POLITICA EL PRESENTE DE RIGHI

Sobreseído, dedicado a la academia y a la causa del dólar futuro

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default Foto:Cedoc
Desde que renunció a la Procuración General de la Nación decidió no hablar públicamente del tema. Y, aunque fue sobreseído en la causa que inició Boudou por tráfico de influencias, prefiere evitar incluso el off the record. Se refugió en la academia, que es un lugar donde se siente cómodo y desde el que había vuelto a la política cuando Alberto Fernández, que integraba su equipo en la cátedra de Derecho Penal de la UBA, lo llevó al Grupo Calafate hace más de quince años.

Parte de sus días los dedica a la edición de una colección de la editorial Hammurabi, donde aborda temas del derecho penal que “se pusieron de moda”, dice con cierta picardía. Con esa premisa, editó materiales sobre lavado de dinero, administración fraudulenta y estafa.

Pero la política lo tironea todo el tiempo y aceptó tomar un caso que está atravesado de punta a punta por la disputa de los últimos años y el relato sobre la lucha contra la corrupción: la causa conocida como “dólar futuro”. Se sumó al equipo de la defensa del ex presidente del Banco Central Alejandro Vanoli –que lleva adelante el estudio de abogados que fundó en los años ochenta– en la instancia del juicio oral, que se llevaría adelante el próximo año. Vanoli está procesado por el delito de administración infiel en perjuicio de la administración pública. Junto a él están la ex presidenta Cristina Fernández (de la que tampoco quiere hablar) y el ex ministro Axel Kicillof, entre otros.

La vuelta de Righi a esa forma de la política que se disputa en los tribunales de Comodoro Py no debería extrañar. Fue el ministro del Interior durante los 49 días que duró el mandato de Héctor J. Cámpora y quedó en la historia por un discurso pronunciado ante los comisarios de la Policía Federal. Les advirtió que ya no se podía “reprimir los justos reclamos del pueblo” y que había que “comportarse con humanidad, inclusive frente al culpable”. Ese discurso, que le costó diez años de exilio en México –suele comentar entre risas– lo dejó para siempre dentro del peronismo.

P.W.


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