POLITICA

Sarlo y González coinciden en que la Ley de Medios "tuvo nombre y apellido"

Entrevistados por Jorge Fontevecchia, los intelectuales más polémicos del país se refirieron a una de las grandes batallas del kirchnerismo. Magnetto y Clarín.

El encuentro entre Beatriz Sarlo y Horacio González, dos de los intelectuales más provocativos del ámbito nacional no dejó tema fuera del debate. Entrevistados por el CEO de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, ambos coincidieron en que la bandera que el kirchnerismo levantó en torno a la Ley de Medios tuvo un sentido cultural, aunque también resultó un instrumento para apuntar con nombre y apellido: Clarín y Magnetto.

 

A continuación, un extracto del debate publicado en la edición del domingo de diario PERFIL

 

—Horacio, Carta Abierta tuvo un enorme compromiso con la Ley de Medios. Hoy, que está entrando en plena vigencia, ¿se siente satisfecho o la imaginaba diferente?
González: Fue, es, una gran discusión y lo seguirá siendo. La primera formulación de la ley incluía lo que se llamaba el triple play, o sea, empresas telefónicas y de internet, el precio de aprobarla fue revertir al desarticulado, creo que ese problema va a volver, indudablemente, porque hay una lógica de la globalización.

—¿Qué expectativa tenía hace tres años?
G: Tenía la expectativa de que no iba a salir ni siquiera así. Y así salió de una forma parcial, pero tiene el veredicto de la Corte, aprobación del parlamento. Me parece que es una gran ley que va tener que ser perfeccionada y sobre la cual va a haber que seguir discutiendo. Yo estoy de acuerdo en que haya una pauta distribuida en todos los periódicos, y al mismo tiempo estoy de acuerdo en una prensa vinculada al gobierno que lleve su nivel.

—Beatriz, ¿cuál es su balance de la Ley de Medios actual?
Sarlo: No es muy diferente al que tenía en el momento en que leí la ley cuidadosamente. En ese momento escribía en La Nación, pero elegí hacerlo en Clarín para no crear ninguna ambigüedad sobre el asunto. Una ley que tiene nombre y apellido no debe ser redactada. La ley tenía una etiqueta que decía “Clarín-Magnetto”. Y de hecho así fue identificada por las grandes mayorías, populares y no populares. Lo otro es que todos los organismos de gobierno que estaban señalados en esa ley tenían mayorías o cuasi mayorías del Poder Ejecutivo. Eso no sucede en ningún país donde los medios de comunicación públicos tengan una garantía para las oposiciones. Todos los órganos de control, los que venían debajo de los órganos de control, los que eran profesionales, todos tenían mayorías o cuasi mayorías que eran designadas por miembros que tenían por su función estar en esos órganos de control, que estaban en el Ejecutivo. Eso es un enorme defecto de la ley, yo no diría un defecto provocado por quienes lo hicieron, no lo sé, pero creo que sí, que es una ley que tiende a controlar todos los organismos que tienen que decidir sobre medios. Y luego estaba la nueva buena voluntad, de la cual en la ley no se ha puesto nada en marcha, que era la nube de las radios que van a tener las cooperativas, las radios que van a tener las minorías de los pueblos originarios… Todo el mundo iba a tener su radio a domicilio, y su canal de televisión. Eso no se puso nada en marcha. Ni siquiera se hizo una gran cadena nacional de cooperativas. Esto lo que marca es la ineficacia muchas veces de la burocracia. O sea que esa ley que fue por el país discutiéndose con la promesa de que iba a ser el jardín de las delicias comunicativas, ni siquiera llegó a la realización de ese jardín de las delicias.

G: ¿Cómo no? Los medios comunitarios sí crecieron mucho.

S: Mirá, hay investigaciones hechas, Horacio, no hay medios comunitarios nuevos. Me tenés que pasar la lista.

G: No conozco las investigaciones, pero...

S: Me tenés que pasar la lista.

G: Pero conozco personas.

S: Primero se abrió una licitación con cooperativas, el pliego era de un costo tal que no se presentaban las cooperativas.

—¿Finalmente, fue inocua?
S: Fue inocua.

—¿Por qué?
G: Es cierto que tenía nombre y apellido, pero Clarín era un monopolio. Pero si dice para defenderse que solo con proporciones monopolísticas puede sustentarse un medio, eso es un debate. Esa fue la defensa de los abogados de Clarín en la Corte Suprema.

S: Por supuesto que es la defensa de los abogados. Yo estoy analizando la ley. Puedo agarrar un canal público y mirar que no es un canal público, es un canal híperoficialista. Eso la ley ni lo toca ni lo deja de tocar. No tengo nada en contra del Canal 7, excepto que es confesadamente oficialista. Estoy de acuerdo con el adjetivo que usó Jorge: es inocuo eso. No sé si los gobiernos tienen que tener canales propios que los defiendan, no lo conozco así en otros países, pero puede ser que eso sea la excepcionalidad argentina.

