POLITICA GUILLERMO KARCHER, SACERDOTE

Un oficial de protocolo inició el camino hacia un papelón vaticano

Vive en Roma desde 1993. Sus exabruptos provocaron una tormenta diplomática. No forma parte del círculo del Papa.

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Foto:FACEBOOK

La carta que el papa Francisco envió a la presidenta Cristina Fernández por la celebración del 25 de Mayo se transformó en un miniserie en capítulos con desmentidas, rectificaciones y acusaciones cruzadas que casi desata un conflicto diplomático entre la Santa Sede y la Argentina. La misiva, protocolar, en la que el Papa hacía votos a favor de la convivencia pacífica y la concordia entre los argentinos llegó a la Casa Rosada y la Presidencia decidió publicarla en su sitio web. Pero la duda sobre la autenticidad de la carta de un periodista especializado, motivó una consulta al Vaticano para corroborarla.

El interlocutor elegido fue un sacerdote argentino, Guillermo Karcher, quien comenzó a ser conocido recién aquel 13 de marzo de 2013 cuando sostenía el micrófono del flamante Papa Jorge Bergoglio, pese a estar hace más de veinte años en el Vaticano y asistir tanto a Juan Pablo II como a Benedicto XVI.

Karcher consultó a Francisco si había escrito una carta y la respuesta de éste fue un no. La conversación se limitó a eso y el oficial de protocolo, salió a los medios a decir que la carta era “falsa”, el “collage de un artista” y hecha con “muy mala leche”.

La idea de un papelón diplomático de la Casa Rosada se instaló en los medios y fue difícil de desactivar, pese a que Gobierno aseguró que la misiva “salió de la Nunciatura” y llegó por los “canales habituales”. La diferencia horaria entre Roma y Buenos Aires jugó en contra y las tapas de los diarios quedaron desactualizadas, cuando sorpresivamente el mismo Karcher se rectificó en declaraciones a radio Continental: “Absolutamente, es todo oficial, pero no es una carta, ahí está la cosa, sino un telegrama”. Una sutileza protocolar que pudo jugar una mala pasada, pero no explica la reacción verbal de Karcher. En Balcarce 50 respiraron aliviados y las ratificaciones de la autenticidad del mensaje llegaron a través del vocero de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, y del propio nuncio apostólico en Buenos Aires, Emil Paul Tscherrig.

¿Qué pasó en el medio? Sólo Dios lo sabe, aunque algunos lo intuyen. Los mensajes por fechas patrias se producen entre las sedes diplomáticas y la Secretaría de Estado, que intercambian comunicaciones internas hasta que son aprobadas. Pero esta vez se saltearon algún paso, aseguran fuentes eclesiásticas. La ausencia del Consejero de Nunciatura, monseñor Arnaldo Catalán, quien habitualmente realiza el trámite, hizo que el “telegrama”, una suerte de borrador del texto, que debía ir a la Secretaría de Estado en el Vaticano, para su aprobación, llegara sin escalas a la Casa Rosada.

El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, le puso nombre a tal vez una de las responsable del error involuntario: Marcela, la secretaria del nuncio.

En la Iglesia niegan que haya habido otra intencionalidad o un “enojo personal” de Bergoglio con la administración kirchnerista. Todo el peso del conflicto, que pudo ser mucho más grave, recayó en la reacción apresurada, sanguínea y poco meditada de Karcher. El sacerdote tiene 67 años y desde 1993 vive en Roma, donde actualmente integra el equipo de ceremonial y protocolo de la Santa Sede. Es por esto un colaborador inmediato de Francisco, pero en ambientes eclesiásticos aseguran que no es del riñón de Bergoglio. No obstante, hay cercanía y hasta alguna vez, como ocurrió en julio de 2013 en Río de Janeiro, se lo vio al Papa dictarle el texto de un tuit para que lo subiera de inmediato a la cuenta oficial @Pontifex.

Karcher es ceremoniero pontificio desde diciembre de 2006 y desde esa función sostuvo el micrófono del flamante Papa Bergoglio aquella noche del 13 de marzo de 2013, cuando se conoció la elección pontificia del cardenal argentino.

Empero, a Bergoglio lo conoce de antes. En 1992, Karcher tuvo a su cargo la organización litúrgica de la ceremonia de consagración episcopal del sacerdote jesuita, que había sido promovido a obispo auxiliar de Buenos Aires para colaborar con el entonces cardenal Antonio Quarracino.



Guillermo Villarreal