POLITICA


Los detalles de la separación entre Vidal y Tagliaferro

El libro La otra hechicera del periodista del Diario PERFIL, Ezequiel Spillman, revela los motivos que fueron desgastando la relación. 


Foto:CARAS

A cuatro meses de la separación de la Gobernadora de la provincia, María Eugenia Vidal, y el Intendente de Morón, Ramiro Tagliaferro, el libro "La otra hechicera" de Ezequiel Spillman revela desde la intimidad cómo la pareja decidió tomar distancia tras las presiones de las campañas electorales, operativos de los agentes de inteligencia de la gestión anterior y el desgaste constante.

La separación.

El último tramo de la campaña bonaerense, en especial tras las primarias y cuando comenzaba a visualizarse nítidamente que era factible que Vidal le arrebate la Provincia de Buenos Aires al PJ, los mensajes, rumores y amenazas se hicieron moneda corriente. Llegó un punto en el que hasta intentaron tomarse con gracia los nombres de los supuestos amantes de ambos.

Sin embargo la angustia fue el factor predominante para la familia Vidal-Tagliaferro por esos días. El Gobierno y, según creen en el PRO, la ex SIDE, trabajaban noche y día para desgastar a la candidata a gobernadora. “La pasé realmente mal, pero jamás se me ocurrió renunciar a la candidatura”, confiaría ella, meses después.

Vidal comenzó a cuidarse mucho más. Se bajó Telegram, el sistema de chat que permite borrar por completo conversaciones, y abandonó durante largo tiempo el Whatsapp y el Blackberry Messenger. “Me dijeron que tenía el teléfono pinchado y que me estaban siguiendo”, repetía entre sus asesores.

Los rumores sobre supuestos “carpetazos” estaban a la orden del día. Que había contratos irregulares con consultoras de opinión pública, que había amantes, que había episodios de corrupción. Una estrategia coordinada.

Para 2013, comenzó lentamente a complicarse la idea de no hablar de política en el ámbito familiar. Ya el cambio de ella como vicejefa, y las nuevas responsabilidades que supuso, no lo hizo nada sencillo. Habían quedado atrás esos momentos donde podían dejar de hablar de política en familia, salvo los días de vacaciones (que eran pocos), quizás en Puerto Madryn, les dejaban lugar para relajarse.

Las charlas se fueron acotando progresivamente. Empezaron a darse en lugares insólitos: en la camioneta oficial que trasladaba a ella, en la cola del colegio, en cualquier lado. Personal, político. El tema que sea.

“Les fue difícil encontrarse, el tiempo físico siempre fue un insumo para ellos, como el oxígeno. No era una pareja que funcionara a distancia”, revela una fuente familiar. “Por el contrario, les costaba la distancia y en 2015 fue mucha y se les hizo muy difícil”, agrega.

Ya el 2013 había sido complicado. Entre la campaña de él en Morón, -que lo llevó a una interna complicada en la que perdió la primaria por apenas tres puntos pero que le dejó una banca como concejal-, el trabajo de ella como vicejefa sumado al lanzamiento como candidata a gobernadora a fin de año, hizo que comenzaran a visualizarse los roces.

En el verano de 2014 decidieron alquilar una casa en la costa con el único objetivo de descansar y relajarse. Eligieron Pinamar, donde viajaron con los chicos y con los padres de María Eugenia. Aunque habían estado en Europa, tras visitar al Papa Francisco en noviembre y recorrer parte de España, el ritmo intenso del viaje no había generado el anhelado relax.

No resultó como pensaron: lo que se suponía era un refugio para la familia terminó siendo el búnker donde nació la campaña a gobernadora bonaerense. “Pasaba todo el mundo por la casa y nunca encontraron la intimidad que originalmente querían”, acota una fuente familiar.

El propio Macri llamaba por celular a Vidal. Todo para que se asiente en su decisión de pasar a Provincia. El 2014 comenzó sin el descanso buscado.

Tuvieron un momento de esparcimiento en Puerto Madryn, donde disfrutaron de series y de la cocina de sus amigos. Pero fueron días. Pocos. Recién en el verano 2015 tuvieron una escapada veraniega al exterior. Fueron 10 días sin señal de teléfono y casi sin Wifi. Una auténtica excepción para Vidal.

