POLITICA OPINIÓN

Las PASO de Schrödinger

Las elecciones del domingo permitieron elaborar conclusiones simultáneas y a veces contradictorias entre sí. ¿Cuáles prevalecerán en octubre?

Cambiemos festejó el resultado antes de medianoche. Cristina celebró a las cuatro de la mañana, cuando achicó la diferencia con el oficialismo.
Cambiemos festejó el resultado antes de medianoche. Cristina celebró a las cuatro de la mañana, cuando achicó la diferencia con el oficialismo. Foto:Cedoc

Un gato está encerrado en una caja opaca. Junto a él hay un dispositivo que, con el paso del tiempo, tiene un 50% de probabilidades de liberar un ácido que mata al gato. Si el dispositivo se activa, el gato muere; si no, el gato sigue vivo. Cuando miremos adentro de la caja, el gato estará vivo o muerto. Pero hasta que no lo hagamos, el gato estará en una superposición de estados, vivo y muerto a la vez [1].

El experimento mental que Erwin Schrödinger planteó en 1935 buscaba demostrar los problemas de aplicar las interpretaciones de la mecánica cuántica a situaciones cotidianas. El austríaco nunca imaginó que su ejemplo hipotético serviría también para explicar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que celebró Argentina el domingo pasado. Unas elecciones tan particulares que permitieron elaborar conclusiones opuestas sobre el mismo tema, válidas o inválidas al mismo tiempo según quien las pronunciara.

En la era de la posverdad y con el panorama particular (algo confuso) que dejó el domingo, vale la pena revisar algunas de estas afirmaciones:

1. Las PASO son una encuesta nacional cara y no sirven para nada. Una idea bastante porteñocéntrica con la que machacaron muchos medios de comunicación y (casualidad o no) muchos dirigentes de Cambiemos, en las semanas previas a las elecciones. La realidad es que solo siete de las 24 provincias del país no definieron candidaturas en las internas de las principales fuerzas políticas: Buenos Aires, Formosa, La Rioja, Misiones, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Río Negro [2]. Incluso la capital del país tuvo internas (aunque no muy competitivas) en su segunda fuerza, Unidad Porteña. En la provincia de Buenos Aires, las PASO tienen especial utilidad este año, ya que funcionaron como una virtual primera vuelta para las generales de octubre: el "empate técnico" entre Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner se resolverá dentro de dos meses en las urnas, para un lado o para el otro, en lugar de dirimirse voto a voto en el escrutinio provisorio. Hablando de eso...

2. Cambiemos le ganó a Cristina, aunque Cristina le gane a Cambiemos. El oficialismo explotaba en festejos cerca de la medianoche del domingo, en el búnker de Costa Salguero, cuando Bullrich superaba a la expresidenta por cinco o seis puntos. Después de eso, la tendencia comenzó a revertirse y alrededor de las cuatro de la mañana del lunes, Cristina se ubicaba solo 0,01 puntos porcentuales detrás de su rival. Más allá de las denuncias de irregularidades, el conteo provisorio cerró con el 95,68 por ciento de las mesas escrutadas y una ventaja de apenas 0,06% para el candidato oficialista. La explicación es simple: los primeros telegramas en llegar al Correo son de las mesas chicas, con pocos votantes, del interior bonaerense, donde a Cambiemos suele irle mejor; horas después llegan los de zonas más populosas, sobre todo del conurbano oeste y sur, donde domina el kirchnerismo. El gato está vivo y muerto a la vez: los dos principales candidatos celebraron una victoria, aunque uno de ellos denunció irregularidades (sin hacer una presentación formal ante el Poder Judicial) y el otro reconoció que puede quedar "unos votos abajo" en el conteo definitivo.

3. El escrutinio fue transparente y normal, pero tuvo irregularidades. La transparencia de las elecciones fue tema de conversación incluso antes del domingo. El martes 8 de agosto, el bloque del Frente Para la Victoria en Diputados expresaba su preocupación por "una serie de episodios que ponen en crisis la transparencia de los comicios", y denunciaban "notorias irregularidades en la contratación del servicio de escrutinio provisorio". El legislador Héctor Recalde apuntó con nombre y apellido a Indra, empresa encargada del conteo desde 1997, y la "llamativa confluencia" de la compañía española con el grupo SOCMA, de la familia Macri. Dos días después estallaría la famosa bomba en las oficinas de Indra en Puerto Madero, lo que dejó un proverbial "clima enrarecido" a cuatro días de las urnas. 

