POLITICA SINDICALISMO Y CRISIS

La Casa Rosada y la CGT de Caló, en el peor momento de su relación

La central obrera oficial pidió hace semanas una reunión con la Presidenta pero el Gobierno la suspendió. Sus jefes se sienten excluídos. Impacto de la caída de empleo.

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Foto:Cedoc

La CGT oficial atraviesa una de sus peores etapas: se encuentra casi totalmente desplazada del eje de poder y alejada del Gobierno. El secretario general, Antonio Caló, tiene pedida desde hace semanas una reunión con la Presidenta. Incluso, la central llegó a mandar una lista de los diez dirigentes que iban a acudir a ese encuentro con la mandataria, confirmaron fuentes de la central obrera a PERFIL. Pero el Gobierno suspendió todo en medio de la crisis con los fondos buitre.

La negociación por la deuda fuerza a los sindicalistas aliados a acallar los reclamos pendientes. Creen que no hay margen para pedir nada. Sin embargo, un sector de la CGT oficial busca reunirse este miércoles para exigir que la central exhiba algún tipo de reacción pública frente a los despidos, el impuesto a las ganancias y la indiferencia del Gobierno frente a los sindicalistas. El anfitrión del encuentro podría ser Omar Viviani (taxistas).

En una de las últimas reuniones de mesa chica, Caló fue enfático cuando discutía con sus pares más descontentos cómo lograr que el Gobierno resuelva los temas pendientes y el más urgente de esta época del año: que el impuesto a las ganancias no se coma el medio aguinaldo. “Yo a este Gobierno no le voy a hacer un paro”, dejó en claro el metalúrgico. Lo mismo creen en la mayoría de los gremios fuertes que lo acompañan en el Consejo Directivo.

La CGT oficial está desconectada y casi paralizada. Esa es una de las quejas que escuchará Caló este miércoles, si se concreta la reunión que exigen con los más descontentos.

La paradoja es que los gremios más fuertes de la CGT oficial son a su vez los más alineados con el Gobierno y también los más perjudicados por la situación económica. La UOM y Smata son los sindicatos más afectados por las suspensiones de trabajadores y los despidos en las fábricas. Si ellos no se deciden a protestar contra el Gobierno, ¿quién lo haría? Lo más probable en este escenario es que la CGT oficial se mantenga encasillada en una alianza forzada con la Presidenta.

Desde su creación en 2012, cuando los sindicalistas enfrentados a Hugo Moyano negociaron con el Ejecutivo la creación de una CGT que desplazara al líder camionero y fuera reconocida como la única central obrera oficial, la CGT de Caló ha sido siempre un banco de reserva para el Gobierno. Los sindicalistas sienten que hay “falta de contención” frente a sus reclamos. La agenda de demandas es la misma desde hace años: impuesto a las ganancias, fondos de las obras sociales, asignaciones familiares. Las respuestas son coyunturales o nulas. El mensaje de CFK parece ser: los gremios están para movilizar a los actos y apoyar candidatos.

La central oficial siente que no está sentada en ninguna mesa de toma de decisiones. El Gobierno la tiene obviada, y ninguno de sus miembros pudo jamás construir con la Presidenta una relación similar a la de Néstor Kirchner y Hugo Moyano.

Gerardo Martínez (construcción), Caló (metalúrgicos), Ricardo Pignanelli (mecánicos), Viviani, Andrés Rodríguez (estatales), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Armando Cavallieri (Comercio) y el fallecido Oscar Lescano (Luz y Fuerza). Cualquiera de ellos tenía el peso específico y la llegada política para entablar una relación de negociación constante con la Presidenta, pero fue una elección de Cristina Fernández tabicar la influencia de los sindicalistas en sus decisiones de Gobierno. “Ella no quiere ser socia política de nadie”, reflexionan muy cerca de uno de los gremialistas con mejor llegada a la Presidenta.



Emilia Delfino