POLITICA


“Lilita, esto ya me está afectando a mí”: la queja del Presidente a Carrió

La causa judicial contra Daniel Angelici abrió una grieta en el Gobierno.

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Foto:Cedoc

La denuncia de Elisa Carrió sobre Daniel “el Tano” Angelici por ser un “facilitador” judicial encendió una fuerte interna del gabinete de Mauricio Macri y puso de relieve la tensión que se manifiesta en el espacio de Cambiemos.

La presunta injerencia de Angelici en los Tribunales de Comodoro Py, que terminó con una indagatoria, llevó a que el propio Presidente debiera intervenir para contener el daño.

Ahora, en la intimidad, Angelici culpa de su situación al ministro de Justicia, Germán Garavano, al asesor judicial, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón y a un sector del PRO de haber fogoneado las denuncias de Carrió con información y empujar su circulación en los medios.

La interna subterránea comenzó a crecer luego de que el presidente de Boca regresara de un viaje de placer por Londres.

Cerca del “Tano” aducen que Garavano puede sentirse desafiado (lo muestra el vínculo preferencial con Juan Mahiques, subsecretario de Relaciones con el Poder Judicial) por las gestiones que  protagoniza Angelici. En rigor, no hay otra figura del PRO que recorra Comodoro Py fuera del circuito institucional. El ministro de Justicia juega en otras ligas. Alguna vez, el ex juez y luego ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, fue candidato a ocupar el papel que asumió Angelici, pero el Presidente lo envió a la embajada en Uruguay, una forma decorosa de deshacerse de él.

Diferencias. Angelici y “Pepín”, el asesor presidencial, están enfrentados por presiones, que ejerció el Tano para que no avance contra Cristóbal López, su colega en el negocio del juego. El presidente de Boca tampoco tiene buena sintonía con el secretario Legal y Técnico, Pablo Clusellas ni con José Torello, jefe de asesores del Presidente y mandamás de la “mesa jurídica”.

Entre las “gestiones” del Tano se pueden contar dos concretas: negociar la jubilación con Norberto Oyarbide y lograr que María Romilda Servini de Cubría impugne una lista opositora a la suya en el Colegio Público de Abogados. Desde ese cargo podrá legitimarse institucionalmente: hablará de la Justicia y tendrá la potestad de reunirse con jueces y fiscales sin estar en las sombras (ver página 4).

Ante la denuncia de Carrió, el presidente de Boca prepara la contraofensiva. Pidió  ser parte de la lista macrista para el Colegio Público. Luego, intentará fortalecer su vínculo con Macri y mostrar su poder real: la inmensa cantidad de funcionarios que colocó vinculados al área judicial. Entre ellos, “Jerónimo Di Santo”, el nombre ficticio de uno de sus abogados de su confianza que juega fuerte en la Agencia Federal de Inteligencia. Resolvió, además, presentarse al pedido de indagatoria con la firme idea de que eso podría resultarse beneficioso.

Horas antes de viajar a Washington, Macri citó a “Lilita” y al radical, Ernesto Sanz, a Olivos. “Lilita, esto ya me está afectando a mí. Ya no es el Tano, soy yo”, le dijo. “Bueno Mauricio, estoy podrida de los jueces federales corruptos que cajonean las causas y tu amigo habla con ellos y ofrece sus servicios”, le respondió. Por lo pronto, Angelici viajó a San Pablo, por un tema vinculado a Boca. Se lo notaba preocupado pero con confianza: cree que Macri no le soltará la mano en esta disputa.



Ezequiel Spillman