POLITICA SEGURIDAD EN LOS AEROPUERTOS


Quién descubrió en realidad la efedrina

Los barriles encontrados en Ezeiza causaron una controversia entre Bullrich y Gómez Centurión. Pero los verdaderos responsables del hallazgo habían llegado del extranjero.

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A la vista. Los datos del cargamento de pseudoefedrina estaban registrados en la pantalla del Sistema María (izq.) de la Aduana.
A la vista. Los datos del cargamento de pseudoefedrina estaban registrados en la pantalla del Sistema María (izq.) de la Aduana.
Foto:Cedoc Perfil
Ni Juan José Gómez Centurión. Ni émulos locales de Maxwell Smart. Ni siquiera informantes ocultos de las fuerzas de seguridad. Los 250 kilos de pseudoefedrina de Ezeiza fueron descubiertos por las auditorías que llevan adelante en Ezeiza dos agencias internacionales.

Se trata de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA por sus siglas en inglés), que agrupa a las líneas aéreas, y la otra es la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), creada por las Naciones Unidas.

Ambas están actualmente realizando una revisión de las medidas de seguridad de los aeropuertos argentinos y en su trabajo se toparon con mercadería irregular que hace años está retenida en el área de cargamentos “en tránsito”, entre ellos, diez tambores de pseudoefedrina. Hasta ahora, el verdadero origen del descubrimiento se había mantenido en reserva. La verdad del hallazgo, resulta al final menos glamorosa que el tono revelatorio que buscó darle Gómez Centurión en sus esfuerzos por regresar al Gobierno.

Los informes de las agencias internacionales fueron presentados a la Policía de Seguridad Aeroportuaria, a cargo de Alejandro Itzcovich. Más allá de su nombre, la PSA carece de facultades para controlar el área de importación: sólo puede hacerlo si lo autoriza un juez; incongruencias de las divisiones territoriales de las fuerzas de seguridad argentinas. Por lo tanto, Itzcovich informó a las autoridades de la Aduana que tenían jurisdicción en el área de la terminal donde estaban los barriles. Así el informe llegó a las manos de Gustavo Curátolo, responsable de la Aduana de Ezeiza, a quien Gómez Centurión había reclutado en Rosario para sumarlo a su equipo.

A Curátolo todavía le cuesta quitarse de encima el desconsuelo, no termina de entender por qué el mismo Gómez Centurión que le ofreció el cargo terminó por cubrirlo de sospechas cuando salió a decir públicamente que ignoraba la existencia del cargamento. La Aduana había sido informada de la existencia de los barriles en mayo. Incluso figuraba en el Sistema María, el registro informático de importaciones y exportaciones (ver imagen). Bastaba con apretar un botón y confirmarlo en la pantalla.

Fuego amigo. Como Matías Nessi, a quien trajo del gobierno porteño, Curátolo era un funcionario del círculo de confianza de Gómez Centurión. Pero incluso los aliados terminan en la hoguera cuando se trata de preservar el propio pellejo.

El error de los sucesores de Gómez Centurión fue que a nadie se le ocurrió denunciar el cargamento en la Justicia. Se actuó como si se tratara de una mercadería cualquiera y se activó el proceso burocrático que termina con su destrucción. En la Argentina, el 8% de los cargamentos que llegan a la Aduana se congelan en el área en tránsito. 

En el medio, Gómez Centurión lo denunció ante la Justicia y estalló el escándalo público. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el desplazado jefe de la Aduana se disputaron el descubrimiento por los medios y el alboroto desnudó los problemas de conducción. Cuando desde la Casa Rosada llegó el llamado para bajar el tono a la controversia, ya era tarde. Se había logrado transformar un hallazgo en una noticia negativa.