Sin embargo ya en febrero la campaña arrancó. Y arrancó fuerte.“Fueron víctimas del bullying mediático”, le alcanzó a decir, tras la victoria, el periodista Fabián Doman a Tagliaferro.

“Los desgastó personalmente a cada uno y les complicó los encuentros. Tenían todo el día un misil que parecía que iba a entrar por la cocina de la casa”, recuerda una de las fuentes.

Los llamados a la casa de la familia eran constantes. Los sábados el teléfono sonaba mucho.

Los rumores, de baja estofa en muchos casos, hasta llegaban al colegio de los chicos.

Ramiro sentía que lo querían “operar” políticamente, desde la cúpula del PRO, con su propia esposa. “Estábamos intratables”, reconoció, tiempo después, ante sus asesores.

En septiembre todo se complicó aún más. El viernes 25 a la noche cenaron en familia. Luego de que los chicos se fueron a dormir, estaban por acostarse ya y Ramiro estaba más inquieto que de costumbre. Aprovechó y le planteó a María Eugenia su visión de la cruda realidad que estaban viviendo:

- Mirá Mariu, yo no vuelvo a esto nunca más en mi vida. Vamos a ver qué pasa después, pero no vuelvo más.

- Pero no vamos a volver porque si perdemos ya está y vemos, no sé. Pero si ganamos, la gestión la voy a manejar yo.

En ese momento que Aníbal gane era una chance cierta también: las encuestas mostraban que el Frente para la Victoria estaba cinco puntos arriba, aunque con un margen de error aún amplio. La estructura peronista y el arrastre de Scioli lo ayudaban. Ella ahondó pero la conversación se elevó.

- Si gano, voy a ser gobernadora y vos intendente, y la locura va a pasar…

​ - No, te estás equivocando, el poder no funciona así. ¿Qué tiene que ver que seas gobernadora? ¿Pensás que no existe el juego, la Bonaerense, el sistema penitenciario o la falopa?

Ya en el 2016, a Tagliaferro se le notaba el desgaste. “No sé si vamos a poder superar todo lo que nos pasó el año pasado“, le alcanzó a decir. Las elecciones habían pasado ya. Ella había ganado. Él había ganado. Pero Tagliaferro no podía dejar de pensar en la campaña 2015 y se lo hizo saber a su mujer.

Con la decisión tomada, apenas un puñado de amigos estaban al tanto. Muy pocos.

“Tenemos un vínculo que va más allá de la pareja, siempre lo voy a querer”, se confesó Vidal ante uno de sus funcionarios de mayor confianza. “A nosotros siempre se nos notó mucho el amor, no podíamos disimular. No servimos para hacer ´como si´, no me sale, no servíamos para ser una pareja para la foto, y no voy a mostrarles a mis hijos un matrimonio de mentira”, le contó a ese funcionario, un día en el que necesitaba despejarse...

Entre sus íntimos, ella descree que sólo haya sido el efecto nocivo de la campaña. Es un reduccionismo, arriesga. “No le hace justicia ni al amor ni a la política”, desliza. Pero no niega lo visible: fue importante para contribuir a un desgaste natural.

Él se quiebra hablando de los últimos meses de 2015. Ella lo demuestra menos. Quizá sus años de terapia, momento que no perdió como gobernadora, concurre cada viernes al mediodía, hayan colaborado. Ella es exigente hasta en el amor: creyó que podía superar cualquier cosa. Los límites de la autoexigencia se impusieron ante la realidad.

“Lo que más me preocupa son los chicos, estoy muy enfocada en ellos porque nunca nos tiramos con platos ni nos veían discutiendo, y los sorprendió por eso”, le confió a una de sus amigas.

Para Vidal fue un enorme impacto. “Va a ser triste por un tiempo largo, no estábamos enojados, estábamos dolidos”, le dijo a la misma amiga.

Nunca le gustaron las separaciones conflictivas. Ni en política, y menos aún en su vida personal. Acaso con esa máxima de vida, y haberse conocido como amigos logró que, tras la separación, el vínculo entre ellos siga siendo fluido. Tardaron poco tiempo en repartir el patrimonio y decidieron compartir el tiempo con los chicos. Ramiro fue claro: “Tienen que tener su casa, y esa va a ser la tuya”. Un final tranquilo para una enajenada vida política.



Redacción de Perfil.com