POLITICA AUSTRAL CONSTRUCCIONES EN LA MIRA

Lázaro, envuelto en otro caso de facturas truchas

Uno de sus proveedores cayó por evasión y facturación falsa. Le vendía a Báez y paga sus deudas millonarias, pero no tiene fondos.

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Foto:Cedoc Perfil

Un proveedor de Austral Construcciones tendría una usina de facturas falsas, y Lázaro Báez queda otra vez salpicado por un escándalo de supuesta evasión, confirmaron fuentes oficiales a PERFIL.

Todo comenzó en 2008, cuando la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) comenzó a fiscalizar a dos empresas de Bahía Blanca, Grupo Penta y Calvento SA, por su llamativo caudal de facturación. Ambas empresas están a nombre de Silvio Luis Ficcadenti. Si se determinara que Báez utilizó esas facturas podría probarse que cometió un delito que lo compromete en la causa por supuesto lavado del juez federal Sebastián Casanello.

La AFIP determinó que sólo Calvento sería una usina de facturas falsas y su expediente está siendo judicializado. Sobre Grupo Penta, que habría facturado al menos $ 7 millones más IVA a Austral Construcciones, no se estaría avanzando penalmente y la firma consiguió dos planes de pago en la AFIP, confiaron fuentes oficiales.

Lázaro Báez ya tiene un importante antecedente de facturas truchas, pero siempre logra zafar de la Justicia. En 2007, un equipo de la DGI comprobó más de $ 500 millones facturados por Gotti SA, una de las principales empresas del empresario K. Presidencia habría ordenado que se frenara la embestida contra Báez, y el fisco nunca lo denunció.

Cuando los inspectores de la AFIP comenzaron a investigar a Calvento SA, la empresa se defendió diciendo que su actividad era el alquiler de maquinarias y equipos para el agro, la construcción y el transporte. Sin embargo, la firma no posee bienes. La propia AFIP la ingresó en la lista de firmas “apócrifas” por “resistencia a la fiscalización” y “sin capacidad económica”, afirmaron las mismas fuentes. En el caso de Grupo Penta SA, del mismo dueño, el fisco también detectó casos de facturas clonadas o mellizas. La firma funcionaba en una pequeña oficina de Bahía Blanca y según allegados a la firma facturó unos 20 millones de pesos a Báez. Durante la fiscalización sólo se habrían detectado facturas por $ 7 millones más IVA. La AFIP no la catalogó como “empresa fantasma” porque a diferencia de Calvento, Grupo Penta habría aportado comprobantes de compra de maquinaria para la construcción y tenía no menos de seis empleados.

Además de los antecedentes de su dueño, Grupo Penta SA tiene llamativas características. Fue inscripta en enero de 2008 con un capital de 12 mil pesos. Estaba habilitada para el transporte de cargas y venta de artículos de hogar. Dos años después, pasó del rubro de televisores para el hogar a alquilar maquinaria vial y construir edificios. “Grupo Penta no tenía empleados ni maquinarias y era manejada por una persona cuyo principal trabajo era venderle facturas a Austral Construcciones”, confiesa una fuente que conoce las operaciones financieras de la empresa santacruceña.

Cuando la AFIP comenzó a investigar al dueño de estas empresas, la señal de alarma se encendió en Santa Cruz. El contador del clan Báez, Claudio Fernando Bustos, habría viajado en agosto hasta Bahía Blanca para acordar un plan de salvataje que permitiera regularizar la deuda de Grupo Penta ante el fisco. Es el segundo plan de pagos que consigue Grupo Penta. Acordaron pagar $ 10 millones. Pero la compañía tiene cheques rechazados por $ 36 mil y figura en la categoría irrecuperable en la base de datos del Banco Central de la República Argentina. Sin embargo, el mes pasado logró conseguir casi medio millón de pesos para saldar su deuda en la AFIP. Tal vez tenga un salvador anónimo.



Emilia Delfino / Rodrigo Alegre