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Pablo Moyano, el heredero del poder

La autora de "Los hijos del poder" perfila al sucesor de Hugo Moyano en el sindicato de Camioneros.

Foto:Cedoc

Desde que Pablo Moyano heredó en la práctica la conducción del poderoso gremio de los camioneros, cuando su padre se hizo cargo de la CGT unificada, el 14 de julio de 2004, se ha convertido en la mano que ejecuta la protesta. Lo suyo es meter presión. Cruzar los camiones a la salida de una empresa, cortar la ruta, estacionarlos en la banquina a la espera de una respuesta empresarial que los satisfaga.

Y esto no es poco si se tiene en cuenta que más del 80% de las cargas y de las personas que transitan el país dependen de estos gremios. Este “monstruo”, como lo llama el mismo Pablo, puede hacer colapsar desde la distribución de bebidas y alimentos a los grandes supermercados, hasta convertir la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense en un basural, si es que decide parar los recolectores de residuos.

A Pablo, Hugo le reconoce habilidad para el manejo de esas situaciones, aunque a esta altura sabe que conviene no dejarlo demasiado solo, no es cuestión de que se “exceda”. Porque Pablo “va al choque”, dice, y hace lo que su padre elige no decir ni hacer. El propio ex presidente Néstor Kirchner se lo hizo ver: “Yo no te voy a decir a vos cómo tenés que manejar a tu hijo”, comentan que le dijo a Hugo después de los incidentes ocurridos el 17 de octubre de 2006 en la quinta de San Vicente, cuando fueron trasladados los restos del ex presidente Juan Domingo Perón.

Aquella vez, Emilio “Madonna” Quiroz, chofer de Pablo, fue registrado por la televisión cuando disparaba a la multitud, hecho por el que en mayo de 2011 fue condenado a treinta meses de prisión en suspenso (la fiscalía había pedido seis años) por tentativa de homicidio. Hay una anécdota que muestra cuáles son las reglas del juego que tan bien juegan padre e hijo.

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Adriana Balaguer (*)


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