POLITICA EL KIRCHNERISMO FRENTE A LA SUCESIÓN

La Cámpora ya se resigna a quedar sin candidato y busca cargos para subsistir

La agrupación quiere garantizar puestos para sus figuras en las listas de legisladores. Creen que “pueden colar a sus cuadros” sin apoyar a ningún aspirante a la presidencia.

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo en su último mensaje por cadena nacional que se siente “un poco la madre de los argentinos”, pero encarna un matriarcado mucho más concreto en la interna peronista por la sucesión presidencial. Porque si en 2011 el único elegido era su vice Amado Boudou, ahora Cristina se declara prescindente. Abre el juego para que se anote el kirchnerista que se tenga fe, aunque aún deba crecer en conocimiento (Julián Domínguez), aparezca sobreactuado en su fervor cristinista (Sergio Urribarri) o incluso resulte sospechoso para el kirchnerismo (Daniel Scioli) y se pone por encima de la puja por su actual sillón. De forma indirecta, induce a La Cámpora a reprimir sus ímpetus y a no tomar partido. Y así empuja a sus principales líderes a ponerse pragmáticos y pensar en un post 2015 más posible que ideal para ellos mismos.

Pasaron menos de tres años desde aquel acto en el que la Presidenta le puso suspenso de reality show al anuncio de su candidato a vice. Todavía vestida de negro y con Hugo Moyano presente en el salón de Olivos, Cristina Kirchner le dio a Boudou bastante más que el cargo y su confianza: lo perfiló como el sucesor ideal por encima de aspirantes más experimentados, pejotistas o de lealtad dudosa.

Y si bien no queda claro si Boudou dejó de expresar los valores que Cristina pretende para su continuador, lo cierto es que el vice imputado en la causa Ciccone ya no lidera el ranking de los presidenciables kirchneristas.

Desechada esa primera opción, Cristina buscó dejar en claro qué perfil de dirigente no representaba su legado ideológico y, entonces, en 2013, se radicalizó la guerra fría entre su fuerza política y la de Daniel Scioli.

Pero, después de las elecciones legislativas, la Presidenta se reacomodó como una jefa política de la interna que ya no puede ni debe revelar sus preferencias personales. Esa prescindencia conecta perfectamente con el papel que desde el camporismo ya le asignan para después del 2015: líder ideológica regional, anti neoliberal y sudamericanista.

Con tal perspectiva, la Presidenta olvidó viejas inquinas con Jorge Bergoglio y buscó pegarse al papa Francisco. En paralelo, el diputado Andrés Larroque impulsó un proyecto para que en 2015 los parlamentarios del Mercosur se elijan por voto directo, habilitando la posibilidad de que Cristina ocupe una de esas bancas.

La Presidenta, entonces, alienta cualquier precandidatura, sea de gobernadores (Urribarri, Juan Manuel Urtubey y Scioli), diputados (Domínguez) o funcionarios (Florencio Randazzo, Jorge Capitanich y hasta Agustín Rossi) con la idea de que el ordenamiento surgirá de una interna del kirchnerismo ampliado en las PASO, herramienta institucional que ella misma promovió.

“Cristina no va a jugarse y, además, La Cámpora puede colar a sus cuadros sin la necesidad de apoyar a alguno”, explica un dirigente de la agrupación conducida por Máximo Kirchner, que se limita a comunicar la voluntad de “la jefa”. Ante el actual corrimiento de la Presidenta, el objetivo de La Cámpora para el post 2015 es, de mínima, garantizar cargos para sus principales figuras –Larroque, Wado de Pedro, Axel Kicillof, para empezar– y sostener el despliegue territorial ya conseguido, como en el caso de los municipios de Mercedes y Almirante Brown. Todo eso sin atarse a alguno de los presidenciables en danza, tal como por ahora ordena Cristina.

Para el kirchnerismo, el riesgo de ir por la interna ampliada es claro y ya fue advertido por Horacio Verbitsky: que se termine imponiendo un candidato poco afín a la Presidenta y que, casi sin resistencia, su identidad se diluya y pase al olvido, como una moda ideológica más en la historia del PJ.



Andrés Fidanza