POLITICA

No contaban con Randazzo

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Daniel Scioli sacudió el tablero político al anunciar que Carlos Zannini sería su candidato a vice. Florencio Randazzo hizo lo propio al anunciar que no sería candidato a gobernador.  No es posible evaluar el primer hecho sin referirse al último.

Estrategia y estrategas. Un principio básico de la estrategia es no subestimar al rival. Ese principio implica otro: el rival puede hacer algo inesperado. Un tercer principio prescribe que cuando se trata de poderes personalistas (es decir, casi siempre), cualquiera puede ser un enemigo potencial, aunque sea un aliado.

La noción de líder poderoso es consubstancial a la de estratega. La idea de que el poder deviene de una inteligencia estratégica superlativa es una tentación irrenunciable. Sin embargo, no siempre es así.  A veces, porque inciden otros factores, pero -fundamentalmente- porque las estrategias pueden fallar.

¿Estrategia brillante o error de cálculo? Si además del fin de encorsetar a Scioli a través de Zannini, el plan de Cristina incluía forzar a Randazzo a bajar a la Provincia; la jugada habría sido genial. Con el ministro como candidato resultaba muy probable que el oficialismo ganara la gobernación y la presidencia en primera vuelta. Si a eso se le sumaba el control del Congreso y la Justicia, ¡bingo!: el sueño de perpetuidad del kirchnerismo se habría consumado. Pero algo falló.

No contaban con Randazzo. Uno de los problemas de los fabuladores es que puede aparecer alguien capaz de tomarlos realmente en serio. El pragmatismo kirchnerista admite poder decir cualquier cosa y luego lo contrario sin inmutarse, con tal de satisfacer un capricho presidencial investido como emanación de un poder sagrado. El problema es que Florencio Randazzo quizás creyó seriamente que esa entelequia del modelo Nac&Pop era una verdadera gesta heroica conducente a consumar la utopía. Entonces, ante la arremetida salvaje de un poder amoral, se vio en la obligación de anteponer el límite ético de las convicciones.

Escena final. Con esa renuncia el oficialismo perdió doblemente. Primero, porque la imagen de hacedor eficaz del Ministro aportaba un caudal de votos excedente. Pero, además, porque el gesto heroico de quien se rebela ante el poder arbitrario dejó en offside a un Scioli que, fiel a su historial, vuelve a agachar la cabeza.

El saldo es magro para todos. Randazzo encarna al héroe trágico que debe sacrificarse en nombre del Ideal. Scioli pone bajo sospecha su real capacidad de ser un presidente autónomo. Y Cristina vuelve a evidenciar que su deseo de ir por todo puede dejarla sin nada.

Podría haber sigo genial. Pero algo falló. ¡No contaron con Randazzo!

 

(*) Director de Gonzalez Valladares Consultores.
 



Federico González (*)