G: Bajo diferentes modalidades, es así en todos los países.

S: ¿Vos por qué te creés que Obama está sacando chispas contra la Fox?

G: La idea de cuál es el comando del mundo, es una idea medio alocada. Hay un comando comunicacional de la globalización entendida como una retórica unificada, enhebrada con los mismos énfasis, con una velocidad de circulación mundial que nunca hubo en esos términos. En ese sentido, me parece que una legislación que inhiba los aspectos más alusivos de esa globalización es correcta en cualquier país. Y en Estados Unidos existe eso.

S: Por supuesto. Yo estoy a favor. Además de eso, la ley atrasaba diez años, y decir diez años es decir poco. Lo que yo me pregunto es: ¿cuál fue el apuro, excepto Clarín, de sacar esa ley? Con un modelo comunicacional que atrasa, con una serie de articulados que no se cumplieron, y, para terminar, misteriosamente, Sabbatella tomando una partición del Grupo Clarín, que uno piensa que es relativamente inocua para el mismo Grupo, o sea que ¿para qué todo esto? Son esas batallas que uno dice: “Se dieron en un mal momento, con el ejército mal preparado, en un terreno que no había que ocupar y por un botín que no existía”. Una batalla mal planteada políticamente.

—Después de diez años, ¿no es una demostración de fracaso?
G: Es una demostración de que efectivamente gobernar un país es difícil y no cualquier gobierno que se plantea metas auspiciosas o pletóricas puede lograrlas. No hay nada más parecido al mundo de la soja que el mundo financiero. Puede ser un poco anticuada la ley en cuanto a que no reconoce que hay una velocidad de circulación de microelementos, llamémoslos chips o lo que sea, que tiene un poder, tanto como el valor de la soja, como el valor de la información.

—Beatriz, si fuera cierto que un grupo de empresas pudiesen torcer la política económica del Gobierno, ¿sería una demostración de fracaso del kirchnerismo o de que es un poder inmodificable?
S: Yo separaría. La Ley de Medios tenía un enemigo principal muy claramente establecido y, obviamente, para poder pasar, tenía que rodearse de una serie de cuestiones. Lo otro, lo de los enemigos constantes, que nos caracteriza Carta Abierta, que pueden ponerle un pie, hacer una fuerza a las tendencias de transformación, efectivamente, son casi invencibles, o sea que se necesita mucha voluntad política para encararlo. No es hacer que un diario, en vez de tener una propiedad unificada, se divida en cuatro partes, aún con el cambio de la manera de comunicación. Esos poderes fácticos son realmente duros, y se necesita una voluntad política y una cohesión de fuerzas sociales que apoyen esa voluntad política en la manera que sea, según cada estilo político. No digo que haya que tener a la gente todo el día por la calle, pero sí una fuerte mayoría política que se reafirme electoralmente con un parlamento muy fuerte que asegure que los partidos políticos incluidos en ese parlamento, o por lo menos la mayoría de ellos, obviamente que Macri no se va a poner de acuerdo con esto ni Cristina se pondría de acuerdo con lo otro, pero la mayoría de ese parlamento pudiera operar y tener un peso sobre la sociedad que hoy no tiene. O sea, se necesitaría mucho para cambiar el peso de esos poderes fácticos, incluso para cambiar su capacidad de fuego. No es una metáfora “capacidad de fuego”, porque va muy a la orden del día, aunque yo no creo que la Argentina haya estado al borde de un golpe. A lo sumo, los mercados vieron cómo podían sacar alguna ventaja. Y están poco habituados en la Argentina a obedecer al conductor político.

—Si después de diez años no se pudo modificar nada, o hay una inoperancia enorme en el kirchnerismo o son fuerzas que nadie va a poder doblegar.
S: Un economista nos podría traer la cronología de la relación de las empresas exportadoras que enumera la Carta 15 y los 11 años de gobierno del kirchnerismo, que no fue garantía. Nos podría traer las idas y venidas que también hubo en esa relación del Gobierno con esas empresas. Esos 11 años tuvieron idas y venidas en las relaciones de ese gobierno con los poderes fácticos. En algunos casos, creyó que podía dominarlos, que fue el caso del campo, y creyó que podía dominarlos peleándolos a todos al mismo tiempo, lo cual es uno de los errores más graves que se puede cometer en política.

G: Lo que acabás de hacer es casi una apología del kirchnerismo.

S: Una apología no, es una crítica.

G: Eso es subjetivo.

S: Es subjetivo, es mi opinión.

G: También coincido que fue cambiante la relación con esos poderes.

S: Con Clarín, para empezar.

G: Sí, claro. Porque eso caracterizó al kirchnerismo y eso interesó a mucha gente.

S: Pero para mí todo no se resuelve en el kirchnerismo. Todo ni empieza ni termina en el kirchnerismo.

 

 



Redacción de Perfil.com