POLITICA ENTREVISTA

Obispo Fernando Maletti: “La Emergencia Social sirvió para apagar incendios”

El titular de la diócesis de Merlo-Moreno es uno de los hombres de la Iglesia más cercanos a los movimientos sociales. Su influencia en la relación con el Gobierno.

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Pablo Cuarterolo
Pablo Cuarterolo Foto:Pablo Cuarterolo

El obispo Fernando Maletti llegó a Merlo-Moreno designado por Francisco hace cinco años. Antes, fue por 12 años obispo de Bariloche, tras ser ordenado por Juan Pablo II. Como integrante de la Pastoral Social y responsable de la Iglesia en una zona caliente del Gran Buenos Aires, Maletti acompañó a los movimientos sociales y a las negociaciones de ese sector con el Gobierno.

Con llamadas pacientes y un acompañamiento discreto, todos los dirigentes que participan del diálogo social le reconocen un importante mérito. Maletti, en cambio, prefiere hablar de un “granito de arena”. Para muchos laicos y religiosos, es uno de los obispos que mejor expresan el pensamiento del Papa.

Sin embargo, él cuenta que ha tenido poco trato con el jefe de la Iglesia desde que se mudó a Roma, pero igual se siente “afectiva y efectivamente muy cerca” de él. Maletti cuestiona a quienes lo ven como un político antes que como un pastor universal: “Francisco no es un político, de politiquería barata, como a veces dicen algunos, de acuerdo a si recibe a algunos u otros. El recibe a todos, santos y pecadores”.

—Varios dirigentes dicen que usted y otros obispos ayudaron a limar asperezas entre el Gobierno y los movimientos sociales. ¿Es así?

—Más que obispos puntuales, es la Comisión Episcopal de Pastoral Social quien acompañó ese proceso. Como enseña Francisco, las personas que representan los movimientos sociales y populares hacen un trabajo, que es informal, pero debe ser reconocido. Como en todo, no todo es “químicamente puro” en este sector. Pero lo importante es reconocer el anhelo de dignidad.

—Cuando asumió el Gobierno, muchos creían que iba a chocar con los movimientos sociales.  

—Hay gente muy buena y con ganas de hacer el bien en todos los sectores. También hay personas que meten el palo en la rueda, que son como un piñón fijo que no salen de su ideología. Pero creo que se pueden superar los conceptos meramente ideológicos por el pragmatismo de que haya pan, paz y trabajo para todos. Eso no lo discute nadie, y trabajar sobre eso ayudó a que hayan existido arreglos, que fueron muy trabajosos y muy discutidos. Estos arreglos no impiden que siga habiendo protestas y propuestas.

—¿Les toca calmar ánimos tras una reunión difícil?

—Cuando hay un portazo, todos dejan un piecito para que la puerta no se cierre del todo, porque todo el mundo intuye que con un portazo no se llega a nada. En esos casos, ofrecemos un ámbito de confianza, escuchamos confidencias y aportamos nuestro granito de arena para que se vuelva a la mesa.

—¿Cómo evalúa la Ley de Emergencia Social?

—La ley tiene, por un lado, un efecto inmediato: apagar incendios. Porque si no, se venía el mundo abajo. Las organizaciones tienen elementos que les permiten llegar a 1.500 supermercados a pedir comida o desplegar otros medios de presión. En esa coyuntura, la responsabilidad de la cosa pública era atender ese problema. Por otro lado, a mediano y largo plazo esta norma permite consolidar una sociedad como la que pide la Constitución.


Una misa por Maldonado

El obispo Maletti conoce de cerca el problema de las comunidades mapuches. El caso de la desaparición de Santiago Maldonado lo tocó de cerca porque conoció también las consecuencias de la persecución política al clero durante la última dictadura. Hace dos semanas, organizó una misa por su aparición con vida. “En estos barrios pasa que por una reyerta muere alguien en un enfrentamiento; pero éste es un desaparecido,  y para los que somos de esa época nos trae una memoria con un ruido horrible”. La misa trascendió por razones diferentes: asistió la ex presidenta Cristina Kirchner y fue abordada por una familiar de víctimas de la tragedia de Once. El obispo cuenta que las iglesias están “abiertas para todos” y que sólo se enteró una hora antes de que la ex mandataria asistiría.