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La Tablada: exconscriptos denuncian que les hicieron firmar declaraciones inventadas

Gustavo Antonópolos se quejó ante Perfil.com que los amenazaron con firmar la versión oficial para darlos de baja. Video.

Foto:Cedoc

Gustavo Antonópolos tenía 18 años y ganas de terminar de una vez por todas la "colimba". Como él repite en la entrevista con Perfil.com, era "soldado a la fuerza". Le había tocado el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 con asiento en La Tablada. Ese 23 de enero dormía en la sala de de correos, donde prestaba servicio cuando el reloj dio las 6.15 y se levantó aturdido por los ruidos. Había comenzado el copamiento.

"Ahí veo a gente de civil corriendo con armas. Empezamos a ver que corrían muchos, con muy buen armamento. A los minutos me golpean la reja que divide la plana mayor con la de escuadrón de Caballería III. Yo abro la reja a mis dos compañeros, Cristal y Olivares, que se quedaron conmigo ahí hasta que nos rescataron", cuenta a este portal.

Perfil.com: -¿A partir de ahí qué hicieron?

Antonópolos: - Nosotros no eramos militares, nos hicieron soldados a la fuerza por el servicio militar. No estábamos preparados para algo como eso. Yo tenía llaves de varias oficinas. Ibamos de un lado al otro para ver lo que iba pasando. A los ‘20 atendemos el teléfono y eran del Estado Mayor. Ellos querían que les contáramos lo que estaba pasando. Estuvimos dando vueltas bastante tiempo, haciendo el trabajo de información durante más de dos horas. Después escuchamos que empezaron a salir disparos del otro lado de la reja.

- Los hombres que tomaron el cuartel no llegaron ahí.

- Es que nosotros, al no tener armamentos, no dispárabamos. Calculo que por eso ellos tampoco nos tiraban. No se acercaron hasta que empezó a tirar (Horacio) Fernández Cutiello. Empezó a tirar desde el hall que dividía esta reja. El se acerca y nos preguntó si teníamos armas. Le dijimos que no. No le gustó mucho, se enojó.

- ¿Por qué?

- Quería que lo ayudáramos pero no teníamos armamento y tampoco nos ofrecía armas. Quería que veamos por las ventanas que pasaba.

- ¿Quería que salgan a ver sin armas?

- Bueno, en una de esas ventanas después él cae muerto. Al rato escuchamos el ruido del fusil que cae contra el piso. Lo mataron en ese hall que él quería que lo ayudáramos. Pero sin armas no podíamos hacer gran cosa. Igualmente, sinceramente te digo, si tenía un arma no sé si en ese momento la hubiera utilizado.

- ¿Planearon ustedes alguna forma de escape?

- Yo pensé que no salía de ahí. Pensaba que en cualquier momento entraban y nos mataban. Nosotros veíamos chicas que iban de columna en columna tirando. Ahí dijimos ‘esto es algo groso’

- ¿Quién los fue a buscar?

- Cuando vimos que empezaron a llegar los tanques dijimos ‘listo, tomaron los tanques, estamos al horno’. Ahí golpean la puerta. Salimos con las manos levantadas, aún no sabíamos quienes eran. Ahí vemos a un chico que era un soldado voluntario que ya conocía. Ahí empieza la otra odisea. Nos dicen de ponernos al costado del tanque que nos iba a escoltar hasta la guardia. Se ve que al tanque no le avisaron. Hizo 4 metros y dobló. Quedamos en el medio de todo. Atinamos a correr. Nos pusimos abajo de un Renault 12 que estaba lleno de panes de trotyl (bomba con capacidad para destruir edificios). Ahí el oficial de guardia nos grita ‘ahora” y corrimos hasta la guardia. Todavía nos quedaban 200 metros. Y después en la guardia, había muchos disparos. Ahí él nos dice ‘ahora’ y cuando salgo corriendo, pero mis compañeros no estaban. Se veían los saltitos de las balas en la tierra. Cuando llegué estaba tan pálido que llamaron ambulancias porque me desmayaba.

- ¿Cómo lo viste los días después?

Me fui a casa, me atendieron un poco. Fui a una estación de servicio donde me buscó un amigo. Aparecí como a los dos días. Y lejos de tener actitud de contención porque era un pibe, me trataron mal. Me dieron días de arrestos por aparecer a los dos días. Volví y nos pusieron a limpiar los restos de todo lo que quedó. Me molestó bastante.

- ¿Terminaste la colimba?

Si, los 14 meses. En mayo me daban de baja. A mi me molestó mucho la contención y cuando llegan los momentos de declarar en el Estado Mayor, teníamos la declaración hecha y nos hicieron firmar, así que nosotros no pudimos declarar lo que vimos. Tuvimos que firmar las declaraciones que ellos ya habían hecho. Y si no firmábamos no nos daban la baja. Era fácil, yo me quería ir. Nunca vi lo que firmé.

- ¿Nunca lo pudiste ni leer?

- No, teníamos que firmar. Además tuvimos que firmar cosas que decían que no le ibamos a hacer juicio al Estado y demás. Me sorprendió mucho el estado en que quedaron muchos subversivos. Algunas muertes fueron bastante complejas, como ver a una chica mutilada con las piernas practicamente separadas. Fue como un abuso bastante...me sorprendió.

(*) De la redacción de Perfil.com.



Ramón Indart (*)