¿El conteo fue lento? No. El escrutinio fue más rápido que el de las PASO de 2015, que terminó a las 13 del lunes, pero en esas elecciones se votaban hasta siete categorías (entre ellas presidente, gobernador y diputados del Parlasur) en algunas provincias, contra las cuatro de este año. En 2013, los resultados de las internas estaban a las 5.40 de la mañana con el 97% de las mesas escrutadas en Provincia de Buenos Aires, con apenas tres categorías. Pero la acusación del kirchnerismo no es que se demoró el total del escrutinio, sino que se priorizaron las mesas donde ganaba Cambiemos y, sobre el final, se "pisó" la carga de datos de las mesas favorables a Unidad Ciudadana. Será difícil investigarlo sin una denuncia judicial, pero la acusación pone en tela de juicio el discurso del Gobierno, que desmiente que haya habido ningún problema (y pone como contraejemplo la carga de datos de 2015 para justificarlo).

4. Es el principio de la hegemonía de Cambiemos. O no. Muchos analistas comparan estos comicios con los de 1985 para Alfonsín, los de 1991 para Menem o los de 2005 para los Kirchner: legislativas que el oficialismo ganó en todo el país y marcaron el inicio de sus respectivas "eras de oro". El resultado es bueno para Macri, es cierto, y probablemente 2017 profundice un viraje de época iniciado dos años atrás (o antes). Los cambios históricos a veces pueden ser como los tornados: difíciles de ver desde sus centros. Pero la dominación de Cambiemos no parece todavía tan clara: solo ganó en 11 de 24 provincias y tuvo un 37% de los votos en todo el país. Una cifra escasa comparada con el 41,6% del PJ en 2005, el 40,2% de Menem en 1991 y el 43,6% de Alfonsín en 1985. Desde el regreso de la democracia, ningún partido logró la reelección después de sacar menos de 40% en todo el país en la legislativa anterior (la UCR tuvo 37,2% en 1987, el PJ 36,3% en 1997, y la Alianza 23,3% en 2001). Hubo excepciones, claro: el kirchnerismo tuvo el 30,3% en 2009 y ganó en 2011 con el famoso 54%, pero esos comicios estaban cargados por la excepcionalidad de un ciclo económico ascendente (que no hubo en los otros tres casos) y la muerte de Néstor Kirchner. A favor de Cambiemos: todavía puede conseguir suficientes votos para llegar al 40% en octubre. Incluso si no lo hiciera, podría tener una nueva salvedad a la regla: sería, de todas formas, la primera fuerza en el país, lo cual no ocurrió en 1987, 1997 ni 2001.

5. Es el fin de la carrera política de Cristina. O no. "Una victoria de Cristina, aunque sea por un voto, sería la peor noticia para el Gobierno". La afirmación, tan repetida en la previa, tenía sentido: un triunfo kirchnerista en el mayor distrito del país podría haber puesto en jaque al oficialismo, en especial en el lugar donde los "brotes verdes" económicos todavía no florecieron (la inflación y la desocupación en el conurbano son unos puntos mayores que en el resto del país). La victoria de Cristina la dejaría, además, como principal referente opositora de cara a 2019. Son entendibles, entonces, las dudas sobre el conteo. Sin embargo, este resultado (virtual empate técnico, con probable ventaja para Unidad Ciudadana) deja en una oposición incómoda a la expresidenta y al peronismo en general: como anticipábamos en esta columna, no le alcanza para pelear una presidencial, pero a la vez tiene suficiente popularidad para dificultar el surgimiento de otro referente opositor (¿Massa, Randazzo, Urtubey?). El panorama es desfavorable, pero no definitivo: si Cristina mejorara su caudal de votos en octubre, volvería a quedar en carrera para las próximas presidenciales. Y la historia política reciente abunda en casos de derrotas reversibles: el propio kirchnerismo estaba perdido para las presidenciales de 2011 antes de la muerte de Néstor Kirchner, y Carrió pasó del 1,8% de votos nacionales ese mismo año a ser la principal figura de Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires en 2017. El gato no está muerto hasta que no se abre la caja.

Una de las respuestas al experimento de Schrödinger es la llamada "interpretación de Copenhague", elaborada ocho años antes, que plantea que el gato deja de estar vivo y muerto al mismo tiempo cuando se lo observa. En ese punto, uno de los dos escenarios deja de existir y el otro deja de ser hipotético [3]. Habrá que esperar a octubre para terminar de abrir la caja.


[1] Esta es una versión simplificada del planteo de Schrödinger, solo válida a fines ilustrativos y sin relevancia científica real. El experimento es más complejo y sus implicancias para la mecánica cuántica también, sobre todo para un simple periodista. Ante cualquier duda, consulte a su físico de cabecera.

[2] Río Negro tuvo internas en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), pero todas las listas obtuvieron un total del 3,9% de los votos provinciales, por lo que no se lo puede considerar "una de las principales fuerzas políticas".

[3] Véase [1].