PROTAGONISTAS ENCUENTRO CON PERIODISTAS

"Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres", anunció el Papa

Ante seis mil corresponsales, el Pontífice reveló detalles del cónclave. También explicó por qué homenajeó a Francisco de Asís. No respondió preguntas, y recibió un mate de regalo.

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“Trabajaron, ¿eh?”. Fue con un guiño hacia los seis mil periodistas que abarrotaron el Vaticano y con el tono suave del italiano hablado con tonada argentina que el flamante Francisco abrió ayer su primera audiencia. Una entrada en escena muy teatral, para el estreno de un papa mediático. “Cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”, anunció más tarde el nuevo papa.

A cinco minutos de las 11 de la mañana, bajo la luz cálida de la sala Nervi, Jorge Bergoglio se presentó, con la vestimenta blanca papal pero sin los adornos, en el enorme salón que Pablo VI ordenó a Luigi Nervi construir como un auditorio ubicado junto a la Iglesia de San Pedro.

“Eligió una imagen austera de papa sencillo, no de soberano absoluto de la Iglesia”, susurra al teléfono una reportera neoyorquina antes de ponerse de pie, junto con otros seis mil reporteros, en un largo aplauso.

“Los quiero mucho y les agradezco lo que hicieron durante estos días –saludó Francisco–. Y pienso en el trabajo de ustedes: les deseo que puedan trabajar con serenidad y conocer siempre más el mensaje de Jesús y la realidad de la Iglesia. Los bendigo de corazón”.

Hay un clima muy poco formal en la sala, aunque sea la primera audiencia del nuevo papa. La idea de reservar la primera salida pública a un saludo a los miles de corresponsales llegados de todo el mundo a la Plaza de San Pedro no fue una novedad de este papado. “Ya lo habían hecho Benedicto XVI y Juan Pablo II”, recordó el portavoz vaticano, padre Lombardi.

La noticia es que esta vez la puerta de la sala Nervi fue abierta a cualquiera que tuviera el carnet de periodista, sin necesidad de la acreditación vaticana. Una señal de apertura, de disponibilidad. Y hasta pudieron entrar las novias, madres y suegras de algunos enviados italianos.

En el breve encuentro, sin preguntas posibles –“porque no es una rueda de prensa sino un saludo del Papa”, dijo el padre Lombardi–, hubo espacio para un chiste papal.

“Muchos me dijeron: tenías que llamarte Adriano, para ser un reformador de verdad –bromeó Francisco–, o Clemente, para vengarte de Clemente XIV, que cerró la Compañía de Jesús”.

Clemente XIV fue el papa que en 1773 vetó la orden de los jesuitas, fundada por Ignacio de Loyola en el siglo XVI. Y el Adriano “reformador”, de los seis que tuvo la Iglesia, fue Adriano VI, que venía de la ciudad holandesa de Utrecht, el último papa extranjero antes del papa polaco Juan Pablo II. Tutor del emperador Carlo V e inquisidor general de España, fue el papa que pidió la condena de Lutero por herejía.

“Elegí el nombre de Francisco porque él fue un hombre de paz”, agregó Bergoglio. Y contó un detrás de escena de su elección: “Tenía a mi lado el arzobispo de San Pablo, Claudio Hummes, un gran amigo”. Hummes, franciscano y prefecto de la Congregación para el Clero, es considerado en ambientes vaticanos elegible para un rol importante en el pontificado de Bergoglio. Sigue contando el Papa: “Cuando la cosa se volvió un poco peligrosa, él me confortaba, y cuando los votos llegaron a los dos tercios del total, al momento del aplauso, él me abrazó, me besó y me dijo: ‘No te olvides de los pobres’. Esa palabra entro acá en la cabeza: ‘los pobres’, ‘los pobres’. Enseguida pensé en Francisco de Asís”.

El religioso se detuvo en el fundador de la orden de los franciscanos. “Me llegó a mi corazón San Francisco de Asís. Para mí es el hombre de la pobreza, de la paz, el hombre que ama y cuida la creación, en este momento en que nosotros no tenemos una relación muy buena”, explicó el Papa.

Y, además, hizo un paralelo entre la labor de los sacerdotes y la del periodismo. “La Iglesia existe para comunicar la verdad, la bondad y la belleza en persona como lo hace la prensa”, sostuvo Bergoglio. Y, ante la mirada de los periodistas de todo el mundo, prosiguió: “La Iglesia no tiene una naturaleza política sino espiritual. Camina hacia el encuentro con Jesucristo y sólo en esta perspectiva se puede saber lo que hace la Iglesia Católica”.

En otro apartado, agradeció a la prensa la cobertura del cónclave y del inicio de su papado. Tras su alocución, varios comunicadores aplaudieron sus palabras. Acto seguido, el Papa impartió la bendición a todos los presentes: “Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica y otros no son creyentes, pero respetando la conciencia de cada uno les doy mi bendición, sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. ¡Que Dios los bendiga!”. Cordialmente, saludó a algunos cronistas y luego se retiró de la sala de prensa. Virginia Bonard, colaboradora en el área de prensa del arzobispado de Buenos Aires, le regaló un mate al papa Francisco, para que tome durante su estancia en el Vaticano.

Como parte de su agenda oficial, Francisco oficiará hoy una misa en la Iglesia de Santa Anna y al mediodía impartirá su primer Angelus dominical desde el balcón del palacio pontificio que asoma a la plaza San Pedro.

El lunes recibirá, entre otros, a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner y el martes tendrá lugar la ceremonia de entronización, en la que formalmente asumirá el liderazgo de la Iglesia Católica.

 

Una histórica cita con Benedicto XVI

En una reunión inédita, sin precedentes en la historia, el papa Francisco visitará el sábado 23 de marzo a Benedicto XVI en la residencia de verano de Castelgandolfo, donde vive el religioso alemán. Así, por primera vez dos papas compartirán un almuerzo. Según informó el Vaticano, el argentino, actual jefe de la Iglesia Católica, irá en helicóptero a las 12 a la propiedad que alberga a Joseph Ratzinger, sumo pontífice emérito, que renunció el 28 de febrero.

El papa Francisco ya le rindió homenaje en varias ocasiones a su predecesor, a quien llamó por teléfono la noche misma de su elección, el miércoles. Además, el viernes, durante una reunión con los cardenales, recordó la “bondad y dulzura” de Benedicto XVI y dijo que su dimisión fue un “gesto de coraje y humildad”.

Desde que abandonó el Vaticano, vive en Castelgandolfo, unos 25 kilómetros al sur de la capital italiana. A fines de abril regresará al Vaticano, donde se instalará en un ex convento de monjas de clausura.



Ángela Nocioni desde El Vaticano