PROTAGONISTAS AURORA BERNARDEZ

A los 94 años, murió ayer la primera mujer de Cortázar

Estuvieron casados 14 años y fueron amigos hasta que él falleció, en 1984. Ella también tradujo al español a Nabokov, Faulkner y Camus.

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Foto:Cedoc

Al terminar de escribir Rayuela, en 1962, Julio Cortázar le escribió al director literario de Editorial Sudamericana: “El libro tiene un solo lector: Aurora”. Ayer, a los 94 años, la primera esposa del gran escritor argentino, Aurora Bernárdez, falleció luego de haber sido hospitalizada el miércoles pasado, tras desplomarse en la vía pública a causa de un accidente vascular. Bernárdez permaneció inconsciente, internada en el servicio de neurología del Hospital Sainte-Anne, en París, hasta su deceso, ayer por la mañana.

Aurora no sólo fue una persona clave en la vida y obra del escritor, sino que también supo ser una respetada traductora: tradujo al español obras de Lawrence Durrell, Gustave Flaubert, Italo Calvino, Vladimir Nabokov, Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir  y William Faulkner, entre otros.

Cortázar y Aurora se conocieron en el café Boston, a través de una amiga, Inés Malinow, quien se lo presentó en 1948, cuando todavía el escritor no era conocido. Hija de padres gallegos, nació el 23 de febrero de 1920. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó de licenciada en Literatura. Luego del viaje de Cortázar a París, Bernárdez se le unió a fines de diciembre de 1952 y allí comenzó a hacer varios trabajos de traducción. “Comíamos kilos de papas fritas, hacíamos los bifes casi clandestinamente porque en la pieza del hotel no había cocina ni nos dejaban cocinar, abríamos la ventana del cuarto para que no humeara tanto”, describió Aurora.

Al año siguiente, ambos viajaron a Italia, donde pasaron de vivir en Florencia a recorrer el norte del país y, después de un tiempo en Roma, regresaron a París. Y fue en esa ciudad donde contrajeron matrimonio por civil el 22 de agosto de 1953. A fines de los años 50, vivieron en un departamento de la rue Pierre Leroux, donde Cortázar empezó a escribir Rayuela.

En 1963, la pareja viajó a Cuba, una experiencia que marcó a Cortázar: comenzó un camino diferente a través del compromiso político. Aquella vez, Bernárdez no lo acompañó y volvió a París con cierto aire de descontento. Fue el comienzo de una crisis lenta que culminaría en la separación en 1967.

Sin embargo, aquella ruptura no implicó un alejamiento: su amistad duró hasta el final. En 1982, murió la esposa de Cortázar, Carol Dunlop, y casi de inmediato a él le diagnosticaron una leucemia. Fue entonces cuando Bernárdez volvió junto al escritor hasta su muerte, el 12 de febrero de 1984. Desde ese momento, Aurora quedó como la única heredera y albacea literaria de la obra publicada del escritor.

“¿Un recuerdo lindo con Cortázar?”, le preguntaron hace unos años. Con una sonrisa, contestó: ‘Lean los libros, recuerdos lindos hay en
los libros’”.



A.G.