metros que faltaban.

Finalmente hoy ambos mandatarios encabezaron un acto conjunto para dejar inaugurado el nuevo tramo vial. Curiosamente, el acto llegó en la misma semana que se habían reavivado las diferencias entre ambos a partir del llamado a indagatoria al vicepresidente Amado Boudou. Ante los pedidos de renuncia, los medios oficialistas recordaron que Macri se encuentra procesado en una causa judicial.

Sin embargo, la Presidenta echó por tierra esa estrategia y, tras ordenar "bancar" a su vice, se mostró antes junto a Macri que con Boudou. "Ni un pacto, ni nada, sentido común".



Redacción de Perfil.com


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