POLITICA LA MIRADA DE LOS GERONTOLOGOS

Para los expertos, el desempeño intelectual no tiene límite de edad

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Para los expertos en gerontología y geriatría, una persona mayor de 90 años como el juez Carlos Fayt puede seguir en actividad. “De ninguna manera la edad avanzada es un impedimento para trabajar en el ámbito judicial o ejercer un cargo polílico. Podría serlo si se tratara de un cargo que implicara mucho desgaste físico, pero no es éste el caso. En éste, así como también en otros cargos, el acúmulo de experiencia compensa ampliamente alguna disminución que pudiera haber en el rendimiento”, sostuvo Graciela Zarebski, directora de la Licenciatura en Gerontología de la Universidad Maimónides.
Si bien es cierto que a partir de la octava década de vida aumenta la posibilidad de deterioro cognitivo, esto no sucede en todos los individuos por igual. “Si uno observa estudios poblacionales, en mayores de 80 años, la mitad tiene algún trastorno cognitivo (problema de memoria, lenguaje o atención) que supera lo normal para la edad.  Pero la otra mitad no. Esto es muy variable. Está demostrado que las personas mayores que se mantienen activas, en trabajos que requieren esfuerzo mental y concentración, tienen más chances de resistir los embates de la edad, lo que se llama reserva cognitiva”, explicó Ignacio Demey, jefe de Neurología Cognitiva de Ineba.

Para Ricardo Iacub, profesor de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA, una persona mayor de 90 años puede mantenerse activa. “Es claro que se debe medir el esfuerzo y buscar la mejor performance, por ejemplo bajando la cantidad de horas trabajadas. Pero la edad no tiene por qué afectar la calidad de la producción”.
De la misma forma opinó José Ricardo Jauregui, presidente de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría: “Si una persona no tiene ningún tipo de deterioro cognitivo o neurológico, no hay por qué dudar de su capacidad mental. Tener más de 90 años no es un impedimiento para calificar o emitir juicio, sólo un elemento a considerción”.
Para los expertos, hay una imagen social extendida de considerar la vejez como sinónimo de senilidad y decrepitud. “Hoy parece haber en nuestra sociedad un prejuicio contra los adultos mayores que es casi insolente. Se habla de productos antiage como si envejecer fuera una enfermedad en sí misma, como si fuera algo negativo, no como un grupo etario más que puede ser pleno y feliz. Se olvidan de que la sociedad argentina está envejeciendo”, manifestó Iacub.
“Hay ámbitos donde se discrimina o no se tiene en cuenta a los adultos mayores, es muy claro el caso de los profesores universitarios que podrían estar en su mayor plenitud de productividad intelectual y, sin embargo, se los jubila. Más penoso es aún el caso cuando se aprovecha la condición de la edad para pretender eliminar a una persona valiosa de un cargo por intereses mezquinos”, concluyó Zarebski.



Florencia Ballarino