POLITICA LA OTRA CARA DE LA IMPUNIDAD


Más de dos décadas después aún hay dudas sobre los muertos de la AMIA

Restos sin identificar, muestras que no coinciden y hasta un cuerpo desaparecido resumen la dolorosa incertidumbre que persiste al atentado.

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Foto:Cedoc Perfil

Un cuerpo NN que desapareció del cementerio de la Chacarita. Muestras genéticas que fueron resguardadas durante años, sin que los familiares de las víctimas lo supieran. Una autopsia con un grupo sanguíneo que no coincide con el de la víctima. Pruebas fundamentales como las filmaciones de las autopsias que permanecieron por más de dos décadas en depósitos de las fuerzas de inteligencia, lejos de los legajos judiciales.

Este cúmulo de irregularidades abre una incógnita dolorosa para los familiares y amigos de las víctimas mortales del ataque a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994. Al dolor de quienes aún hoy no tienen certezas sobre los autores y las circunstancias que llevaron a la mayor masacre de la era democrática argentina, se suma la escalofriante incerteza sobre el manejo de los cuerpos y el trabajo forense.

El 17 de marzo, en coincidencia con el aniversario del atentado contra la Embajada de Israel, comenzaba poco después de las  9 una nueva audiencia del juicio por las irregularidades en la investigación de la AMIA, que tiene como acusados al ex presidente Carlos Menem, el ex juez Juan José Galeano, al ex titular de la DAIA Rubén Beraja y a los jefes de fuerzas de seguridad e inteligencia de aquella época. Ese día prestaron testimonios dos referentes de la agrupación Memoria Activa.  

Diana Wassner de Malamud, cuyo marido falleció en la mañana trágica de 1994, contó un dato desconocido para la mayoría. “Cuando vi el documento de la autopsia de Andrés, aparece un grupo sanguíneo que no era el de él; yo tenía guardado el prenupcial, y aunque sabía que no era el grupo lo miré para verificarlo y no coincidía”. Malamud dijo ante el Tribunal Oral Federal Nº 2 que, al conocer ese dato, fue a consultar a Beraja, quien la recibió en una oficina sobre la calle Viamonte. “Le conté mi situación y él me dijo que no diga nada, porque iban a exhumar los cuerpos, yo decidí no contarlo pensando en los familiares”.

Tras el atentado, además de los cuerpos que fueron identificados y enterrados, los investigadores recolectaron material orgánico que nunca fue identificado. “Había bolsas de consorcio con restos humanos”, cuenta Laura Ginsberg de Apemia, quien perdió a su compañero José Enrique Ginsberg en el atentado. “Por eso nosotros siempre pedimos que se tomen muestra de quienes habíamos perdido un familiar, para lograr identificar todos los restos”.

Según indicaron a PERFIL en coincidencia integrantes de Memoria Activa, el reclamo fue reiterado en numerosas oportunidades. Cuentan además que Alberto Nisman nunca accedió a ese pedido, inclusive señalan que el fiscal, fallecido en circunstancias no esclarecidas, se había cuidado de contar que existían muestras de todas las víctimas que fueron enterradas.

El equipo de fiscales que reemplazó a Nisman, integrado por Sabrina Namer, Roberto Salum y Leonardo Filippini, presentaron esta semana un informe de gestión. Allí reconocieron que aún no hay certezas sobre este punto clave. “Resulta de suma relevancia la determinación de la cantidad exacta de víctimas que perdieron la vida”, enfatizaron. Según indican, con este objetivo se firmó un convenio con el Equipo Argentino de Antropología Forense, de renombre mundial por su trabajo en la identificación de desaparecidos. También se están recabando muestras genéticas de familiares para un entrecruzamiento.

El equipo forense también buscará identificar el cuerpo de una víctima NN que terminó en una fosa común, a pesar de la importancia probatoria que tiene. Se intentará lograr identificarlo entre los restos del osario donde fue depositado en lo que parece una grave negligencia de los primeros responsables de la investigación.

Buscan identificar al presunto suicida
La Unidad Fiscal de Investigación AMIA fijó como una de sus principales tareas la búsqueda de pruebas relativas a la presunta existencia de un atacante suicida. El fiscal Alberto Nisman había avanzado la idea de que el responsable del ataque fue Ibrahim Hussein Berro, sindicado como integrante de la milicia libanesa Hezbollah.
En el informe de gestión publicado esta semana, los fiscales señalaron que encargaron al Equipo Argentino de Antropología Forense las pesquisas para determinar si, entre los materiales orgánicos no identificados, hay muestras que no coinciden con ninguno de los familiares de las víctimas conocidas. “En caso de hallarse patrones genéticos que no coincidan con los fallecidos identificados, se estaría ante la posibilidad de determinar si se trata de víctimas no identificadas o restos de otras personas, incluyendo Berro”. Hay dos vías abiertas para lograr el perfil genético de Berro. Por un lado se pidió ayuda a la Comisión de Energía Atómica, para determinar si hay material genético en los restos de la Trafic presuntamente usada para el atentado. También se cursó un exhorto para saber si autoridades norteamericanas cuentan con muestras de los hermanos de Berro, que fueron interrogados por el FBI.



Aurelio Tomas