POLITICA TEMOR ENTRE LOS TRABAJADORES

Prometen que Tandanor no despedirá empleados al terminar con el ‘Irízar’

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Foto:Juan Obregon / Presidencia

“El Irizar está casi terminado”. Trabajadores y autoridades del astillero Tandanor coinciden en que las reparaciones del rompehielos, incendiado en 2007, deberían concluir este año. Para Jorge Arosa, el nuevo presidente de la empresa, concluir las obras permitirá ocupar los talleres con nuevos proyectos, que van de la reparación de barcos pequeños a la fabricación de buques polares. Sin embargo, para Mauricio Melia, secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores de Talleres y Astilleros Navales (Sittan), implica que muchos obreros se quedaran sin labores, y en el marco de las auditorías requeridas por el ministro de Defensa, Julio César Martínez, que en Fabricaciones Militares resultaron en 150 despidos, finalizar la reparación del Irizar es una preocupación para los trabajadores destinados a la tarea. “La actividad está muy parada”, dice el gremialista.
El Irizar emplea a buena parte de los 600 trabajadores de planta de Tandanor y cerca de 400 subcontratistas que cumplen tareas en el astillero. “El trabajo que se hizo es descomunal”, explica el presidente de la compañía estatal. “Si el Irizar fuera un auto, cualquier aseguradora lo hubiera declarado en estado de destrucción total. Se lo reconstruyó íntegramente, pero además se le aumentó la potencia, la autonomía y la cantidad de navegantes que puede llevar. No es poca cosa. Estamos hablando de uno de los cinco mejores rompehielos del planeta”. Los críticos del proyecto señalaron que con el costo de las reparaciones, cifrado en $ 800 millones, se hubieran podido comprar dos nuevos. Pero según Tandanor serían buques de menor tamaño, como los que tienen Chile o Brasil. “Si Argentina quiere volver a ser la llave de entrada a la Antártida, y yo creo que debe serlo, necesitás un barco que pueda abastecerla durante todo el año, y eso es algo que sólo puede hacer el Irizar. Ahora, para zarpar en diciembre y volver en abril, pasando sólo por la bases argentinas, que es lo que se venía haciendo, puede que no haga falta tanto. Es un gran barco que está siendo subutilizado”, dice Arosa.
Además del rompehielos, en Tandanor se encuentran en reparación los submarinos San Luis y Santa Cruz, y un puñado de pesqueros pequeños que, en general, requieren trabajos superficiales. Sin embargo, Arosa promete que pronto habrá más trabajo: “Firmamos acuerdos con los Ministerios de Transporte y Defensa.
El objetivo es reparar las embarcaciones que surcan la hidrovía Paraná-Paraguay. También hay contratos con Petrobras, que muestran la importancia que tiene este astillero: en Brasil hay 14, y por las leyes que tienen de protección a la industria nacional, traerlos a la Argentina les sale mucho más caro. Y aún así vienen porque la calidad del trabajo que se hace acá no tiene comparación”. A mediano plazo, Arosa aspira no sólo a traer buques chilenos sino también a fabricar barcos, en vez de sólo repararlos. “El astillero tiene la capacidad instalada y la mano de obra para hacer buques polares”, asegura. Y se muestra tranquilo respecto a los rumores: “No hay ñoquis en Tandanor”.

 

De Coca Cola a los astilleros

Retuiteador serial de Nik y de Patricia Bullrich, Jorge Arosa se presenta en la red social del pajarito como “un simple luchador en pos del sentido común” y se muestra, sonriente sobre el lomo de un elefante tailandés. En su despacho, con un barquito de madera por todo ornamento y  ventanas redondas que le dan un aire naval, se declara apolítico, aunque no oculta sus simpatías por el PRO. Su formación también reúne muchos de los rasgos que hacen al perfil del dirigente de Cambiemos o del gabinete de los CEOs, como se bautizó al equipo del Presidente: posgrado en la UCA, ex gerente de Coca-Cola y consultor privado. Arosa también tiene vínculos con la actividad naval. Fue combatiente de Malvinas y es hijo y nieto de marinos. Su padre, Ramón Arosa, estuvo durante el gobierno de Alfonsín al frente de la Armada, fuerza en la también él hizo carrera: en 2009 fue designado al frente de la división de destructores, cargo al que Arosa adjudica relevancia a la hora de explicar su nombramiento. “Administraba los recursos de mantenimiento, logística y reparación, y estaba a cargo de unas mil personas. Es un trabajo que tiene mucho que ver con lo que hace el astillero”, sostiene. Esa formación, dice, se complementa con su experiencia en Coca-Cola Brasil: “De lo que se trata, en definitiva, es de plantear objetivos y alcanzarlos con recursos que siempre son escasos”.



Sergio Amor