POLITICA DOCUMENTO DEL EPISCOPADO

La Iglesia advirtió sobre el alza de la violencia y el delito

Los obispos también definieron la corrupción como un “cáncer social”. Jorge Capitanich dijo que la seguridad es una competencia de las provincias.

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Foto:Cedoc

El plenario de obispos concluyó con un durísimo documento sobre la situación de violencia y la inseguridad que atraviesa la Argentina, pero sin una conferencia de prensa, con la expresa intención de que el único protagonista fuera el mensaje: “La Argentina está enferma de violencia”, reza el documento. Además, el texto plantea que los delitos “no sólo han aumentado en cantidad, sino también en agresividad”, y llama a la dirigencia –se sobrentiende, en primer lugar al gobierno nacional– a generar acuerdos y políticas de Estado en este terreno.

En cada cumbre episcopal –hay dos al año–, los obispos conversan sobre las inquietudes que perciben a nivel parroquial en todos los pueblos y ciudades del país. Ese es un gran termómetro. En el plenario que empezó el lunes y concluyó ayer, el tema central fue la violencia y la inseguridad. El documento, titulado “Felices los que trabajan por la paz”, fue entregado en El Cenáculo, una casa de retiro espiritual en la localidad de Pilar, sin grandes expresiones públicas, para “no desviar la atención hacia otros temas”, según destacaron voceros del episcopado a PERFIL.

“Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o trabajar”, afirma el texto. Según el mismo, las causas son diversas, van desde el abuso de drogas hasta la crisis de la familia, desde la corrupción hasta la intolerancia cotidiana. Pero, sostiene, nada justifica “la mal llamada ‘justicia por mano propia’”, referencia directa a los episodios de linchamientos.  

Por supuesto, la Iglesia Católica pone el foco en la cuestión social, advirtiendo que no debe estigmatizarse a los pobres. Por el contrario: “Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencia las situaciones de exclusión social, de privación de oportunidades, de hambre y de marginación, de precariedad laboral, de empobrecimiento estructural de muchos, que contrasta con la insultante ostentación de riqueza de parte de otros”.

Sobre la cuestión de la indolencia de algunos sectores de la Justicia, en la que suele poner el foco el Gobierno, el texto manifiesta que “frente al delito deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia”. Pero, también advierte que esos jueces y fiscales deben contar con los medios necesarios y gozar de “la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias”.

El Gobierno evitó una respuesta directa. En el congreso del PJ, el dirigente camporista José Ottavis dijo que “la inseguridad y la pobreza son temas pendientes” pero negó que la sociedad esté “enferma”. “Sí vivimos una Argentina enferma de violencia en el ’55, en el ’76 y 2001”, agregó.

Las críticas de la Iglesia no se agotaron en la situación social y en la actitud de la Justicia. También tuvo un lugar central el compromiso con la ley, y en ese sentido el documento agrega un duro cuestionamiento a la corrupción como “cáncer social” que causa muerte e injusticias. “Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley”, agrega.  

El documento concluye con un llamado dirigido sobre todo a los políticos: “Exhortamos particularmente a la dirigencia a desarrollar un diálogo que genere consensos y políticas de Estado para superar la situación actual”. Además, invita a realizar una oración por la convivencia pacífica en “la fiesta patria del 25 de Mayo”.  Más temprano, Jorge Capitanitch había salido a descargar sobre las provincias la responsabilidad central frente a la inseguridad.



Sebastián Aulicino