PROTAGONISTAS TRAS LA MUERTE DE INES DE LAFUENTE

Amalita y Bárbara, las sucesoras del rico legado Fortabat

Hijas de la fallecida Inés de Lafuente y nietas de Amalia Lacroze de Fortabat, administrarán una fortuna de US$ 1.200 millones.

Foto:Cedoc Perfil

En la vida de Amalia Lacroze de Fortabat todo estuvo detallado y planeado hasta, incluso, el día después de su muerte. La llamada “dama del cemento” dejó por escrito, con minucioso detalle, cómo deseaba su último adiós: ordenó que pintaran la bóveda familiar, programó quiénes llevarían su féretro y dio precisiones, desde cómo quería que se respetaran las ondas naturales de su cabello hasta el vestuario turquesa que llevaría puesto. Aquella tarde calurosa de febrero de 2002, en el cementerio de Recoleta, se iba una de las mujeres más ricas y poderosas del país, y con ella quedaba una fortuna que por entonces los medios coincidían en valuar en 1.200 millones de dólares. Herencia que dejaría rigurosa y deliberadamente repartida en su única hija, Inés de Lafuente, y en sus tres nietos: Alejandro y Bárbara Bengolea, y Amalita Amoedo.

El 21 de abril de este año falleció Alejandro y, el pasado 11 de septiembre, murió Inés. Por eso, hoy Bárbara, Amalia, nietas de Amalita, son las herederas. La primera es hija del matrimonio que su madre tuvo con Julián Bengolea; la segunda, del que tuvo con Julio Amoedo. Ambas transitan un presente de dolor luego de la muerte de su madre. Si bien no es fácil ser quienes son, hay algo que las une: una preparación que tuvieron desde muy jóvenes y que se ve reflejada en esa planificación que hizo su abuela hasta el último de sus días. PERFIL consultó cuatro fuentes cercanas a la familia, y todas coincidieron en que tanto Bárbara como Amalita tienen la capacidad necesaria para administrar la herencia de forma adecuada. “Su abuela y su madre se los inculcaron; las recontra prepararon”, apuntan. “Es casi como sucede en la realeza; en la familia Fortabat hay preparación para ser parte de ella”, grafica otra fuente. Y la preparación ya está incluso en marcha con los bisnietos de Amalia Lacroze de Fortabat, en especial con Alejandro y Sofía Bengolea, hijos del fallecido Alejandro, quienes ya son herederos naturales de una parte de la fortuna.

Ellas. Quienes conocen a Bárbara aseguran que es dueña de una inteligencia que sobresale de lo común. Tiene 48 años y está casada con Esteban Ferrari, con quien tuvo tres hijos: Marcos, Tomás e Ignacio. Ella es la más familiera, y la que cultiva un perfil bajo. En su momento supo atender asuntos de marketing dentro del directorio de Loma Negra, la empresa que Fortabat terminó vendiendo en 2005. De la familia es, quizás, la menos vinculada al arte: amante de la naturaleza –cultiva sus propias huertas–, en los últimos años desarrolló un camino ligado a la espiritualidad, el estudio de la psicología y la grafología. Hace unos años tuvo una escuela de yoga, materia que estudió mucho, y de la cual ahora está alejada en su faceta comercial. Desde hace poco se dedica al coaching ontológico. “Atiende a personas, da cursos y te ayuda a resolver tus problemas, a que encuentres tu luz interior. Ella nació para esta tarea: cuando la conocés, te das cuenta de que siempre busca la amorosidad en el otro, es tremendamente afectiva y podés recurrir a ella cuando estás mal”, contó a este diario alguien que se relaciona fluidamente con ella.

Amalita tiene 36 años, está separada y tiene dos hijas: Isabella y Angelina. En su caso, a diferencia de Bárbara, tiene un perfil social un poco más alto por su cercanía al arte. Dueña de un gran parecido físico con su abuela, preside la Fundación Policía Federal. Amushka o Ama –como le dicen– pinta e interviene objetos como espejos y marcos. Ha realizado varias muestras aquí y en el exterior de arte pop, como alguna vez autodefinió su trabajo. También, se ha desarrollado como empresaria con Beleidades, una marca propia de lencería –que luego cerró– y lleva adelante Fueguia, un laboratorio de fragancias que se comercializan tanto en Argentina como en ciertos países del mundo, velas y difusores aromáticos de alta calidad. Al igual que Bárbara, ha desarrollado estudios espirituales; en su caso, la astrología, disciplina que estudió durante cuatro años como un modo de conocimiento personal. “No me gusta la astrología predictiva sino la integrativa, que es la que tiene que ver con ayudarse a conocer las luces y sombras de cada uno”, decía hace poco Amalita a PERFIL en una entrevista, en la que confesó un hobby no tan conocido en su momento: el fútbol.

Amalita es fanática de Racing, a tal punto que tiene su platea y va cada vez que puede cuando juega de local, incluso con sus sobrinos. Esta es una pasión que posee y atesora desde chiquita y que fue inculcada por su hermano, Alejandro, que la llevaba a la cancha. “Ser hincha te ayuda a tener tolerancia a la frustración en la vida”, resumió una vez con una dosis de humor



Agustin Gallardo