POLITICA TRIPLE CRIMEN

Los prófugos estaban vigilados en el penal por guardias con muy poca experiencia

Dos de los miembros del Servicio Penitenciario que tomaron como rehenes se habían recibido hace un año. Los Lanatta y Schillaci integraban el grupo de detenidos riesgosos y debían tener un control especial.

Foto:Cedoc

Ramiro Toleres cumplió 21 años el miércoles pasado. Es oficial adjutor del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Tiene mínima experiencia. Obtuvo el título de técnico superior en ejecución penal en diciembre de 2014, y poco tiempo después fue asignado a la Unidad 30 de General Alvear.

En la madrugada del domingo 27 de diciembre, Toleres estaba a cargo de la seguridad externa del penal. Era “comandante de guardia y oficial de servicio”, según se desprende de la declaración del ex director de la cárcel, el prefecto mayor (EG) Manuel Guebara.

Cumplía doble función por falta de recursos”, reconoció un vocero penitenciario consultado por PERFIL. Esa noche, Toleres se encargó de asignar y controlar los distintos puestos de seguridad en el perímetro externo a la unidad. Fue el segundo rehén que tomaron Martín y Cristian Lanatta, y Víctor Schillaci, en su camino a la libertad.

A Toleres lo encontraron en el sector de consejería, en la antesala de un túnel de unos veinte metros que atraviesa el muro y por el cual se accede a los pabellones, el Salón de Usos Múltiples (SUM) y el sector de Sanidad, donde estaba alojados los evadidos. Cuando el guardia fue auxiliado, se encontraba “en el piso, amordazado y atado de manos y piernas”.

Según coinciden las distintas fuentes consultadas por este diario, “un oficial adjutor, con menos de un año de antigüedad, no está preparado para ocupar un rol importante en la estructura de seguridad de una cárcel de máxima seguridad”. “Es como jugar una final del mundo con un arquero amateur de una Quinta División”, entendió un vocero penitenciario.

La seguridad de la cárcel de Alvear, como en otras tantas unidades penitenciarias bonaerenses, está en crisis por falta de hombres y recursos. De hecho, los voceros admiten que muchos chicos “cumplen funciones que no deberían por falta de presupuesto”. Hay más de 20 mil postulados para ingresar al sistema pero, aunque las fuentes oficiales aseguran que se deben cubrir 2.500 vacantes, la escasez de recursos impide que se complete el personal.

Otro ejemplo de la precaridad del penal es el caso del otro rehén: quien estaba a cargo de la custodia de los hermanos Lanatta y Schillaci, en el sector de Sanidad. Luciano Sabat es también un oficial adjutor, el rango más bajo en el escalafón de la jerarquía penitenciaria. También se recibió hace un año pero cuenta con experiencia en otras unidades.

Sabat, que al igual que Toleres es uno de los ocho penitenciarios pasados a disponibilidad preventiva, fue el primer guardia tomado como rehén por los evadidos.

Según fuentes del caso, lo amenazaron con un arma, le quitaron un manojo de llaves y lo golpearon. En su cuenta de Facebook publicó una foto en la que aparece con el ojo izquierdo morado. No parece un golpe muy fuerte. A él lo encerraron en la celda de los fugitivos. Lo llamativo es que el accionar de los detenidos no fue muy escandaloso. Cuentan que el médico que esa noche estaba de guardia recién se enteró de la fuga cuando llegaron las máximas autoridades de la unidad.

Los hermanos Lanatta y Schillaci llegaron al sector de Sanidad en agosto, autorizados por la jueza de Ejecución Penal de Mercedes, Marcela Otermín. A pesar de una primera negativa del Servicio Penitenciario, que argumentó no ser un lugar seguro, por la insistencia de la magistrada se colocó allí una cámara de seguridad monitoreada por un agente las 24 horas y finalmente fueron trasladados a ese sector.

En el Servicio Penitenciario explican que los tres presos fugados formaban parte de un listado de cerca de 1.200 con “causas sensibles” que poseen un “alto control” ya que cualquier cosa que les ocurriese cobrarías fuerte notoriedad. Sin embargo, la madrugada del 27 de diciembre, lograron escapar.



Leonardo Nieva