POLITICA

Las consecuencias del "todo vale" para ganar una elección

Por Ramón Indart | Robo de boletas y quema de urnas, los problemas del sistema político que no garantiza transparencia. El caso de Tucumán.

Foto:Facebook Tatiana Medici Godward

¿Hay diferencia entre robar una boleta y quemar una urna? ¿Cuál es el límite de lo aceptable? El “vale todo” para ganar una elección termina con este resultado. Cada pequeña violación a las reglas es un paso más hacia el cuestionamiento total del sistema electoral.

Y ahí nos encontramos inmersos en un grave problema. Porque en Tucumán no se cuestiona un resultado, sino un sistema electoral. Se puso en duda la legitimidad del poder. Por eso la represión, porque el Estado no permite un cuestionamiento de fondo.

En la Argentina naturalizamos el robo de boletas. Ya es parte del sistema. Sabemos que sucede. Y también que el perdedor denuncie fraude aunque no tenga la más mínima prueba de que haya habido irregularidades. "Para ganar la elección tenés que tener fiscales" es una frase aceptada socialmente. Pero la consecuencia de aceptar estas trampas terminan en lo peor. Porque un día se roba una boleta, otro día se modifica un acta y finalmente alguien decide que también está permitido quemar una urna. O 42. Todo vale.

Lo sucedido ayer en Tucumán es una consecuencia de la falta de reglas que hay en la provincia y la sensación de impunidad que reina allí. "Te recomiendo que tomes un taxi, pero nunca el primero que aparezca cuando salgas del hotel. Antes caminá unas cuadras para despistar", me advirtieron cuando llegué a San Miguel de Tucumán en 2013.

Durante esos días pude ver con mis propios ojos a los empleados del Departamento de Inteligencia Criminal, conocida popularmente como la "D2", una suerte de policía paralela que se encarga de espiar a todos. A simple vista, autos sin patente y ningún cartel para advertir que allí se encuentra una dependencia policial.

También pude observar cómo la causa por el crimen de Paulina Lebbos apuntaba a ocho hipótesis descabelladas y siempre se evitó investigar a "los hijos del poder". Así llama su padre, Alberto, a los herederos de los principales funcionarios del Estado provincial que, asegura Lebbos, participaron del crimen. "Le cortaron los dedos de la mano para que no haya huellas, es similar al caso de María Soledad, alguien está encubriendo todo", me dijo. Pide Justicia para su hija desde 2006. Van nueve años y no hay responsables.

El gobernador José Alperovich, como líder político del Estado, se maneja con poder absoluto y la división de poderes es apenas un formalismo. La legislatura provincial tiene 49 miembros y 42 son oficialistas.

En el poder Judicial la situación es similar. De los cinco jueces de la Corte Suprema, tres los designó él. Ante tal avance de un poder sobre el resto, se formó un clima social que siempre está a punto de estallar por falta de voz y vías de reclamo. En ese contexto, los agitadores políticos solo tuvieron que encender la mecha. Ahora habrá que ver si alguien la apaga.

(*) De la redacción de Perfil.com.



Ramón Indart (*)