POLITICA ANIVERSARIO

Néstor y Cristina, la historia de los hermanos desaparecidos de Norma Morandini

A cuarenta años, reflexiona sobre la memoria y la justicia y hace un llamamiento en los casos de Julio López y Santiago Maldonado.

Los Morandini en sus bodas de plata con sus cuatro hijos: Néstor, Cristina, Norma y Lisy.
Los Morandini en sus bodas de plata con sus cuatro hijos: Néstor, Cristina, Norma y Lisy. Foto:Cedoc
La titular del Observatorio de Derechos Humanos del Senado, reflexiona sobre el drama de los desaparecidos, a la luz de lo sucedido con sus hermanos hace 40 años. Reproducimos su carta, publicada en sus redes sociales: 

El 18 de septiembre de 1977 fueron secuestrados, presos y desaparecidos mis dos hermanos, Néstor y Cristina. Cuarenta años se interponen entre aquel domingo que partió la vida de nuestra familia. Desde entonces me debato en el dilema de si debo dar testimonio personal, familiar, íntimo, o un testimonio histórico de la que creo fue la peor tragedia contemporánea de Argentina, la que se perpetúa en el tiempo y sigue condicionando la democracia. Hoy no tengo dudas, el pasado sólo puede ser aprendizaje, nunca venganza. Menos aún, manipulación política. La perversión de la figura del desaparecido, me temo, no termina de entenderse. Al desaparecido nadie lo vio morir. Fue deliberadamente secuestrado para ocultar su cadáver y luego negar el crimen. Ocultamiento, secretismo y mentira, las tres lacras que La luz democrática debe erradicar como cultura política para recuperar el camino que comenzamos de la mejor manera, el juicio a las Juntas Militares y el histórico alegato del "Nunca Más", del que hoy, 18 de septiembre, también se cumplen treinta y dos años. El mayor consenso al que llegó nuestro país cuando nadie le preguntaba al otro sobre las preferencias o pertenencias partidarias. Fue el mérito de un presidente valiente y un tribunal de jueces independientes que no especularon sobre la duración o la gobernabilidad de la democracia naciente. 

Sobrevivientes que vencieron su propio temor y dolor y reconstruyeron para todos la verdad sobre el terrorismo de Estado. Y el siempre renovado respeto a esas mujeres que abandonaron el protegido lugar del hogar para lanzarse a la plaza e increpar al poder para conocer el paradero de sus hijos. Una larga peregrinación que abrir la necesidad de verdad y justicia como anhelo democrático.

Un 18 de septiembre también fue secuestrado Julio Lopez, desaparecido en democracia. Una coincidencia del calendario que debiera servirnos para no banalizar el pasado y construir finalmente la república democrática que nos hemos dado como sistema de gobierno. Esto es, la división de los poderes, una justicia que investigue realmente, un Poder Ejecutivo que nos dé certezas y encare la democratización de las fuerzas de seguridad. Todo lo que no se hizo en el tiempo pasado. A diferencia de las Fuerzas Armadas que salieron desmoralizadas de la dictadura y se subordinaron a la ley democrática, en cambio, las fuerzas de seguridad, especialmente la Policía, de purga en purga, la Gendarmería y la Prefectura no han sido entrenadas en el respeto a los derechos humanos, ni recuperaron la confianza de la ciudadanía. Los temas pendientes de la democracia que demandan un debate responsable sin el facilismo de los slogans partidarios que ponen siempre las culpas y eluden la responsabilidad que nos corresponde a cada uno de nosotros. La desaparición de Santiago Maldonado nos pone a prueba a todos: la Justicia, que debe investigar; el Gobierno, que debe darnos certezas; y las organizaciones de derechos humanos, que no deben utilizar el pesar de una familia en la que falta uno de sus integrantes. La desaparición de una persona en democracia es intolerable.

Al recordar a mis dos hermanos desaparecidos y a mi madre de pañuelo blanco reitero mi convicción democrática para que finalmente los argentinos aprendamos a vivir en el respeto de las diferencias, con confianza en las instituciones de la Republica, sin la ira ni el odio que atentan contra la convivencia pacífica. La democracia es el único sistema que se modifica con el tiempo, legitima los conflictos y nos obliga a trabajar sobre ellos para resolverlos, en paz.