POLITICA


Mal de amores

A mis años, supe narrar en medio de un debate sobre la supuesta “grieta” que, en mi caso, había terminado con una relación sentimental.

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Foto:Cedoc

A mis años, que son muchos y nunca los niego, supe narrar en medio de un debate sobre las consecuencias de la supuesta “grieta”, que en mi caso había terminado con una relación sentimental. Este hecho era para mí un dato más y no el elemento central de esta discusión en la que estamos inmersos. No intentaba hacer centro en lo sentimental, ya demasiado vapuleado por los jóvenes que son los que están en el tiempo de transitarlo. Sólo intentaba marcar hasta qué punto los fanatismos lastiman nuestras relaciones humanas. Y en esa situación nos dejó el pecado de la secta con lealtad a un único propietario y jefe absoluto, no podemos negar que esa forma absurda de comportarnos abarca demasiados espacios de nuestras lastimadas relaciones.

Lo normal es que las dos hinchadas que comparten un partido se enfrenten por la creatividad de sus cantos o por la potencia de sus voces. En nosotros, ese duelo terminó cobrando vidas. Debemos ser uno de los pocos países del mundo donde las canchas prohíben el ingreso de hinchadas visitantes, tanto intentar tomar distancia de la confrontación de los setenta que volvemos a poner en vigencia los odios que la engendraron. En los espíritus democráticos y libres la diferencia de ideas es riqueza para toda relación, en los fanáticos es la definición del enemigo, y en consecuencia compartir algo se convierte en traición ideológica o religiosa. Algunos recordarán al Perón del cinco por uno o “al enemigo ni justicia”. Eran los tiempos del enfrentamiento, luego vinieron los del abrazo, que son los más cercanos, los últimos y, en consecuencia, los que estamos obligados a heredar.

Perón nos ordenaba no ser “ni sectarios ni excluyentes”. Suelo decir a veces que en su capacidad de prever el futuro nos estaba avisando de no caer en la tentación del kirchnerismo. Lo cierto es que estamos saliendo de un tiempo donde la idea central era que ellos estaban convencidos de ser los dueños del bien y la justicia y nos dejaban al resto ocupando el oscuro espacio del mal y la derecha. Si el otro expresa al mal, la convivencia se vuelve imposible. Peor aún cuando lo consideran “idiota útil”, término tan utilizado por la dictadura genocida, personaje que actúa al servicio de alguien que lo maneja como un títere.

Mi enojo con los kirchneristas es exagerado, soy consciente de mi pecado, pero lo vivo como la reiteración del fanatismo de los setenta, cuando les decíamos a los gritos que la guerrilla no tenía ninguna posibilidad de triunfar y nos consideraban cobardes por no tomar las armas. Otra vez el fanatismo se impone a la razón, otra vez el fracaso es un camino que elige una minoría pero que terminará lastimando a todos. Lo peor es que en la dictadura siempre nos respetamos los violentos y los pacifistas, nos ayudamos entendiendo que eran opciones libres que cada uno transitaba según su buen entender. Pero ahora todo se puso más duro, viejos amigos y compañeros de ruta que vivimos las más duras siendo solidarios, ahora terminamos sin saludarnos o imponiendo el golpe bajo como forma de la relación.

Milito desde el año '73, el kirchnerismo me llevó más amigos que la misma muerte, el fanatismo enceguece y el ser funcionario termina obligando a demasiados a desviar la vista. Hace poco, evité saludar a la persona con la que más nos ayudamos en los días del golpe. Hace un par de meses no pude sostener más una relación afectiva que me cuestionaba el voto, y entonces me hago cargo de mis errores, pero aclaro mis enojos.

Voté a Macri porque me devolvía la noción de adversario y tuve miedo de que con Scioli se impusieran los enamorados de la lucha de clases, los cultores de la división y necesitados del odio al enemigo. Hablé de una relación sentimental sólo para marcar que la fractura no encuentra límites, divide familias y sociedades, es una de las peores enfermedades del ser humano. Macri es muy de derechas y me enoja pero, en estos tiempos, la democracia era más importante que la justicia, o al menos que la supuesta justicia en nombre de la cual nos intentaron quitar la libertad.



Julio Bárbaro